Por Zafira Ilyren
La tinta ya no obedece. Lo descubrí la primera vez que vi que mi mano tembló sobre el pergamino. En lugar de borrar el trazo torcido, lo dejé torcido, dejé que secara, no lo dejé corregir. No era un error, era una señal. La reina cree que sus palabras fluyen limpias a través de mí, cree que soy su canal, un espejo dócil. No sabe que cada espejo puede quebrarse desde dentro.
Esa noche, los generales se reunieron en secreto, no en la sala secreta, sino en las bodegas húmedas donde antes almacenaban granos. Yo estuve allí, no porque me invitaran, sino porque nadie vigila a un escriba. Aún escribiendo, los escuché murmurar nombres que ya no eran pronunciados en público, promesas susurradas como las dadas en escondidas. Uno de ellos, el más viejo, habló con una mirada penetrante.
— Juramos cenizas.
Hoy rompo este juramento prefiero morir con mi nombre que vivir bajo el suyo. Nadie aplaudió, nadie lo contradijo, el silencio fue su pacto. Yo lo escribí todo en mi mente y al regresar, cuando puse la pluma el pergamino oficial, lo escondí en la entre las curvas y los márgenes, la reina leería himnos de obediencia pero quien supiera mirar…. encontraría el juramento roto. Algunas noches pienso en lo que ella me dijo. “ Nadie narra a la reina sin volverse parte de su historia” . Quizás tenga razón, quizás yo ya esté marcada pero ¿ qué importa? la ceniza se ahoga si la respira demasiado tiempo y yo quiero volver a respirar. Vi a Kael esa misma noche estaba sola, en el pasillo de piedra, abrazando ese cráneo maldito como si fuera un hermano, sus ojos estaban enrojecidos, pero no de llanto de rabia. —¿Sabes lo que escribes? —me preguntó, con voz grave.
—Lo que debo —respondí.
—No.
Lo que eliges.
Lo que eliges me quedé en silencio el niño que había entregado huesos ahora me miraba como si supiera leer los míos y en ese instante comprendí. El también estaba empezando a ver las grietas no se cuanto durará esta farsa quizás mañana me descubran, quizás la reina me quede viva en la plaza, pero hoy, por primera vez en años , siento que escribo para algo más que para su gloria. Hoy escribi para que quede constancia de que hubo quienes no se arrodillaron de que hubo quienes supieron dudar y de que incluso en el imperio de la ceniza hubo palabras que ardieron más que fuego.