El sábado por la mañana, el pueblo de San Lorenzo bullía de actividad. El mercado local era una explosión de colores, olores a pan recién horneado y el murmullo constante de los regateos. ISA conducía la camioneta vieja, cargada hasta los topes con las verduras que Alex había ayudado a cosechar con su "eficiencia suiza".
Alex iba en el asiento del copiloto, todavía con las manos vendadas pero con una determinación feroz. Había pasado la noche anterior trazando una estrategia de precios.
—Escucha, ISA —dijo Alex mientras bajaban las cestas en el puesto asignado—. El mercado tradicional es ineficiente. Todos venden al mismo precio, lo que crea una competencia perfecta que destruye el margen de beneficio. Vamos a aplicar una diferenciación de producto.
—Alex, es un mercado de pueblo, no la Quinta Avenida —suspiró ISA, aunque ya se había acostumbrado a sus arrebatos de consultor.
—Precisamente por eso.
Alex tomó un trozo de cartón y, con su caligrafía elegante y firme, escribió: "Tesoro Orgánico de Tierras del Sol - Cosechado a mano bajo estándares de excelencia". Luego, reorganizó las verduras. En lugar de montones desordenados, creó exhibiciones simétricas, agrupando los colores para que fueran visualmente irresistibles.
—¡Buenos días, señora! —exclamó Alex cuando la primera cliente se acercó. Su voz, la misma que usaba para convencer a inversores en Wall Street, ahora tenía un matiz encantador y persuasivo—. ¿Busca usted simples tomates o busca la esencia del sol en su ensalada? Estos han sido seleccionados hoy mismo siguiendo técnicas de optimización que garantizan el máximo sabor.
ISA se quedó boquiabierta. Alex estaba "vendiendo". Y no solo vendiendo, estaba creando una experiencia de lujo en un puesto de madera.
—¿A cuánto están? —preguntó la mujer, fascinada por el despliegue.
—Para usted, que sabe reconocer la calidad, el precio es un 20% superior al del puesto de al lado —dijo Alex con una sonrisa deslumbrante—. Pero le garantizo que el rendimiento de este producto en su cocina será inigualable. Además, si se lleva la cesta completa, le incluimos una consultoría sobre cómo conservarlos por más tiempo.
La mujer, hipnotizada por la seguridad de aquel hombre que parecía un modelo de revista vestido de granjero, no solo compró los tomates, sino que llamó a su hermana. En menos de una hora, el puesto de ISA tenía una fila que daba la vuelta a la plaza.
—¡Alex, estás loco! —susurró ISA mientras cobraba a toda prisa—. ¡Nos vamos a quedar sin mercancía antes del mediodía!
—Eso se llama "exceso de demanda", ISA. Es el momento de subir los precios un 5% adicional —respondió él, guiñándole un ojo mientras pesaba un manojo de zanahorias con una precisión milimétrica.
Incluso Manuel, que estaba en el puesto de enfrente vendiendo quesos, miraba con envidia y admiración. Alex no solo vendía, él contaba una historia. Hablaba del esfuerzo, de la pureza del agua de la granja y de la "visión de futuro" de Tierras del Sol.
Al final de la jornada, la camioneta estaba vacía y la caja de madera de ISA estaba rebosante de billetes. Habían ganado el triple de lo que ISA solía recaudar en un sábado normal.
—Eres un peligro público, Alexander Vance —dijo ISA mientras caminaban hacia una pequeña cafetería en la plaza para descansar—. Has convencido a la mitad del pueblo de que nuestras lechugas son artículos de colección.
—No las convencí de nada que no fuera cierto —respondió Alex, sintiendo un extraño subidón de adrenalina—. Tienes un producto increíble, ISA. Solo necesitabas a alguien que supiera cómo proyectar su valor real.
Se sentaron en una mesa exterior, compartiendo una limonada fría. Por un momento, Alex se olvidó de las vendas en sus manos. Se sentía integrado, útil de una manera que su oficina nunca le permitió.
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Editado: 09.02.2026