Corazón de León [serie Gold Pride 1]

Capítulo 41

 

Su corazón bombeaba con miedo, mientras veía a Trent cerrar la herida de bala en la pierna derecha de Alexander, Tanya cerraba el vendaje sobre la otra herida en el hombro derecho. Gala sostenía la mano del león con fuerza, porque aparentemente la anestesia local no era suficiente para amainar los dolores.

Los leones de características sociales, estando bajo estrés, necesitaban del contacto más que nunca para evitar transformarse. Alexander se veía bien, sin embargo, solo sus venas sobresalían contra su piel dorada, el sudor bajaba de a gotas por su frente y cuello, pero a pesar de este pésimo momento, la confusión de los hechos, aún mantenía una suave expresión.

Incluso al haber sido lastimado por una persona de su máxima confianza, Alexander seguía cuerdo.

Tanya no podía decir lo mismo de los demás...

—Mierda, eso se ve mal —dijo Alex, levantando un poco la cabeza para ver su pierna manchada de sangre, torció sus labios en una línea tensa en la última puntada—. ¿Qué rayos tiene el tigre? Si necesitaba dinero, bien podría haberlo pedido.

Los tres curadores se miraron entre si.

—Oh, conozco esa mirada.

—Callate —Gala cubrió la mano de Alex con las dos suyas—. Conserva tus fuerzas.

Una media sonrisa, y el león descarado estaba buscando otra vez quemarse en la indiferencia de Gala.

—No me trates como si estuviera muriendo. —Un quejido de dolor—. Solo estaré rengo por unas semanas, ¿es así, doc?

—Huh..., un mes para ser exacto.

—Rayos..., pero supongo que podré seguir en la cocina, ¿no?

Gala buscó la mirada de Tanya.

—Ehm..., sería mejor para tu recuperación que descanses y te muevas lo menos posible.

Alexander dirigió sus ojos azules al techo de la sala de comunicaciones, y luego soltó un bufido.

—Tengo ganas de quitarle las rayas del pelaje al maldito tigre... ¿Qué ha pasado con él? Supongo que le darán cacería.

—Sí —Trent comenzó a vendar la pierna—. Joey, Patrick, y todos los demás gatos salieron a buscarlo, probablemente lo encuentren antes que la policía.

—Trent.

—¿P-policía?

«Ay..., no debió decir eso»

—Ya terminamos, hay que llevarte a tu habitación.

—¿Qué tiene que ver la policía en esto?

Trent tenía esa expresión en su rostro, que exhibía los deseos de querer darse un golpe en la cara por su lengua floja. Bien, Tanya pensaba lo mismo, pero ahora la prioridad era dejar a Alexander descansando seguro en su habitación, ya habría tiempo para ponerlo en órbita al respecto de todo este enorme lío.

Después de hoy, la coalición no volvería a ser la misma.

—Hay que llevarte a tu habitación. —Trent pasó un brazo por debajo del cuerpo del león, luego tomó el brazo de Alexander para pasarlo por encima de sus hombros—. Vamos, arriba, apóyate en mi.

Mientras Trent ayudaba a levantar a Alex, Gala y Tanya se ocuparon de guardar los elementos utilizados en los bolsos.

—Tanya, abre.

—Si, claro.

Pero no pudieron poner un solo pie fuera de la sala, pues había un grupo de cinco leonas esperando y apenas vieron al jaguar siendo el soporte de un cocinero vendado, comenzaron las preguntas.

—Es Alex —afirmó una. 

—¿Alex? ¿Qué pasó? —preguntó otra. 

—Escuchamos disparos, ¿están bien? —la mayor del grupo se estiró un poco para poder ver mejor, ya que era más pequeña y estaba detrás de la barrera de tres leonas más altas. 

—Tampoco hemos visto a los demás leones, ¿donde fueron todos?

—Huele mucho a sangre, ¿qué sucedió?

Ambos hombres quedaron en modo ahorro de energía, por lo que Tanya se les adelantó y se puso entre la inmensa curiosidad preocupada de las leonas y los dos charcos de neuronas con patas.

—Chicas..., ehm..., necesito que se dispersen, Alexander estará bien, solo requiere descanso y ahora debe ir a su habitación.

—Oh, claro, lo siento —dijo la primera en hablar, luego les hizo un gesto a sus compañeras. 

—Espera, algo sucede —la mayor giró, elevando un poco su nariz—. Acaban de llegar, pero hay olores extraños. 

—Yo me encargo —Tanya le dio una mirada a Trent, este asintió, comprendiendo—. Chicas, hay que ver de qué se trata. 

A pesar de que tenía a cinco fuertes y poderosas leonas, pareció como si la más protectora fuera ella, a medida que cruzaba el jardín, Tanya tuvo una sensación escalofriante, antes desconocida para ella y sin embargo ahora, parecía abrazarla como una segunda piel. No podía darle un nombre, pero la fuerza que produjo fue bien recibida. 

—Tanya, ¿qué está pasando exactamente? —Preguntó la leona mayor. 

—Sí, las heridas de Alex no fueron por una pelea mano a mano, ¿hubo algún infiltrado? —cuestionó otra a su izquierda. 

—¿Quién podría colarse? 

—Tal vez ese león... 

—¿Joey? 

—¡Basta! —Tanya se impuso, casi soltó la verdad de que el agresor era Nolan, pero al ver al frente no lo creyó necesario. 

La conmoción se podía sentir en la sala principal, afuera el atardecer volvía a las personas que estaban apiñandose en un grupo, presencias sombrías, asustadas, furiosas y por sobre todo, confundidas. El atardecer volvía a ser portador de malas experiencias para estos gatos, la amargura era algo que ella podría tocar con sus sentidos si ella fuera cambiante, al atardecer, se llevaron a su Alfa, al atardecer, fueron atacados por los tigres, perdieron a uno de los suyos, y ahora..., un miembro antes amado y respetado, se convertía en un traidor. 

—Extraños. 

La postura de las leonas cambió apenas salieron de la Casa Matriz, rodearon a Tanya de tal manera que no podía ser capaz de ver con claridad. 

—Permiso..., por favor..., déjenme... 

—Espera, no, quedate atrás, no es seguro. 

—¡Leonas, por favor! 

Tanya empujó su camino a través de la barrera protectora, y se encontró con los ojos dorados de un tigre. Nolan estaba inexpresivo, de rodillas en la graba dura y filosa, tenía sus manos atadas por detrás de la espalda con sogas fuertes y no intentaba liberarse, tampoco estaba tenso, aunque su posición era de alerta. 




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