EL REGRESO INEVITABLE
Lo sabía.
En el fondo, siempre lo supe.
No importa cuánto corramos. No importa cuánto pretendamos que somos libres. El Imperio siempre encuentra lo que quiere.
La primera señal es el aire. Se vuelve pesado. Cortante. Como si el mundo contuviera la respiración. La tierra vibra bajo mis pies y el latido compartido en mi pecho se acelera sin permiso.
Elián lo siente también. Lo veo en su mirada. En la forma en que su cuerpo se tensa. En la manera en que su mano busca la mía… como si fuera reflejo, instinto… necesidad.
—Nos encontraron —susurra.
Esas dos palabras son una sentencia.
El cielo se abre con un rugido de magia. Luces carmesí, grietas de energía brillando como heridas sobre el firmamento. El símbolo del Imperio se dibuja sobre las nubes como un recordatorio cruel: soy tu dueño.
No tengo tiempo para temer. La persecución comienza.
Soldados de élite emergen de entre los árboles. No caminan. No corren. Cazan. Sus armaduras negras brillan, sus espadas no reflejan luz… la devoran. Y, al verlos, una certeza se clava en mi pecho:
Están aquí por mí.
Mi cuerpo tiembla, pero mi corazón late con una violencia insoportable. El vínculo se enciende, caliente… vivo… asustado. Elián aprieta mi mano y el dolor deja de ser mío para volverse nuestro.
Y eso lo enfurece.
—No te sueltes —ordena, pero su voz no suena como una orden militar. Suena a súplica disfrazada.
Corremos.
La magia explota detrás de nosotros. Árboles partiéndose. Rocas rompiéndose. Tierra desgarrándose como carne viva. El Imperio no está intentando capturarme…
Está intentando aplastarme.
Mi respiración arde, pero no puedo detenerme. El mundo se vuelve una mezcla de latidos, hojas, tierra, fuego, gritos y pasos persiguiéndonos. Los soldados se acercan, implacables. Cada vez que uno intenta alcanzarme, siento la muerte rozándome la espalda.
Y entonces sucede.
Un rayo carmesí me roza. No me toca directamente… pero quema el aire. Mi corazón se detiene. Mi pecho duele. Las rodillas me fallan.
Y, antes de tocar el suelo, Elián me atrapa.
Su cuerpo se interpone entre la magia y yo. Su brazo alrededor de mi cintura. Su aliento agitado junto a mi oído. Su latido contra el mío…
Golpeando al mismo ritmo.
—Te dije… que no voy a dejar que te lleven —gruñe, con una rabia que tiembla de miedo.
No debería decir eso. Él no debería sentir esto.
Pero lo siento. Lo comparto. Lo vivo.
Los soldados nos rodean. El escape se vuelve imposible. El Imperio ya no es una amenaza distante. Es mi destino… frente a mí.
—Entréganos a la marcada —ordena uno—. El Imperio exige su sacrificio.
Y es entonces cuando sucede algo que jamás esperaron.
Elián da un paso adelante. No hacia ellos. Hacia mí.
Se coloca frente a mí como si fuera un escudo humano. Como si su cuerpo valiera más que cualquier ley. Como si mi vida… fuera más importante que la suya.
—Tendrán que pasar sobre mí primero.
Silencio. Un silencio tan pesado que el mundo tiembla.
Los soldados dudan. Porque Elián no es cualquiera. Es una espada del Imperio. Un guerrero criado para obedecer. Un hombre que nació para proteger la corona… no para desafiarla.
Y aun así está aquí. Desobedeciendo. Rompiendo su juramento. Rompiéndose a sí mismo por mí.
—Elián… —susurro, con la garganta hecha cenizas.
Él no me mira. No puede. Si lo hace… Nos perdemos los dos.
—No voy a permitir que la toquen —repite, con una furia tranquila que da miedo.
La magia de nuestro vínculo responde. No es suave. No es dulce. Es poderosa. Nuestro corazón compartido late con tal fuerza que los soldados se estremecen. El aire vibra. La tierra respira con nosotros.
Y por primera vez lo comprendo del todo:
No somos simplemente dos personas unidas. Somos una fuerza. Un riesgo. Una amenaza.
Una promesa prohibida.
Los soldados cargan. La batalla explota. Magia contra piel. Espadas contra destino.
Y Elián pelea como si yo fuera su última razón para existir.
Me protege. Me cubre. Sangra. Y cada golpe que recibe… lo siento. Cada dolor suyo… arde en mí.
Pero aun así no retrocede. Ni aunque el Imperio lo marque ahora como traidor. Ni aunque esté firmando su propia condena.
Porque tomó una decisión. La más peligrosa de todas.
Eligió protegerme.
Y en ese instante, mientras el mundo se rompe alrededor, mientras el Imperio nos declara enemigos, mientras el futuro se vuelve oscuro e incierto…
Comprendo algo que nunca dije en voz alta:
Yo también lo elegiría a él.
Incluso si eso significa perderlo todo. Incluso si eso significa declararle guerra al destino. Incluso si eso… nos condena.
El regreso al Imperio es inevitable. La lucha también.
Pero ahora ya no estoy sola. Y él ya no pertenece al Imperio.
Ahora… me pertenece a mí.
#1206 en Fantasía
#4818 en Novela romántica
#magia #amorprohibido #rebeldia, #fantasia #romance #drama, #amor #sacrificio #destino
Editado: 08.01.2026