SOMOS EL ERROR
El mundo respira distinto cuando estoy cerca de él.
Lo siento antes de abrir los ojos. Ese pulso. Ese latido que no es solo mío… sino nuestro. Late dentro de mi pecho con una fuerza que no entiendo, que no controlo, que me asusta… y, al mismo tiempo, me llena de una paz que nunca, jamás, debería sentir.
Elián está a mi lado.
Y eso, en cualquier otra vida, sería peligroso. En esta… es casi una sentencia.
Cuando despierto, su espalda está frente a mí. Sus cicatrices son sombras sobre su piel, memorias de guerras, decisiones, traiciones. Quisiera no mirarlas… pero el vínculo me obliga a sentirlas. El dolor no me pertenece, pero vibra en mi pecho como si fuera mío. Y duele. No solo físicamente. Duele porque cada cicatriz cuenta una historia y, por alguna razón que todavía no debería existir, me importa.
Mi corazón late… y él se tensa.
Mi respiración se acelera… y la suya cambia.
Estamos conectados. Somos una herida abierta que se rehúsa a cerrar.
—Otra vez te despertaste antes que yo —murmura sin volverse, como si siempre hubiera sabido que lo observo.
Me sonrojo. Odio cómo mi cuerpo reacciona. Odio cómo mis emociones se vuelven transparentes para él. —Es culpa del vínculo —respondo con sequedad—. No significa nada.
Él finalmente se gira y me mira. Maldita sea. Sus ojos tienen una forma cruel de destruir mis defensas. No necesitan fuerza, armas o amenazas. Solo existen… y me desarman.
—Claro —dice con una sonrisa rota—. No significa nada… excepto que si sonríes demasiado, mi pecho se calienta. Si lloras, siento que el mundo se rompe. Y si te alejas… me falta el aire.
No debería decir eso. No debería hacerme sentir así.
Porque mientras más sentimos… Más peligrosa es nuestra unión.
El vínculo no solo une corazones. Los despierta. Los alimenta. Los transforma.
La magia lo advirtió: Si dos corazones destinados al sacrificio se aman… el mundo se resquebrajará.
Y aun así estoy aquí. Respirando su aire. Viviendo en su cercanía. Tentando al destino.
Nos levantamos y el día avanza como si todo fuera normal. Como si no cargáramos una condena encima. Pero incluso en lo cotidiano, el vínculo late.
Cuando su mano roza la mía, una chispa explota bajo nuestra piel. No es electricidad. No es magia. Es… emoción. Es algo vivo. Algo prohibido.
—Lyria… —dice mi nombre como si fuera un secreto únicamente suyo.
Y el mundo se me achica. Mi garganta arde. Mi pecho aprieta.
No debería temblar. Pero tiemblo.
Porque sé lo que está pasando. Y él también.
El corazón responde. El vínculo se fortalece. Nos volvemos uno.
Y eso… Eso es exactamente lo que nunca debió suceder.
Él se acerca, su respiración toca mi piel, y el latido compartido se acelera tanto que duele. Duele sentir. Duele querer. Duele saber.
—Somos… —murmura con voz baja, rota, casi culpable— …el peor error que pudo existir.
Y aun así no se aleja. Ni yo.
Porque lo más terrible no es que el mundo nos condene. Lo más terrible… es que, a pesar de todo, ya no sé cómo vivir sin él.
Y el corazón lo sabe. La magia lo sabe. El destino también.
Nos amamos. Y eso… Eso podría destruirlo todo.
Pero no puedo detener lo que siento. Y, al mirarlo, entiendo que él tampoco puede.
Somos el error. Pero también somos el latido que no sabe dejar de amar.
Y eso… es el principio del verdadero desastre.
#1206 en Fantasía
#4818 en Novela romántica
#magia #amorprohibido #rebeldia, #fantasia #romance #drama, #amor #sacrificio #destino
Editado: 08.01.2026