Corazon de Cenizas

Capítulo XVII

Por Seraphine Vale

He aprendido a reconocer la traición mucho antes de que intente respirar, no porque los hombres sean torpes, sino porque la tinta siempre habla más que las bocas, los escribas que sus manos obedecen, que la caligrafía no delta intenciones pero yo sé leer entre las líneas, en los espacios , en los intenciones y ahora, Zafira ha empezado a escribir demasiado bien. Los pergaminos llegaron a mi al anochecer, frescos aún, la tinta húmeda, relatos de mi avance de himnos dictados, listas de nombres y ofrendas , todo en orden , todo demasiado en orden, pero al mirar más cerca, vi lo que ella pensaba ocultar: pequeños trazos dobles, letras inclinadas donde no deberían , márgenes que respiraban distinto. Un segundo relato invisible para quienes solo leen lo que quieren ver.

“ Las que se arrodillan lo hacen con miedo, no con fe.

La ceniza es símbolo, pero también herida y las heridas , si no sanan , sangran otra vez. “

Sonríe.

No porque me sorprendiera es que al fin la niña había dejado de imitar y empezaba a crear, no la enfrenta de inmediato la observe como quien espera su víctima la deje escribir más , dejar migajas , construir un eco paralelo en mis crónicas. Una parte de mi admiraba la audacia, la otra parte la más vieja y fría ya planeaba cómo usarla.

¿Traición? Quizás.
¿Valor? Sin duda.
¿Útil? Absolutamente.

Porque cada palabra que ella cree esconder es, en realidad, otra página de mi historia.Una noche la encontré despierta, iluminada solo por la llama temblorosa de una lámpara.
El pergamino se extendía frente a ella, y sus dedos estaban manchados de tinta hasta los nudillos. No levantó la vista cuando entré. Sabía que estaba allí.

—Mi reina —dijo, con un hilo de voz—, ¿alguna vez tuvo miedo de ser olvidada?

Me acerqué, lenta, como se acerca la ceniza a la llama.

—No —respondí—. Porque aprendí a escribir mi nombre incluso en las gargantas de mis enemigos.

Zafira tembló.
Pero no apartó la pluma.

—¿Y si un día alguien escribe otra versión? —se atrevió a preguntar.

Me incliné sobre ella.
Tomé la pluma de su mano.
Y con un trazo rápido, manché el pergamino con un símbolo que parecía una corona rota.

—Entonces —susurré—, me aseguraré de que lo firmen con mi sangre.

No la castigué. No aún.
El miedo absoluto no engendra crónicas, engendra silencio.
Y yo prefiero relatos, aunque respiran veneno. Así que la dejé seguir escribiendo.
La dejé creer que escondía mensajes entre las letras. Porque, al final, toda sombra necesita una luz que la proyecte. Y en este imperio, esa luz… soy yo.

Kael entró más tarde, el cráneo aún entre sus manos, y miró el pergamino manchado.

—¿Es suyo? —preguntó.

—Todo lo que se escribe lo es —le respondí.

Él asintió.
Zafira no levantó la cabeza.
Y yo sonreí.

Porque, aunque ella crea que escribe en mi contra, no hace más que cumplir con lo inevitable:
La historia es mía, incluso cuando otros intentan arrebatarle.

Yo no temo a la traición escrita.
La necesito.
Es la tinta más oscura, y con ella, mis páginas brillan más.



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En el texto hay: herencia, secretos, escritura

Editado: 30.11.2025

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