¿Quién no diría que esta historia iba a empezar en donde terminó, o en donde comenzó la maldición? Es increíble cómo la vida nos lleva a caer en el mismo hoyo una y otra vez. Cómo después de creer que estás bien, te llega la tormenta otra vez.
Él pensaba —Adrián de 24 años, yo Diana de 30— que iba a perdonarle todo con simplemente volverlo a ver. Se le hacía tan fácil que podía tapar el sol con un dedo; que era tan sencillo olvidar todo, cada dolor, cada lágrima, cada sensación de dolor y angustia en mi mente. Que la podía borrar con tan solo su apariencia y con un chasquido todo se iba a olvidar y todo se iba a ir. No sé en qué mundo vive, pero generalmente los adictos viven en un mundo que no existe. No viven en el mundo real; viven en un mundo lleno de fantasías, en un mundo que no es verdad, en un mundo que es incapaz de perdonar, en un mundo en el cual son manipuladores y su placer es a base de manipulación. Son los maestros en engaño, son los perfectos ilusionistas.
Me acuerdo que hace años lo conocí en el mismo lugar donde lo volví a ver. Simplemente, al igual que la primera vez, no pensé que lo volvería a encontrar ahí, o simplemente no le di importancia. No me quedaba de otra. Como la primera vez, tenía que ir, mi padre siendo médico y médico de los adictos.
La primera vez que lo vi hicieron una fiesta para celebrar ciertos años de ese anexo y es muy fácil: yo no quería ir. Sentía una sensación en aquel entonces que no podía explicar y que tampoco puedo ahora olvidar; una sensación que no podía yo decirle a nadie porque nadie me iba a creer. Me sentía desesperada, ansiosa, con una sensación de que no debía yo asistir a ese lugar. Simplemente no debía asistir, pero asistí porque a última hora, al yo vivir con mis padres siendo madre soltera, tenía que apoyar a mi padre porque éramos familia, y la familia se apoya en todos los aspectos. Entonces fuimos como apoyo, y ahí lo conocí.
Es increíble cómo el diablo se viste de ángel ante nosotros. Es increíble: las personas que piensan que el diablo no existe están totalmente equivocadas. El diablo existe y se nos disfraza para tentarnos, al igual que un famoso vampiro de una saga de libros muy buena que aparece con apariencia bella para tentarnos; no está tan lejano de la realidad. Así apareció: alto, güero, de nariz respingada, labios gruesos, ojos color miel, pelo negro, vestimenta moderna, chaqueta, pantalón de mezclilla... apariencia ruda, espaldón, manos grandes. Es increíble cuando estás enamorada de alguien: lo ves perfecto en todo lo imperfecto que es, tanto físicamente como emocionalmente. Es increíble cómo Cupido nos ciega por completo y nos impide totalmente abrir los ojos a la realidad. Es verdaderamente increíble.
Yo le eché miradas y nunca voy a olvidar que en cada mirada sentí una sensación, una desesperación de quererlo conocer desesperadamente, y no me volteaba a ver, no me volteaba a ver. Era una sensación... Cuando me paré y nos íbamos, yo estaba buscando antes de irme una pluma. Tenía que pedirle su número, y yo no soy así de aventada; yo soy muy tímida y muy reservada, y con él fui otra: una decidida a luchar por el amor. Las personas juzgarán esta forma, pero pues eso es simplemente lo que yo sentí en el momento; esa desesperación, esas ganas de saber... al igual que no me llevaron a nada.
Cuando cruzamos un segundo la mirada le sonreí, pero obviamente sabían de quién era hija. El miedo no podía tratar de responder o simplemente tal vez su mente estaba maquinando la posibilidad de atreverse o no atreverse. Siempre lo voy a decir, y porque me lo dijo su madre: yo fui su boleto de salida, fui su cheque en blanco. Un cheque en blanco que, cada vez que nos veíamos, ponía la cantidad que él quería.
Es increíble lo mucho que me arrepiento, lo mucho que lo odio. Lo odio precisamente por tenerlo en la cabeza 24/7. Es una maldición de la cual no puedo escapar. Sus sombras me siguen en las noches, sus sombras me siguen en los sueños, no lo puedo evitar. Es una marca impregnada a la fuerza en el corazón de la cual no puedo quitarme, y que quiero quitarme.
Después nos empezamos a citar, empezó a venir a mi casa. ¿Qué puedo describir más que cometí el error de entregarme a él? Cometí el error de pasar una noche con él; nos dejamos llevar en la bodega de mi casa en una de las primeras venidas a visitarme. De ahí quedé embarazada y ahí empezó un tormento. Se le dio oportunidades para que viniera a enmendar, a tratar de tener una vida diferente, en la cual falló una, dos, tres, cuatro veces, hasta que lo corrí yo.
Pasaron siete años cuando volvió a cumplir el anexo de nuevo año, y teníamos que asistir entre tantas cosas que habían pasado. La última vez que me mandó mensaje fue un:
—Hola, ¿cómo estás?
Y yo le dije que yo no tenía nada que hablar con él, que yo no tenía hija con él, que yo jamás tendría una hija con alguien tan asqueroso que le gusta la mierda como un adicto. Lo sé, no me arrepiento; de hecho, lo volvería a hacer y le volvería a decir lo mismo o hasta más cosas.
Y ahora volvía. Teníamos que asistir de nuevo, no podíamos decir no, nada, ninguno de los que vivíamos en la casa, así que fuimos. Íbamos entrando al mismo lugar y todo se me venía a la cabeza, pero yo desconocía los planes que tenía él bajo la manga. Como siempre, su mente maquinando, imaginando planes, planeando, tratando de acomodar las piezas de ajedrez para que todo embonara perfecto, para que se saliera con la suya de manera perfecta. La reina iba aquí, el rey iba al lado y dos peones enfrente. Todo perfecto para su jugada y hacer jaque mate.
Esta historia continuará...
2026 Gabriela González Calette (Gabby Rose Noir). Todos los derechos reservados.
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