Corazón de ceniza

Capitulo 4

4. La Emboscada

El camino hacia el sacrificio debería ser silencioso, solemne… casi digno. Pero nada de esto se siente digno. Solo frío. Solo miedo.

Los árboles se alzan como testigos mudos, sus ramas enredadas sobre nuestras cabezas como dedos listos para cerrarse y aplastarnos. Avanzamos custodiados, rodeados por soldados que no nos miran como personas, sino como mercancía. Como ofrendas respirando de más.

Mi pecho arde. Cada paso es una despedida que todavía no acepto.

Y entonces el mundo se rompe.

Primero llega un murmullo extraño.
Una vibración en el aire.
Un escalofrío que atraviesa la columna y se instala en el corazón.

Después… el estallido.

Una luz carmesí corta el cielo como una herida abierta, y la calma hipócrita se convierte en caos absoluto. Los caballos relinchan, los guardianes gritan órdenes que nadie escucha, el suelo tiembla bajo mis pies y la magia estalla en destellos violentos que queman el aire.

Nos están atacando.

Una ráfaga de energía choca contra el suelo y me arroja hacia atrás. El impacto me roba el aire, la vista se me nubla y el mundo se llena de gritos. Gritos de dolor. Gritos de miedo. Gritos que saben a muerte.

Figuras oscuras emergen del bosque. No son del reino. No llevan armaduras pulidas ni insignias orgullosas. Son sombras salvajes, latidos libres, guerreros que luchan como si el corazón fuera un arma. Se mueven con rabia, con desesperación, con esa clase de fuerza que solo nace cuando ya no tienes nada que perder.

Los guardianes responden. El aire se llena de magia quebrada, de destellos que chocan, de promesas de sangre.

Yo intento levantarme. Mis manos tiemblan. Mi respiración arde. Quiero correr… pero no tengo a dónde ir. Siempre me enseñaron que no tenía futuro. Que mi destino estaba decidido.

Y aun así… quiero vivir.

Una sombra se detiene frente a mí. No es enemiga. No es guardia. Es… diferente.

Lo veo.

Alto. Firme. Con el viento golpeando su capa como si el mundo reconociera su existencia. Su mirada me encuentra entre el caos y, por un instante imposible, todo se detiene.

Sus ojos no brillan como los de los guardianes. No arden con crueldad. Arden con decisión. Con vida. Con algo que no recuerdo haber sentido desde que fui marcada.

Su presencia es peligrosa. Prohibida. Y aun así, inexplicablemente, segura.

Se acerca. La magia vibra alrededor de él como si el universo respirara a su ritmo. No me toca… pero siento su latido. Lo siento en mis huesos. En mi pecho. En ese corazón que el reino quiere arrancarme.

—Si quieres morir, quédate.
Su voz es firme, profunda, real.

Me mira como si yo importara. Como si fuera algo más que una condenada.

—Pero si quieres vivir… ven conmigo.

No sé quién es.
No sé por qué me salva.
No sé si es una trampa.

Pero mi corazón late.

Late fuerte.
Late desobediente.
Late como si acabara de despertar.

Su nombre atraviesa el ruido de la batalla.

Elián.

El enemigo del reino.
El chico que no debería estar aquí.
El que no debería ofrecerme una oportunidad.

Y aun así… lo hace.

El mundo grita, la magia arde, la muerte nos rodea… y yo extiendo mi mano hacia él.

Porque por primera vez, no quiero aceptar el destino que otros eligieron para mí.

Quiero vivir.

Y empiezo haciéndolo con él.




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