Corazón de acero (relato)

5

El gris del cielo se veía aún más oscuro por el polvo de las bombas. Las Naves de ambos planetas se lanzaban rayos láser en el cielo. Varios edificios se desplomaron bajo la potencia de los explosivos. La chica se llevó las manos al rostro y calló un sollozo. ¿Dónde estaba su padre?
Tesla la miró de soslayo y, de la nada, una nave pequeña apareció junto a ellos. La mujer saltó hacia ella y Wen pudo ver a Kai apretando los labios en un vano intento de disimular que quería llorar.
No importaba qué tan buen soldado fueras, lo que estaba pasando ahí fuera parecía imposible de sobrevivir. La humanidad había llegado a un punto donde la guerra era más letal que nunca. Ella miró la escena y, cuando no pudo más, le fallaron las rodillas y chocaron con el suelo. El Comandante se agachó a su lado y la sostuvo del brazo.
—Ey, pequeña cyborg, tranquila...
—Mi hogar... —murmuró, sobrepasada—. Está destruido...
Él tragó saliva.
—Wen, ya has visto como está todo allá afuera, ahora vamos al laboratorio para...
—¡No! —Se zafó de él y ambos se pusieron de pie—. ¡No lo entiendes!¡Mi padre está ahí fuera, debo salvarlo, debo...!
—Tu creador —interrumpió él con voz severa— es el alcalde, un gran científico. No estará en peligro, sabe defenderse de estas cosas, él...
—¡Es lo único que tengo!
—¡Wen, ya basta! —tronó Kai con ferocidad—. ¡Acabo de enviar a mi madre a una muerte segura, no estoy de humor para una jodida pataleta!
—¡Kai, tú no...!
—¡No, te callas! —La señaló—Ya sabes que allá afuera está armándose un follón de los gordos, ya tienes tu curiosidad saciada, como acordamos. Ahora, al laboratorio. No voy a fallar en mi misión a mi madre. No cuando podía ser la última, ¿me oyes?
Ante eso ella apretó los labios y bajó la mirada con pesar. Tesla en aquel rato le había caído muy bien. Tragó saliva. Kai tenía razón, su padre era un hombre experimentado, un científico, un gobernante. Ella misma lo había pensado, ¿no? No le harían daño tan fácilmente. O al menos eso esperaba.
Se puso las manos en el rostro, pero el hombre frente a ella se las apartó. La miró a los ojos y susurró:
—No dejes que esta situación pueda contigo.
—Es más fuerte que yo...
—Lo sé, es normal para alguien que no se ha visto envuelto en conflictos bélicos, pero no puedes dejar que lo que está pasando te sobrepase, Wen. Debes ser fuerte.
—Pero...
—Tienes un corazón de acero. —Kai intensificó la mirada—. Encárgate de que tu valentía esté forjada del mismo material.
Sus ojos se empañaron y, cuando el hombre la tomó del codo para conducirla a lo largo de los pasillos de la nave, se dejó hacer. Para abrir cada puerta, una pantalla escaneaba el iris de Kai. Cuando llegaron al laboratorio tuvo que poner la mano en una pantalla, una máquina lo pinchó sacándole una pequeña gota de sangre que le dio el acceso.
—¿Acabas...? —Bufó con incredulidad—. ¿Acabas de desbloquear la puerta con tu ADN?
—Solo mi madre y yo... —Bajó el tono—. Solo nosotros tenemos acceso al laboratorio de esta nave.
El laboratorio era... ¡Dioses! Wen jamás había visto tanta tecnología junta. Mucho menos tan avanzada. Su padre no la dejaba entrar al suyo desde que la sacó de la incubadora. Al menos no el suficiente tiempo para curiosear. Kai señaló la camilla con el mentón y ella se acostó sintiendo el pulso en las sienes.
—¿Dolerá?
—¿Qué? ¡No! —Él se puso una bata blanca y unos guantes—. No voy a torturarte, guapa. Son solo un par de pruebas de escáner y una de... El caso es que no dolerá, Wen. Relájate, puedo oírte temblando desde aquí. Dios Santo.
Ella tomó aire con fuerza con las manos sobre su estómago. Su ojo robótico, atraído por toda la cíber-información, se movió por el lugar. Ella trató de evitarlo concentrándose. Cuando se ponía nerviosa, sus partes tomaban partido. Por raro que eso sonara. Jamás se lo había dicho a su padre por... por un miedo irracional de que la viera...
No quería lucir defectuosa a los ojos de su padre.
Kai se colocó unas gafas parecidas a las que ella guardaba en la bolsita al costado de sus caderas. Miró algo en las pantallas que solo él veía en el aire y lo vio leer a toda velocidad. Presionó algo y la camilla se movió, haciendo a Wen soltar un chillido de sorpresa. Una especie de lázer la examinó y su silueta apareció en la pared, en una pantalla gigantesca. Su corazón sobresalía. Kai se acercó y presionó la forma del corazón y esta se apartó del dibujo. Se puso junto al de su cuerpo, pero muchísimo más grande. El Comandante tocó unas cosas que no alcanzó a leer y varios párrafos aparecieron junto a su órgano vital digitalizado.
El hombre leyó a toda velocidad y Wen lo vio fruncir más el ceño a cada palabra. Sus puños se tensaron y ella se atrevió a musitar:
—¿Todo bien? ¿Has... descubierto algo?
