Corazón de ceniza

Capitulo 5

5. La Batalla y el Toque Maldito

El caos no se detiene.

La emboscada se transforma en guerra abierta, una danza salvaje entre magia y acero que devora el bosque sin piedad. El aire está lleno de chispas, humo, gritos… y miedo. Mucho miedo. La tierra se sacude como si también sintiera pánico.

Elián me arrastra entre el desastre, moviéndose como si conociera cada segundo del combate antes de que ocurra. Sus movimientos son precisos, casi elegantes, pero llenos de fiereza. La magia responde a él, lo rodea, lo protege… como si le perteneciera.

Yo trato de seguirlo, pero tropiezo, respiro polvo, me arde la garganta. Un guardia logra alcanzarnos. Veo la espada levantar. Veo la intención de matarme escrita en sus ojos. No soy persona para él, solo una pieza de sacrificio que deben recuperar… o destruir.

Elián actúa antes de que pueda gritar.

Un latido… sí, un latido… sacude el aire. La energía explota desde su mano con una fuerza brutal y el guardia sale disparado. No muere… pero queda fuera de combate. Podría sentir alivio, pero no tengo tiempo.

Más soldados llegan. Más magia cae del cielo. Nos están cercando.

Elián aprieta la mandíbula. Puedo sentir su frustración, su rabia contenida… y la preocupación que no quiere mostrar. Me mira como si calculara algo. Como si estuviera arriesgándolo todo.

—No van a detenerse —dice, respirando agitado—. No mientras sigan creyendo que eres solo una ofrenda.

Yo trago saliva. Eso es lo que soy. Lo que siempre fui.

—Pero no lo eres —añade, como si hubiera escuchado mis pensamientos—. No desde ahora.

Me mira como si yo fuera una decisión peligrosa. Y entonces, lo hace.

Su mano se eleva… y se posa sobre mi pecho.

Justo donde late mi corazón.

Todo el mundo desaparece.

No hay gritos. No hay guerra. No hay destino.

Solo él. Solo yo. Solo nuestros latidos encontrándose.

Un golpe de magia atraviesa mi cuerpo como una oleada ardiente. Siento mis rodillas debilitarse, mi respiración cortarse, mi pecho quemar como si algo estuviera despertando dentro de mí que no sabía que existía.

Mi corazón late una vez… Y responde algo que no es mío.

Elián respira hondo, como si también sintiera el impacto. Sus dedos tiemblan, pero no se apartan. Sus ojos se oscurecen, no de amenaza… sino de conexión.

Algo invisible nos envuelve.
Un hilo brillante.
Un lazo de pulsos.
Un latido que ya no es solo mío.

Siento su fuerza recorriéndome. Su dolor. Su rabia. Siento su corazón… latiendo junto al mío.

Y él siente el mío.

Lo sé. Lo siento.

El mundo vuelve de golpe.

El ruido regresa. Los gritos vuelven. La batalla ruge… pero los guardias se detienen. Algunos retroceden. Otros nos observan con horror.

Porque ahora lo ven.

Porque ahora él y yo ya no somos dos.

—Elián… ¿qué hiciste? —susurro, con la voz temblorosa.

Sus labios se curvan en una media sonrisa triste, desafiante… peligrosa.

—Lo único que podía hacer para salvarte.

Un estruendo de magia nos envuelve. Los enemigos dudan. El reino teme.

Porque lo imposible acaba de suceder.

El Vínculo de Latido.

Un lazo prohibido. Una magia que no debería existir. Una unión que ata nuestras vidas, nuestros corazones… y nuestros destinos.

Ahora, si yo muero, él muere. Si él cae, yo caigo.

Y en mi pecho, donde antes solo había condena… ahora hay vida. Vida compartida. Vida peligrosa.

Vida que late por nosotros dos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.