Corazón de acero (relato)

6

Él apretó la mandíbula.
—Siéntate —le señaló una silla—, puede ser duro de escuchar. —Ella se sentó y lo miró fijamente con los brazos cruzados—. Hace unos años yo estaba casado. Me casé muy joven. Magda era... —Sonrió—. Lo era todo para mí. Me encantaba su risa, sus chistes malos y su habilidad para calmarme. Solía... Solía decir que los sentimientos eran abstractos, era de las cosas que más repetía. Pasé desde que nos hicimos pareja preparando ladrillo a ladrillo lo que serían los cimientos de nuestro futuro juntos... Pero, hace unos seis años, hubo una invasión. —Wen arrugó el ceño con confusión, ante lo que él añadió—: No fue a gran escala, ni de dominio público. Querían robar un prototipo del almacén principal de tecnologías avanzadas de Titán. Ella... —Apretó los labios—. Magda trabajaba allí. Era ingeniera informática y era una de las que estaban trabajando en lo que querían robar.
—¿Qué...? —Se aclaró la garganta cuando él hizo silencio—. ¿Qué pasó?
—Si hay algo en lo que Magda creía fielmente, era que un inventor debe proteger su trabajo a toda costa. Más aún si supone un posible gran cambio. Y eso hizo. Ella... ella murió, según las cámaras y las pruebas. Los invasores la... le dispararon.
Wen se llevó las manos a la boca con horror.
—Dioses... —murmuró.
—Llevábamos un poco más de un año casados, mi trabajo como soldado estaba siendo reconocido... Estaba en las nubes, atrapado en la burbuja de una vida perfecta. Pero todo se rompió. El problema... —La miró—Es que nunca encontramos el cuerpo de Magda.
—¿Qué?
—El único sobreviviente de aquel día en el almacén nos dijo que había sido una carnicería. Que... que Magda estaba muy herida. Que le habían clavado algo en una pierna, la habían golpeado en el costado y... y que le sangraba un ojo. —Ante aquella perspectiva de la persona que quería siendo tan dañada, ella vio como los ojos de Kai se empañaron en lágrimas de impotencia—. Y se la llevaron. Nunca entendimos por qué si estaba... en aquellas condiciones. Pero un día... —Se volvió a quedar callado.
—¿Qué pasó? —incitó ella con suavidad.
—Un día —la voz de aquel hombre era una herida sangrante—, un soldado infiltrado de la Tierra nos dijo que había visto a Magda aquí. Lo cual... era imposible. Pero, queríamos aferrarnos a la esperanza. Pero entonces... vine. Y vi... que no era ella. Era... su cuerpo.
—¿Eh? —Cada vez estaba más perdida y más... horrorizada.
—Usaron un proceso regenerativo en el cadáver de Magda para revertir el estado de putrefacción y... usaron las partes de ella que no estaban dañadas para que fuera recipiente de una... nueva vida.
—No... no estoy entendiendo.
Él la miró fijamente.
—Eres tú.
Ella parpadeó, aturdida.
—¿Yo...? ¿Yo... qué?
—Keneclurt usó el cuerpo de mi Magda para hacerte a ti.
Ella sacudió la cabeza.
—No, mientes. Él... Él me dijo que había diseñado mi cuerpo desde cero, no puede ser... No. Mi padre no me mentiría. No es... Es que es imposible…
Ella lo miró sacarse un collar de dentro del cuero de su traje. Un relicario. Jamás había visto uno en persona, solo en fotos de los objetos que usaban los humanos de antaño. Lo abrió y le mostró una foto que la dejó atónita. Eran... ¿ellos? Eso era imposible, se acababan de conocer. Pero sí, era ella. Completamente humana, con un color de piel diferente, rozando el naranja. Pero el resto... Se puso pálida. Sintió su cuerpo entrar en shock.
Kai tenía razón.
—Fue el día antes de mi boda con ella, siempre la llevo conmigo... —bajó la voz y chasqueó la lengua—. Entiendo que esto te sea complicado, Wen. Para mí también fue difícil de entender. Supimos que varios científicos terrícolas estaban experimentando con cadáveres, pero jamás creímos que fuera para diseñar cyborgs, y...
—¿Por qué?
—¿Por qué... qué?
—¿Por qué viniste a la Tierra, Kai? —Lo señaló—¿A ver si aún era Magda? ¿Todo ese discurso de los muertos en la invasión y los humanos muriendo por asfixia fue para qué? ¿Para ablandarme?
—No te equivoques, Wendelin —gruñó. Cuando usó su nombre completo supo de lleno que lo había ofendido—. Lo que pasó en la Invasión fue un gran revés para Saturno y sí, vinimos en aras de eso. Y lo de la asfixia es un problema muy real. Pero también es verdad que he modificado un poco todo lo que te había dicho. Yo... Necesitaba saber qué había usado tu creador para hacer tu corazón para... para poder revertirlo.
—¿Revertirlo? —repitió como una idiota.
—Sí, yo... En Saturno tenemos tradiciones, las cuales quería vivir con Magda. Cuando supe que... Bueno, cuando supe de ti, tenía... Tenía que saber si quedaba algo de ella, algo de lo que tirar para traerla de vuelta.
Sintió su corazón arder de furia.
—¡¿Pretendías borrarme?!
