Corazón De Fuego

IMPLANTADA

"De todos los poderes mágicos, reales o inimaginables, el amor es el más poderoso”

Mi madre inhaló profundamente. —Hace dieciocho años conocí a tu mentor, VR15. Me dijo que había sido elegida para algo importante. Para un proyecto científico. Analizó a muchas mujeres… y mi material genético era el que buscaba. No hice muchas preguntas. Solo acepté. Quería ser parte del cambio —su mirada se desvió hacia mi padre—. Sé que debí contártelo, amor, pero no podía. Ámbar debía parecer concebida igual que los gemelos y Zarek. Debía aparentarlo.

Mi padre habló con voz rota: —Sé que no me engañarías… pero ¿cuál era ese cambio tan importante como para ocultarlo tantos años?

—Ámbar fue creada en un laboratorio —dijo mi madre con delicadeza—. Diseñada para salvar a la humanidad. Mi respiración se detuvo un segundo. Mis manos comenzaron a temblar bajo la mesa.

—VR15 me llevó a un túnel subterráneo —continuó—. Me hizo poner de pie. Una máquina extraña escaneó mi cuerpo y luego colocó un aparato en mi cabeza. Solo duró un segundo. Después me dijo que estaba lista.

—¿Solo eso? —preguntó mi padre, incrédulo. Después su expresión se relajó un poco.

Sí. Cuando llegué a casa, mi madre me esperaba. VR15 también le contó todo. Renunció al programa para cuidarme durante los meses siguientes. Ella te protegió, Ámbar, cuando yo no podía estar. VR15 le dio todos los libros que debías leer, todo el conocimiento que debías adquirir. Mi madre se encargó de tu educación, de formarte, de protegerte —su voz se quebró de nuevo. Ahora todo encajaba perfectamente, mi abuela siempre supo la verdad y me preparó para eso.

—Ahora tengo un montón de preguntas más —me costaba respirar—. ¿La abuela no renunció al programa porque lo consideraba injusto… sino por mí?

—Es un sí y un no —respondió mi madre con suavidad—. Mi madre siempre odió a los Bloky y todos los cambios que trajo la sequía. Pero cuando llegaste a nuestras vidas, estaba emocionada… y te amaba. Te amaba porque significabas mucho para ella.

Sentí cómo me ardía el pecho. Saber que me ocultaron mi verdadero origen me dolía, pero no por sentirme traicionada... sino porque pensé en lo diferente que habría sido todo. Cuántas cosas se habrían facilitado, cuánto menos me habría sentido extraña, inconclusa dentro de mí misma. En la mesa, mi padre y mis hermanos guardaban silencio absoluto. Podía ver en sus rostros que la noticia los había golpeado fuerte. Para todos era difícil de entender.

—¿Me amas porque soy tu hija… o porque soy esa esperanza del mundo? —pregunté con el corazón hecho un nudo. Temía ser solo un propósito, una herramienta, una misión.

Mis hermanos aguantaron el aliento. Todos esperaban la respuesta.

Mi madre se acercó más.

—Te amo porque eres mi hija. Estuviste dentro de mí. Te sentí crecer. Me dolería el alma si algo malo te pasara. Eres mi tesoro, no por ser poderosa… sino porque eres parte de mí. Mi sangre. Mi corazón —nos miró a todos—. Los amo a todos por igual.

Y supe que decía la verdad.

—No cuestiones nada de eso, Ámbar —dijo Zarek con una sonrisa dulce—. Eres mi hermana. Nada de esto cambia quién eres para mí.

—Yo soy tu padre —añadió mi papá—. Y te he amado desde siempre.

Reímos entre lágrimas. El amor que sentí en ese momento fue tan grande que me desbordó. Nunca había sentido algo así en mi vida.

—Gracias —susurré con los ojos llenos de agua—. Yo también los amo mucho. Mis hermanos se levantaron para abrazarme. Era como si nada pudiera salir mal con ellos allí.

—Ahora —dijo mi madre, levantándome el rostro con suavidad—, mantén la cabeza en alto. Eres una heroína. Nos salvarás a todos y por primera vez… sentí de verdad el peso de esa responsabilidad. Ya no era cuestión de encajar. Era cuestión de protegerlos.

Entonces recordé lo último.

—Bueno, hay algo más que quiero decir —me separé del abrazo y miré a mi padre—. Esto va para ti.

—No quiero más sorpresas —dijo él, llevándose la mano a la frente—. Aún estoy intentando procesar tu concepción.

Todos soltamos una carcajada.

—Tenemos mascota. Decirlo fue como abrir la ventana y dejar entrar aire fresco. Irreal. Maravilloso.

Mi padre se quedó en silencio unos segundos, como si dudara haber escuchado bien. Cuando por fin reaccionó, entrecerró los ojos y frunció el ceño de esa forma tan suya.

—¿Cómo que tenemos… qué? —preguntó, mirándonos a todos como si esperara que dijéramos que era una broma.

Yo respiré hondo y asentí. —Papá… ven —le hice una seña con la mano.

Él se levantó con pesada curiosidad, como si el día ya le hubiera dado demasiadas sorpresas y no estuviera preparado para otra más. Pero aun así caminó hacia mí. Mis hermanos hicieron una barrera a su alrededor, emocionados, conteniendo la risa nerviosa.

Fui hasta mi habitación y, con cuidado, levanté la pequeña caja donde Axel dormía, enroscado como una bolita tibia. Su cuerpo subía y bajaba con respiraciones suaves y desacompasadas.

El hipo ya se le había pasado. Me giré hacia mi padre, sosteniendo la caja entre mis brazos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.