—No... —Se quitó las gafas con gesto derrotado—. No tiene sentido.
—¿El qué?
—No usó nada especial para crearte ese corazón, a parte del material genético no hay nada fuera de lo común. No... No comprendo... No sé cómo puedes...
—¿Sentir?
—Eso, sí.
—Tal vez... —Ella lo miró a los ojos—Tal vez los sentimientos no vienen del corazón, tal vez... No son provenientes de algo físico siquiera. ¿Lo has pensado?
—Pero, la ciencia...
—Ni en este momento, cuando estamos más familiarizados con la tecnología que nunca antes en la historia, somos capaces de explicarlo todo. Ni siquiera hechos físicos. ¿Cómo vamos a hacer lo mismo con los sentimientos? ¿A caso hay algo más abstracto?
Ante aquellas palabras, él la miró de una forma que no entendió. De una forma que la hizo sentir rara de nuevo. Él apretó los labios y salió caminando al otro lado de la habitación. Se quitó la bata junto con los guantes, los lanzó a un bote de basura con violencia y se pasó las manos por el pelo con frustración.
—No sé qué más hacer... —murmuró—. Estoy tan cansado de intentar, ¿no puedo lograrlo por una vez? ¿Dejar por una maldita vez de quedar como un inútil que no es capaz de defender a los suyos? —Hizo un silencio y, de la nada, soltó un gruñido y el vaso de precipitado a su lado salió volando al suelo cuando lo tiró—. ¡Mierda!
Ella, temerosa, se acercó a él con cautela. Tomó aire y se odió por tener la paciencia de preguntar:
—¿Estás bien? —Tuvo la impresión de que esa pregunta nadie se la había hecho a aquel hombre de manera sincera en mucho, muchísimo tiempo. Él levantó sus raros ojos y los clavó en los suyos con una intensidad que la aturdió por varios segundos. ¿Por qué la miraba así?
—Yo... —Negó con la cabeza—La verdad es que, a estas alturas…, no lo sé. Es complicado, pequeña cyborg. Pero déjalo, mis sentimientos no son la prioridad ahora mismo.
—¿Y lo han sido alguna vez? —La mirada del hombre se afiló con una vorágine de sentimientos contenidos—. El torbellino en tus ojos me dice que no.
—Wen, solo déjalo ya.
—Pero, ¿crees que es justo, Kai? ¿Que pases por alto lo que sientes?
—No tienes idea de lo que siento —gruñó.
Cuando volvieron a mirarse a los ojos, aquel laboratorio se le hizo un espacio pequeño hasta rozar lo claustrofóbico. No entendía qué sentía en aquel instante, hubiera querido saberlo, pero solo podía preguntarse qué pensaba él. Por qué la miraba como si no supiera qué hacer con ella. Tal vez era el caso. Prefería no saberlo. ¿Y si le había mentido?
Parecía sincero con todo lo referente al corazón, ¿no?
—Kai, yo... ¿Qué...? ¿Qué pasa con el corazón? —cuestionó finalmente—. ¿No encontraste nada? ¿No habías mencionado que había más pruebas?
Él suspiró con fuerza.
—Solo... déjame pensar un segundo, ¿vale? Espera.
Wen tragó saliva y se apartó de él. Un tsunami rugía en sus ojos. Lo veía. No entendía qué ocurría. Entendía que lo del corazón fuera importante para él, una forma de recuperar, al menos, algo del pueblo que pereció en la Invasión. Pero... ¿por qué lucía como si... como si fuera más personal?
—Oye, si...
—¡Wen, te he pedido que te calles! —Ante el grito, ella dio un paso atrás—. ¡Deja de intentar hacer que me calme, ya basta!
—¡Pues bien que lo necesitas! —gruñó ella, irritada.
—Tú no sabes lo que necesito —respondió él caminando al otro extremo de la habitación.
—Pues si no necesitas nada real de mí, déjame marcharme. Mi padre está en peligro ahí fuera, mi gente...
—¡Ellos no son tu gente!
Wen abrió la boca y los ojos de par en par, estupefacta. ¿Qué acababa de decir? Kai cerró los labios y los apretó con fuerza apartando la mirada. Se dispuso a marcharse, pero ella se acercó a grandes zancadas y lo sujetó del brazo.
—Ah, no. ¡Ahora explícate! —Frunció el ceño—. ¿Qué rayos querías decir con eso?
Él resopló e intentó alejarse, pero ella afianzó el agarre de su brazo robótico.
—Mira, Wen... —su voz era arrastrada, agotada—. Cuando me cabreo digo estupideces. Tú ni caso. Yo...
—Mientes —masculló ella, interrumpiéndolo—. Tu corazón se ha acelerado.
Kai clavó los ojos en la mano robótica que le sostenía el antebrazo. Le estaba midiendo el pulso. Ante la muestra de astucia, él volteó los ojos.
—Maldición, de verdad no es el momento para esto. Si... Si tenemos esta conversación muchas cosas cambiarán. No... —Suspiró—No creo que sea buena idea con la que está formándose ahí fuera, pequeña cyborg.
—Me da igual —aseguró ella—. Solo quiero... Solo quiero la verdad. Sea cuál sea.
Estaba cansada de mentiras y medias verdades.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.