Por Seraphine Vale
El silencio de la sala describe siempre me ha gustado no es Paz es disciplina el roce constante de plumas contra pergaminos la respiración contenida de quienes saben que una letra mal trazada puede costarles la lengua ese día Entré sin avisar las llamas de las lámparas apenas iluminaba los muros y entre las sombras vi a mi querida escriba Zafira inclinada sobre la mesa, escribiendo como si estuviera huyendo. Su mano no descansaba, su espalda apenas respiraba.
— Trabajas como si el tiempo te persiguiera.
Ella levantó la vista no se sorprendió, eso me molestó más que si hubiera temblado.
—El tiempo siempre persigue, mi reina. Solo algunos lo escuchamos.
Una respuesta avanzada, pulida, demasiado pensada. Me acerqué y tomé el pergamino; a un húmedo, las letras brillaban con esos negros recién nacidos que siempre huelen un poco a hierro. Era un himno a otra repetición de mi gloria, pero entre las líneas, los trazos tenían la candencia de buen pulso, distinto.
—Escribes bien —murmuré—. Tan bien, que casi parece que la pluma es tuya, y no mía.
Vi cómo se le tensaron los dedos quiso decir algo pero cayó el silencio puede ser defensa pero mi salsa también es confesión. —Dime, Zafira —continué, dejando el pergamino sobre la mesa—. ¿Alguna vez has escrito algo que no fuera para mí?.
Use uno de duda Pero es un parpadeo Pero yo lo vi
— No, mi reina
Sonreír una sonrisa lenta hecha el cuchillo envuelto en seda que puedes tirar veneno en cualquier momento.
—Qué alivio.
Porque sería una lástima descubrir que tu talento busca otros altares.
Me incliné hacia ella, lo bastante cerca como para que sintiera el calor de mi voz en su oído.
—Recuerda, niña: las palabras pueden levantar imperios… o pueden enterrarlos.
Y yo siempre sé dónde están las palas.
Me retiré sin esperar respuesta.
A mis espaldas, escuché su respiración entrecortada, como si se debatiera entre soltar un grito o contenerlo en la garganta.
No hizo ninguna de las dos cosas.
Ese fue su error.
Esa noche mientras mis escribas dormía regrese sola a la sala Es sentir una lámpara y volví a leer súper pergaminos habían trazos que parecían inocentes pero yo sé que cada sombra tiene dueño Zafira cree que sus letras están a salvo Zafira cree que me engaña. qué dulce. Qué dulce será verla comprender demasiado tarde que incluso sus palabras escondidas también me pertenecen .