—Dios, pequeña cyborg —se pasó las manos por el pelo—, no tenía opción.
—La tenías —le rebatió ella—. Tenías el duelo, la aceptación. Lamento mucho lo de tu esposa, de verdad. Detesto estar hecha de su... cuerpo o lo que sea. Odio lo doloroso que eso puede resultar para ti. Pero se fue. No soy Magda.
—No he dicho que lo seas.
—¡Pretendías borrarme para traer de vuelta a alguien que había muerto!
—¡Ella era el amor de mi vida! —A Kai se le rompió la voz—. Lo daba todo por ella, por la vida que queríamos juntos. No es justo. Tenía que luchar por ella, tengo que hacerlo, debo...
—Ella ya no está —aseguró ella en tono calmado—. Mientras más rápido lo aceptes, será más sencillo.
—Cierra la boca.
—Kai, debes...
—¡Wen, basta!
—Solo... déjala ir.
—Que te...
Lo besó. Fue un beso suave. Primerizo e inexperto. Pero para Kai no tuvo precio. Al sentir la familiaridad de los labios de su amada le rodaron dos gruesas lágrimas por ambos lados del rostro. Sus brazos cayeron lánguidos a ambos lados de su cuerpo y, cuando ella dio un paso atrás, él dejó salir un suspiro derrotado.
—Ella no hubiera querido verte así —susurró—. Parece que os queríais mucho. Yo jamás querría que mis seres queridos sufrieran en mi ausencia. Me gustaría que siguieran adelante y volvieran a sonreír con el tiempo. Algo me dice que ella pensaría igual.
Él dejó escapar un sollozo y se limpió las lágrimas con el dorso bruscamente.
—Ella merece que la llore. —Miró a Wen—. Merece que cada día la extrañe más y más. Porque en vida lo fue todo para mí y me hizo sentir que lo era todo para ella... No ha habido nada después de eso. Dudo que sea capaz de querer a alguien más de esa forma.
—Tal vez debas aprender entonces que la vida no depende de quienes tenemos a nuestro alrededor. La vida depende, sencillamente, de las ganas que tengamos de vivirla. De disfrutar de las pequeñas cosas, de llorar por las pérdidas, pero siempre volviendo a sonreír. Cuando esa parte cale en ti aprenderás a vivir con ello.
Kai tragó saliva y ella apartó los ojos cuando la miró.
—Gracias... por... ya sabes... Significó mucho para mí.
—Por eso lo hice. Espero que hayas cerrado ese ciclo.
—No lo sé.
—¿Me dejarás escapar?
Él miró la guerra. Ahí fuera se veían humo y explosiones con tanta abundancia... ¿Qué haría ese ser frágil allí? Entonces recordó cómo lo había mandado a metros con una patada y se retractó.
—¿Quieres...? —Carraspeó—Debo ayudar a mi madre, puedo... puedo dejarte en el ayuntamiento.
—Solo quiero ver a mi padre.
Él asintió. Se subieron en una nave de las pequeñas y arrancaron. Solo pudieron moverse un par de kilómetros. Entonces sintieron el impacto. Un explosivo hizo que su nave chocara contra un edificio y cayó. Lograron protegerse de la muerte, pero notó que Wen no lucía bien, tenía una mano en el pecho.
—¡Wen! ¿Estás bien? Ey, ¿qué pasa? —Se acercó a ella.
La chica lo miró con la confusión en sus ojos.
—Mi... corazón. Siento... con el impacto...
—¿Qué?
—Sentí... una especie... de compartimento dentro, cuando se sacudió la nave.
—¿Compartimento?
—Solo... voltéate.
—¿Perdón? —Levantó una ceja, pero ante la mirada que le dedicó obedeció a regañadientes.
Entonces sintió el sonido de la ropa rasgándose, el trasteo del... acero. Alarmado, se dio la vuelta para ver...
Wen tenía una mano, literalmente, dentro de su corazón.
Kai, tan abrumado por el shock, pensó que se desmayaría en aquel instante. Se había abierto una especie de rejilla y metió la mano por allí para palpar el órgano metálico. El hombre no entendió cómo el escáner no había visto aquello, pero estaba demasiado aturdido para pensar en ello. De repente, sacó una especie de USB, pero muchísimo más pequeña. La miró y luego miró al chico frente a ella al leer el nombre escrito en ella de forma minúscula.
Magda.
Kai frunció el ceño, pero ella no lucía confundida. No tardó en tragar saliva y en señalar su pecho.
—Debo conectarlo a mi corazón.
—¿Qué?¡No!¡No sabemos qué hace!
—Es sobre Magda, Kai.
—Pero...
—Ella lo merece, ¿no?
Sin saber por qué, a Kai se le empañaron los ojos con impotencia cuando Wen introdujo el dispositivo abierto en su corazón. Cerró los ojos un segundo y contorsionó el rostro con una mezcla de dolor e incomodidad. De repente, se quedó así, con los ojos cerrados.
Cuando los abrió, eran diferentes.
Una mirada que Kai reconoció al instante y que le heló la sangre, cortándole también la respiración. Su corazón dio un vuelco y sintió sus ojos llenarse de lágrimas.
—¿Kai?
Dejó escapar su nombre con algo desconocido quemándole el pecho.
—Magda...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.