Corazón de ceniza

Capitulo 6

El Dolor Compartido

El mundo todavía ruge a nuestro alrededor, pero yo ya no pienso en la batalla. No pienso en los soldados. No pienso en el sacrificio. Solo siento… algo nuevo. Algo imposible.

Mi pecho arde.

No es dolor normal. No es miedo. No es herida física.

Es como si alguien hubiera entrado dentro de mi corazón… y ahora latiera conmigo.

Me llevo la mano al pecho y jadeo. Elián también se detiene. Su cuerpo se tensa. Él también respira entrecortado… exactamente igual que yo.

Nuestros ojos se encuentran. Y lo entiendo.

No estoy imaginando. No estoy exagerando. No estoy loca.

Lo que siento… él lo siente.

Un guardia lanza una descarga de magia y roza el brazo de Elián. La energía chispea sobre su piel, quemándolo. Yo no estoy tocada. Nadie me hiere. Pero, aun así, grito.

El dolor me atraviesa como un trueno.

El ardor se extiende por mi brazo izquierdo, idéntico al suyo. Siento la quemadura como si fuera mía. Mis músculos se tensan. Mis pupilas se dilatan. Mi respiración se rompe.

Y lo veo.

Elián también se lleva la mano al pecho… justo donde antes él tocó mi corazón.

No es casualidad. No es coincidencia. Es vínculo.

—Esto… —susurra él, con la voz ronca, sorprendido aunque trataba de evitarlo— ya está funcionando.

El aire vibra entre nosotros.
Siento su pulso. Literalmente. Un eco constante dentro de mí, como si en mi pecho latieran dos corazones a la vez, buscando el mismo ritmo.

Ba-dum.

Los dos sincronizándose. Fusionándose. Aceptando una unión que ninguno pidió… pero ahora existe.

Un tirón invisible me hala hacia él. No físico. No emocional. Mágico. Profundo. Como un hilo hecho de latidos que conecta nuestras almas.

—Respira conmigo —dice Elián, tratando de mantener la calma aunque sé que él también está asustado.

No lo dice como una orden. Lo dice como alguien que está tan perdido como yo… pero no piensa soltarme.

Intento obedecer. Inhalo. Él también. Exhalo. Él exhala conmigo.

Y de alguna forma, eso alivia el dolor. Como si nuestros cuerpos estuvieran aprendiendo a compartirlo, a dividirlo, a equilibrarlo.

La magia del corazón no es como la del reino. No es fría. No es rígida. No es obediente.

Es viva.
Es emocional.
Responde al latido, no a la razón.

Lo sé ahora.

Lo siento.

Me atrevo a hablar, aunque mi voz tiembla.

—¿Qué somos ahora?

Él me mira. No con orgullo. No con arrogancia. Con algo mucho más humano.

Con miedo.

—Unidos —responde lentamente, como si cada palabra pesara—. Tu vida está ligada a la mía. Tu dolor… —traga saliva— lo siento yo. Y el mío… lo sientes tú.

Cierro los ojos. Es demasiado. Demasiado grande. Demasiado peligroso.

Pero también… Demasiado vivo.

En ese instante, otro guardia cae, herido. El grito de agonía corta el aire. Ese grito no me duele. No me atraviesa. No es mío. Y aun así… yo siento otro dolor pequeño, lejano, pero distinto.

Elián aprieta los dientes.

Siento su angustia. Su rabia. Su cansancio. No como emociones mías… sino como un eco emocional dentro de mi pecho.

No solo compartimos dolor físico. Compartimos emociones. Compartimos pulsos del alma.

—Esto no debería existir —murmura Elián, como si confesara un pecado ante el universo—. El Vínculo de Latido estaba prohibido por una razón.

Yo tiemblo.

—¿Qué razón?

Su mirada se endurece. No porque quiera asustarme. Sino porque la verdad… duele.

—Porque nunca se puede romper.

Mi corazón golpea fuerte. Fuerte. Fuerte.

Y él también siente el impacto.

La batalla sigue. La muerte nos rodea. El reino nos busca. La magia cambia nuestro destino.

Y en medio de todo… ya no estoy sola.

Ahora cada herida que recibamos. Cada decisión que tomemos. Cada emoción que sintamos…

Será compartida.

Para bien. O para destruirnos.

Pero ahora lo sé: No puedo huir de él. No puede huir de mí.

Nuestros corazones ya decidieron por nosotros.




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