La mañana en la colina comenzó con una neblina espesa que envolvía los árboles, creando una atmósfera de ensueño que Alex no quería abandonar. Se despertó con el sonido de la respiración tranquila de ISA a su lado. Por un momento, olvidó que era un hombre de negocios, olvidó las deudas de la granja y el compromiso que lo esperaba en la ciudad. Solo existía ese refugio de mantas y el calor del fuego ya apagado.
Sin embargo, cuando el sol empezó a disipar la bruma, el mundo real volvió a llamar. Al bajar hacia la casa principal, Alex notó que el ambiente había cambiado. No era el silencio pacífico de otros días; era un silencio tenso.
En el porche de la casa, Manuel esperaba con una expresión de preocupación, sosteniendo un sobre de alta calidad, de esos que Alex reconocía a leguas: papel de alto gramaje, sellado con cera, el tipo de correspondencia que solo transportan abogados de bufetes que cobran por minuto.
—ISA, ha llegado esto —dijo Manuel, entregándole el sobre—. Un hombre en un coche gris lo dejó. Preguntó por la dueña de estas tierras. No quiso esperar.
Alex vio cómo el color desaparecía del rostro de ISA. Ella tomó el sobre como si fuera una serpiente venenosa.
—¿Qué pasa, ISA? —preguntó Alex, acercándose a ella—. Si es un problema legal o una deuda, déjame ver. Puedo ayudarte a redactar una respuesta que los deje temblando.
—No es nada, Alex —respondió ella rápidamente, guardando el sobre tras su espalda—. Son... temas de la propiedad. Lindes de tierras, cosas de vecinos. No es asunto tuyo.
—Todo lo que te afecte a ti es asunto mío ahora —replicó Alex con firmeza, aunque sin agresividad—. Sé reconocer un documento legal de alto nivel cuando lo veo. Eso no es un conflicto de linderos entre vecinos, ISA. Eso viene de la ciudad.
ISA suspiró y caminó hacia la barandilla del porche, mirando hacia sus campos. Alex la siguió, sintiendo que un muro volvía a levantarse entre ellos.
—Hay gente que quiere estas tierras, Alex. Gente con mucho más poder del que imaginas —dijo ella en voz baja—. Este lugar es una pieza de oro en un tablero de ajedrez. Ese sobre es solo un recordatorio de que mi tiempo se agota.
—No dejaré que te quiten esto —sentenció Alex. La vena competitiva y protectora que lo había hecho famoso en el mundo de los negocios se encendió—. No sé quiénes son esos tipos, pero yo conozco cómo operan. Sé cómo piensan. Puedo protegerte.
ISA se giró hacia él con una sonrisa amarga que le dolió en el alma.
—¿Y cómo vas a protegerme, Alex? ¿Usando tu apellido? ¿Llamando a tu padre? Recuerda que tú mismo dijiste que tu mundo se dedica a conquistar, no a salvar. ¿Qué pasaría si descubres que los que me persiguen son... de tu propia estirpe?
Alex se quedó callado por un segundo. La pregunta de ISA le dio donde más le dolía. Él sabía que su padre estaba buscando tierras en esa zona, pero nunca había conectado los puntos de que la granja de ISA pudiera ser el objetivo directo. En su mente, el objetivo era la corporación "Tierras del Sol", una entidad legal abstracta, no este pedazo de paraíso con olor a lavanda.
—Yo no soy mi padre —dijo Alex finalmente, su voz vibrando con una determinación nueva—. Si mi familia o alguien de mi nivel está intentando presionarte, yo mismo los detendré. Tengo suficiente influencia para bloquear cualquier movimiento especulativo en esta zona. Solo... confía en mí.
ISA lo miró con una mezcla de ternura y miedo. Si supieras, pensó ella, que tú eres el arma que han diseñado para destruirme.
—Confío en ti, Alex —dijo ella, aunque su voz sonó apenas como un susurro—. Pero a veces la confianza no es suficiente para detener un tsunami.
—Entonces construiremos un dique —respondió él, tomando sus manos—. Pero antes, necesito que dejes de ocultarme cosas. Ese sobre... ¿quién lo envía exactamente?
ISA apretó los labios. Estaba en un callejón sin salida. Si le mostraba el remitente, el nombre de su empresa familiar (que contenía el apellido de su linaje) saltaría a la vista, y Alex uniría los puntos con la mujer con la que su padre quería casarlo. Tenía que ganar tiempo.
—Es un bufete de la capital, "Sánchez & Asociados" —mintió ella con habilidad, usando el nombre de un despacho genérico—. Están representando a un grupo inversor anónimo. Por favor, no nos amarguemos el día con esto ahora. Dijiste que me ayudarías con el riego.
Alex la observó con sospecha por un momento, pero decidió no presionar. No quería romper la paz que tanto le había costado encontrar.
—Está bien. Pero voy a investigar a ese bufete —advirtió él—. Nadie toca lo que es importante para mí. Y esta granja... y tú... son lo más importante que he tenido en mucho tiempo.
Caminaron hacia los campos, pero la sombra del sobre seguía ahí, latente. Alex sentía que una tormenta se acercaba, una que no se arreglaría con un mecánico de pueblo. Y mientras tanto, ISA caminaba a su lado guardando el secreto más grande de todos: que el enemigo al que Alex prometía derrotar era, en realidad, el futuro que su propia familia le había escrito.
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Editado: 09.02.2026