Por Seraphine Vale
Kael siempre fue demasiado quieto para ser un niño sus ojos ,demasiado viejos para un rostros tan joven, cuando los demás corrían por los patios con espadas de madera, él se quedaba a mis pies, observando. Nunca pedía, nunca preguntaba solo miraba. Yo creí que esa quietud era la fe y la devoción que tenía ahora empiezo a sospechar que era otra cosa, una palabra que pocos recuerdan la esperanza. Una mañana, lo encontré en la torre, mirando hacia el horizonte el cráneo que me había ofrecido seguía en sus manos, pero ya no lo sostenía con devoción, sino con el mismo gesto con el que un hombre carga una piedra demasiado pesada.
— ¿ Qué ves?— le pregunté.
— Nada.
Solo hay humo en otras tierras.
— Eso siempre ha estado ahí.
— Si su voz se quebró un instante– Pero ahora pienso que quizás nunca deje de estarlo. Lo observé en silencio, la ceniza le cubría la frente, como si ya llevara mi marca incluso antes de elegir.
— Eso es el destino
El no respondió pero sus manos apretaron el cráneo, como si quisiera romperlo. Susurra palabras que no eran plegarias nombres que ya había mandado a ahorrar historias que él no debía conocer y aún así estaban en su lengua va a ser que lo desperté con un toque en la frente suave como en una pluma que cae en su frente pero con mis manos.
— Soñabas.
Él me miró, todavía perdido entre el sueño y la vigilia.
— Soñaba que usted no era reina.
Como solo era mujer y que yo podía elegir me incliné sobre él le acaricie el cabello con una ternura que era, en realidad, un cuchillo envainado.
— Los sueños son ceniza, Kael. — se deshacen apenas respiras. Pero en sus ojos vi que no me creía.
Al día siguiente , lo llevé conmigo al tribunal improvisado en Veltrax. Allí un grupo de prisioneros esperaba sentencia hombres que habían escondido pan mujeres que habían rezado dioses prohibidos nada grave no hay irreparable pero frente Kael lo hizo arrodillarse.
— Elige– Le dije.
— ¿ Qué debo hacer?
— Decidir
¿ Quién vive? ¿ Quién muere?
Su respiración seguía agitada las miradas de los prisioneros se clavaron él como una daga por primera vez Kael entendió lo que era cargar una corona, aunque fuera prestada finalmente, señalo a una mujer temblaba y sin decir palabra , uno de mis guardais la ejecutó el niño lloró pero no grito.
— ¿ Por qué ? — Le pregunté.
— Porque me miró— Susurro.
Lo abrace, no por compasión sino porque quería recordar que incluso en sus lágrimas estaba dentro de mi historia. Esa noche volvió a soñar y otra vez habló en su sueño sabes no susurró nombres borrados sino palabras nuevas.
— Un día alguien escribirá distinto alguien me escribiera distinto.
Lo escuche desde las sombras y sonríe porque Kael no lo sabe aún pero incluso su rebelión será mía incluso su traición, cuando llegue, llevara mi firma la ceniza no distingue entre ofrenda y fuego. Todo arde igual y Kael ya empezó a encenderse. Kael nunca habla demasiado. Esa era su fuerza y también su debilidad. Los demás niños repetían mis himnos, jugaban a imitar mi voz en las plazas, portaban coronas torcidas en trozos de tela; él no, él no. El sol observaba como si cada palabra que no decía quedará grabada en alguna parte más profunda que la carne. Yo lo tomé por devoción; ahora piensas en sospechar que el silencio, la esperanza, aún es fallido. Una tarde lo encontré en la sala del fuego contemplando las brasas que ahora repitan en la chimenea el cráneo su ofrenda su estandarte descansado sobre sus rodillas pero no lo sostenía con reverencia contenida como si quisiera hacerlo añicos entre sus manos delgadas.
— ¿ Qué piensas? — le pregunté, apoyándome en el marco de piedra.
— Que este cráneo no habla
— No necesita hacerlo es un símbolo y los símbolos no discuten, ordenan
Alzon la mira hacia mí, sus ojos no eran los de un niño, eran pozos , oscuros y hambrientos.
— Pero yo sí hablo.
Y no quiero que le digas se pierden su sombra un silencio cayó entre nosotros más pensado que cualquier sentencia esa noche lo hizo soñaron sus flayo se movían y las palabras se escapaban con dificultad como si luchará para nacer.
—Un día… no seré su emblema.
Un día… seré mi propia historia.
Me acerqué lenta podría haber despertado podría haber callado con un dedo pero no lo hice porque los sueños de los niños son como brazos escondidas se encienden mejor si se las dejan respirar y a veces una reina necesita fuego.