🔥 TRAICIÓN DEL ALMA
Hay silencios que cortan más que cualquier espada. Hay miradas que duelen más que cualquier herida. Y hay dudas… que matan.
El mundo todavía huele a humo, sangre y magia rota. El bosque quedó atrás, reducido a cenizas por la persecución. Ahora estamos ocultos entre paredes viejas, ruinas olvidadas, respirando como si cada inhalación fuera una promesa temporal de supervivencia.
Pero no estoy temblando por el Imperio.
Estoy temblando por él.
Elián está frente a mí, con las manos manchadas de sangre —sangre suya… y sangre mía, porque su dolor ya no es solo suyo. Respira fuerte. Mira el suelo. No me mira a mí.
Y eso es lo que duele. Eso es lo que lo dice todo.
—Tenemos que hablar —digo, aunque mi voz suena como cristal a punto de romperse.
Silencio. Un silencio que me oprime el pecho. Un silencio que grita.
Él aprieta los puños. Lo siento en nuestra conexión. La tensión. El conflicto. La grieta.
Es como si el corazón que compartimos estuviera dividido en dos direcciones opuestas… tirando hasta desgarrarse.
—No quiero hacer esto ahora —murmura.
Pero no se refiere a hablar.
Se refiere a sentir.
Se refiere a elegir.
Se refiere a mí.
—No puedes evitarlo —respondo. Y mi voz tiembla, pero no retrocedo—. Estamos unidos. Respiras conmigo. Sientes conmigo. No puedes esconderme lo que piensas… aunque quieras.
Y ahí está. Lo siento. Como una sombra fría entrando en mi pecho.
La duda.
Elián levanta por fin la mirada. Y lo veo. No es odio. No es rabia. No es indiferencia.
Es peor.
Es miedo.
—El Imperio no va a detenerse —dice lentamente—. No hasta tenerte. No hasta completar el sacrificio. No hasta… restaurar el equilibrio.
Equilibrio. Qué palabra tan bonita para esconder asesinato.
Siento el nudo formarse en mi garganta.
—Entonces dímelo claro —susurro, porque necesito escucharlo aunque me destruya—. ¿Quieres entregarme?
Su respiración se corta. Yo siento el golpe en mi propio pecho.
No responde. Y ese silencio lo responde todo.
La herida se abre dentro de mí.
—Así que eso es —ríe mi voz, rota, amarga, dolida—. Peleaste por mí. Me protegiste. Me hiciste creer que elegías mi vida… solo para ahora retroceder.
Él aprieta los dientes.
—No me pidas que elija entre tú y el mundo entero —explota, con una ira desesperada que no va contra mí… pero igual me atraviesa—. No me pidas que cargue con esa decisión. No soy un dios. No soy un héroe. Soy un hombre al que le enseñaron que el deber sostiene el mundo.
—Y aun así me elegiste —respondo—. O eso creí.
Lo veo cerrar los ojos. Lo siento quebrarse. Y eso duele más que cualquier cosa.
—Si vives… caerán ciudades —dice, como si se obligara a recordarlo—. Niños. Familias. Gente inocente. No es solo el Imperio… es todo lo que existe bajo su protección. El caos no elige víctimas.
—¿Y yo sí debo ser elegida para morir? —pregunto con una calma que solo existe cuando el alma está sangrando.
La conexión palpita. Se retuerce. Sufre.
Él avanza un paso hacia mí… pero yo retrocedo. Lo veo dolerse por eso. Y aun así no se detiene.
—No quiero perderte —confiesa, con la voz hecha pedazos—. Pero no sé si puedo salvarte… sin destruirlo todo.
Y es entonces cuando lo entiendo:
No duda del Imperio. Duda de sí mismo. Duda de nosotros. Duda… de nuestro corazón compartido.
Y esa es la peor traición. No a mí. A lo que somos.
—Entonces dilo —susurro, con lágrimas quemando mis ojos—. Dime que, si llega el momento… me entregarás.
Elián tiembla. Su alma tiembla. Nuestro vínculo… se rompe un poco.
—No sé qué haré —admite.
Y eso me destruye.
Las lágrimas caen. No por miedo. Por dolor. Porque lo amo más de lo que debería… Y ese amor es una amenaza.
—Gracias por ser honesto —respondo, aunque cada palabra duele—. Pero no puedo vivir pegada a alguien que podría ofrecerme al altar cuando el mundo lo pida.
Su rostro se tensa.
—No es tan simple.
—Para mí sí —lo interrumpo—. O luchas conmigo… o soy una carga que tarde o temprano entregarás.
Silencio. Otra herida.
Él intenta tocarme. Mi cuerpo reacciona primero. Duele. Arde. Tira. Porque lo necesito. Porque él es parte de mí.
Pero mi alma retrocede.
—Lyria… —dice, y mi nombre suena como súplica, como oración rota.
—No me llames así —susurro—. No cuando no sabes si algún día serás tú quien me lleve a morir.
Su respiración se rompe. Lo siento quebrarse. Y siento mi corazón sangrar junto al suyo.
El vínculo late… pero ahora late con dolor. Con distancia. Con miedo.
Es el mismo latido. Pero ya no es el mismo corazón.
Nos miramos. Dos personas unidas… y más separadas que nunca.
No gritamos más. No discutimos más.
Porque lo que queda… es peor que una pelea.
Es la certeza silenciosa de una verdad que ninguno quiere enfrentar:
Lo que sentimos es real. Lo que duele es real. Lo que nos une es poderoso.
Pero también puede destruirnos.
Y mientras el mundo afuera se prepara para cazarnos… El peligro más grande ya nos alcanzó.
Está dentro de nosotros.
#1206 en Fantasía
#4818 en Novela romántica
#magia #amorprohibido #rebeldia, #fantasia #romance #drama, #amor #sacrificio #destino
Editado: 08.01.2026