Corazon de Cenizas

INTERLUDIO

A los catorce años encontré m i primer mapa no estaba hecho de papel encerado ni de líneas rectas marcando ríos y caminos. Era un mapa de carne y huesos trazados en deudas y favores lo descubrieron en dentro de una caja de madera sin cerradura era extraño que algo tan valioso no estuviera protegido pero aprendí pronto que las cosas más peligrosas no necesitan candado porque nadie se atreve a tocarlas dentro había hojas sueltas cartas viejas recortes de pergaminos con palabras incompletas no serían una orden aparente pero junto formaban un patrón algunos nombres están repetidos otros tachados con tinta oscura y junto a cada uno hay un símbolo una llave una espía una daga un sol no entendí su significado Exacto pero supe que está enfrente a algo más que una lista era un mapa de influencia de quien debía favorecer Y a quién de quién tenía poder y saber quién lo ejerce. Pasen noches enteras en el desván extendiendo las hojas sobre los suelos como si fueran piezas de un rompecabezas. Aprendí que no todos los caminos se trazan en tierra; algunos se dibujan promesas y amenazas. Un símbolo de llave junto a un hombre significaba eso: una espiga, dependencia de alimento; una daga, bueno, la daga, Fácil de entender, pero lo que más me fue, las soles no aparecían juntas, nombres poderosos, sino junto a personas corrientes; quizás eran testigos, quizás piensas que aún no habían aprendido que estaban en el tablero. Empecé a usarlas: un favor aquí, un rumor útil allá. Un detalle que parece insignificativo, pero me movió a una pieza clave, y vi cómo poco a poco personas que no me debían nada empezaron a inclinarse. Cuando pasaba, no sabía que yo estaba haciendo un mapa invisible y ellos solo veían coincidencias. Una tarde, mientras se organizaban las hojas, encontré algo que me heló la sangre: mi propio apellido estaba allí, no junto a un símbolo, sino escrito en mayúscula, subrayado dos veces; al lado, una nota que decía “aún sabe lo que debe”.Me quedé mirándola largo rato.
No sabía quién había escrito eso ni cuánto tiempo llevaba allí.
Pero entendí que, en ese tablero, yo también era una ficha… y todavía no había decidido si quería jugar. Esa misma noche, mientras cenábamos, observé a mis padres.
Las conversaciones se sucedían como siempre, llenas de frases vacías y gestos calculados. Pero en mi cabeza, cada palabra que decían se conectaba con un nombre en mi mapa. No podía dejar de verlo: las relaciones, las alianzas, las tensiones.
Era como si alguien me hubiera dado un nuevo par de ojos. Pasé meses completando huecos. No escribía nada nuevo en las hojas, pero en mi memoria las piezas empezaban a encajar. Descubrí que el mapa no era estático. Cambiaba con cada deuda saldada, con cada favor cumplido, con cada enemigo vencido. Una noche, mientras revisaba por enésima vez el orden de las cartas, encontré una inscripción diminuta en la parte trasera de una hoja:

“Cuando conozcas todos los nombres, podrás borrar el tuyo.”

No sabía si era una promesa o una advertencia. Pero desde ese momento, tuve claro que quería conocerlos todos. Porque solo así podría decidir si quería borrarme… o convertirse en el nombre que todos temieran pronunciar.



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En el texto hay: herencia, secretos, escritura

Editado: 30.11.2025

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