Corazon de Cenizas

Capítulo XI

Por Zafira Ilyren

Nunca pense que escribiria algo que no estuviera dictado mis manos siempre fueron las de una sombra copiando palabras ajenas, trazando líneas que no pertenecen pero desde que entre en el círculo de la reina, me descubrí repitiendo un mismo pensamiento ¿ que sucede cuando las palabras que copiamos ya no bastan ?. A partir de entonces, empecé a escribir dos veces cada historia:
La que ocurrió…
Y la que servía.

La primera se guardaba en mi memoria.
La segunda, en los oídos ajenos.

Era un juego peligroso, pero silencioso.
Nadie se dio cuenta, porque nadie cree que una niña pueda alterar el orden de un pueblo con unas pocas palabras.
Eso era lo que más me protegía: la subestimación. Una noche, mientras me servía de espía de pasillo, vi a un hombre salir del salón prohibido con una expresión que no olvidaré.
No era miedo. Era la certeza de haber perdido algo que nunca recuperará.
Caminó hacia la puerta y, antes de irse, me miró.
Solo me dijo:

"No escuches todo lo que puedas. Elige lo que quieras recordar."

No supe si era consejo o amenaza.
Pero lo tomé como una invitación. Ahora, al recordar esos años, sé que no solo escuchaba detrás de las puertas.
Estaba aprendiendo a convertirme en la voz que dictaría lo que otros escucharan al otro lado. Ese fue mi segundo descubrimiento.
El primero fue que la ceniza se pega.
El segundo… que las palabras también. Y ambas cosas, si se usan bien, pueden marcar para siempre.

No sé por qué lo hice. Tal vez porque, por primera vez, sentí que esas palabras no eran contra ella, ni contra mí. Eran advertencias. Un recordatorio de que todos, incluso los que creemos dictar la historia, somos personajes en la pluma de otro. Esta noche, mientras la reina dormía, abrí mi propia mesa. Escribí lo que vi. Lo que escuché. No con la precisión fría que ella exige en sus crónicas, sino con mi voz, temblorosa, insegura. Y descubrí que esa inseguridad me pertenece más que cualquier juramento de lealtad. No sé si algún día alguien leerá estas páginas. No sé si sobrevivirán a sus hogueras. Pero sé algo: si Seraphine es el fuego que consume, yo seré la ceniza que se escurre entre sus dedos. Invisible, sí. Pero imposible de atrapar.

Creí que con guardar aquel fragmento bastaría, que la reina nunca lo sabría. Pero anoche, mientras revisaba mis notas, encontré algo que me heló la sangre.

Un pergamino nuevo, oculto entre mis propios papeles. No llevaba sello ni marca, pero la letra… la letra era mía.

No recuerdo haberlo escrito.
No en vigilia. No en ningún momento.
Y, sin embargo, el trazo era idéntico, hasta en las pequeñas imperfecciones de mis curvas y la forma en que tiembla mi pulso al terminar una frase.

Decía:
“Zafira , tú no eres escriba ni eco. Tú eres la grieta. Y cuando llegue el momento, no copiarás a la reina… la corregirás.”

Lo sostuve tanto tiempo que la tinta se corrió con el sudor de mis dedos. Quise quemarlo, pero algo me detuvo. Porque, al leerlo en voz baja, sentí que no era advertencia. Era profecía.

Hoy miré a Seraphine de otra forma. Mientras dictaba decretos, mientras los generales sentían con obediencia ciega, yo me preguntaba si ella notaba el cambio en mi respiración.
Si podía oler la duda en mí.

No lo mostró.
La reina nunca muestra nada.

Pero por un instante, cuando sus ojos se clavaron en los míos, tuve la sensación de que sabía lo que escondía.
Y me sonrió.
No como soberana. No como maestra.
Me sonrió como quien observa a un aprendiz dar su primer paso en falso… y espera el segundo para empujarlo.

Esta noche guardó el pergamino en el doble fondo de mi cofre, junto al fragmento que rescaté de las llamas. Dos piezas de un rompecabezas que empieza a trazarse a mí, no a ella.

Me pregunto quién lo escribe.
¿Un enemigo?
¿El mismo enjambre de narradores que desafía a la reina?
¿O acaso soy yo misma, un estado del que no tengo memoria?

No sé la respuesta.
Solo sé que el fuego de Seraphine me parece menos temible que esta tinta que lleva mi nombre.

Y si mañana descubren lo que guardo, no habrá salvación posible para mí.
Pero tampoco para ella.



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En el texto hay: herencia, secretos, escritura

Editado: 30.11.2025

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