Corazón de ceniza

Capitulo 14

La Otra Mujer

No sabía que algo podía doler tanto sin tocarme la piel.
No sabía que los celos podían sentirse como una mano cerrándose alrededor del corazón compartido.
No sabía… que me importaba así.

Hasta que ella apareció.

No fue anunciada.
No fue esperada.
Simplemente irrumpió en nuestro escondite como si el mundo la hubiese estado esperando desde siempre.

Una ráfaga de magia oscura cruzó el aire y el refugio tembló. Elián reaccionó primero, espada en mano, postura defensiva… pero no atacó. Ese detalle fue el que me hirió antes de siquiera entender por qué.

No atacó.
No se movió como enemigo.

Porque no era cualquiera.

Era ella.

Alta.
Hermosa.
Peligrosa.
Con la clase de presencia que no necesita alzar la voz para dominar una habitación. Ojos encendidos de poder, labios tensos en una sonrisa que no era amable, pero sí… cercana. Como quien mira algo que considera suyo.

—Pensé que estabas muerto —dijo ella. Su voz sonó como una caricia… solo que no era para mí.

Elián no respondió de inmediato.
Y ese silencio me desgarró.

El vínculo latió fuerte, violento, celoso. Sentí su shock, su confusión… y algo más oscuro que no quise reconocer.

—Norya —susurró él, como si su nombre fuese un recuerdo peligroso.

Norya.
La hechicera.
La aliada del Imperio.
La mujer que alguna vez había estado a su lado en el campo de batalla… y posiblemente, mucho más cerca de lo que yo hubiera querido saber.

Ella me miró entonces. No como una amenaza. No como un enemigo.

Me miró como se observa a un estorbo.

Como si yo no perteneciera aquí.
Como si mi existencia fuera un error que arruinaba su mundo.

—Así que esta es la sacrificada —murmuró, con una calma venenosa—. La niña por la que estás dispuesto a arruinarlo todo.

“Niña.”
Las palabras me ardieron.

Quise responderle. Decir que no era una víctima. Que no era débil. Que no necesitaba que Elián arruinara nada por mí.
Pero en lugar de eso… mi corazón dolió.

Porque no era mentira. Porque él sí estaba arriesgándolo todo por mantenerme viva. Y ella lo sabía.

Norya dio un paso más cerca de él. La magia de su cuerpo brilló con un aura rojiza que hizo vibrar nuestro vínculo. No pude evitar sentir el tirón, la presión, el temor… y algo que no quise admitir: miedo a perderlo.

—¿Qué te hicieron? —le preguntó ella, con una voz cargada de emoción real—. Tú no eres así. No eres de los que traicionan. No eres de los que eligen… como si tuvieran corazón.

Y entonces comprendí algo terrible: Ella no solo era poderosa. No solo era peligrosa. Ella lo conocía.
Lo conocía antes de mí. Lo conocía mejor.

Y eso… me quebró.

Elián apretó la mandíbula. No se movió. No retrocedió. Pero tampoco se acercó.

—No entiendes —respondió, con voz baja—. No es tan simple.

Ella rió. Una risa dulce y cruel.

—Siempre es simple, Elián. Tú o ella. El Imperio o la condena. Lealtad o muerte.
Y no puedes salvarla sin destruirnos a todos.

Cada palabra golpeó directo a mi pecho. A nuestro pecho.

Porque era verdad.
Porque duele más la verdad que la espada.

El vínculo comenzó a vibrar de nuevo y yo no sabía si era mi angustia, la suya… o ambas mezcladas.

Entonces ella se acercó demasiado.

Su mano tocó el rostro de Elián con una familiaridad que me hirió más que cualquier hechizo.
Él cerró los ojos por un segundo… y algo dentro de mí estalló.

Celos.

Puros.
Crudos.
Imprevisibles.

Y el corazón respondió.

Un latido feroz atravesó el aire y la magia explotó entre nosotros. El suelo tembló, las hojas se elevaron, el aire se volvió espeso. Norya retrocedió un paso, sorprendida.

—¿Qué fue eso? —susurró—. Su vínculo…

Me miró como si recién me estuviera viendo de verdad.

Ya no como estorbo.

Como amenaza.

—Lo amas —dijo sin dudar—. Y él… te está empezando a amar también.

Sentí mi respiración quebrarse.
Sentí la sangre arder.
Sentí el corazón golpearme tan fuerte que dolía.

No lo negué.
No pude.

Porque el dolor que sentí al verla tocarlo…
no era solo miedo de perderlo.

Era la certeza de que ya lo había elegido.

Tal vez en silencio.
Tal vez sin decirlo.
Pero lo había hecho.

Norya apretó los dientes. Su mirada se llenó de furia… pero también de tristeza.

—Entonces es peor de lo que pensé —susurró—. Porque si su corazón late por ti… el Imperio no solo caerá.

Su mirada ardió… y comprendí que no solo era rival.
Era la advertencia.

—Van a venir por él. Y por ti. Y esta vez… nadie va a sobrevivir.

Y mientras ella desaparecía entre magia oscura, mientras Elián respiraba tenso sin saber qué decirme, mientras nuestro pecho compartido latía con una intensidad peligrosa…

Lo entendí:

No solo estoy huyendo de la muerte. Estoy luchando por el corazón de alguien que nunca debería haber sido mío.

Y aun así…
no quiero soltarlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.