Corazón de Traición — La esposa del enemigo

Capítulo 1 — La Esposa Perfecta

(Pov: Rachel)

Llevábamos cinco meses casados por lo civil.

Cinco meses de firma, de papeles, de una ceremonia rápida en un despacho con un funcionario que sonreía demasiado y un par de testigos que apenas conocíamos. Tyler había dicho que lo importante era estar juntos, que la fiesta podía esperar. Yo había asentado. Había sonreído. Había sido la esposa perfecta desde el primer día.

Pero yo sí quería fiesta.

Quería el vestido. Quería las flores. Quería que la gente levantara las copas y dijera nuestros nombres juntos. Quería la foto oficial, la música, el baile y la sensación de que algo grande y real estaba empezando. Así que insistí. Y Tyler, al final, aceptó.

Ahora estaba lista.

El vestido me quedaba exactamente como lo había imaginado: minimalista, escultural, en tono marfil. Escote de hombros caídos, corpiño tipo corsé y una falda satinada con drapeados y una apertura lateral profunda. El cabello recogido con algunos mechones sueltos. Maquillaje perfecto. Sonrisa ensayada.

Miré mi reflejo en el espejo del salón del hotel y me obligué a reconocer a la mujer que tenía enfrente.

Vanessa estaba a mi lado, ajustándome el velo con cuidado.

—Estás preciosa —dijo—. Tyler se va a morir cuando te vea.

Sonreí.

—Eso espero.

Ella me miró a través del espejo.

—¿Nerviosa?

—Un poco.

No era mentira. Estaba nerviosa. Solo que no exactamente por las razones que ella imaginaba. Llevaba cinco meses siendo la esposa de Tyler Scoot. Cinco meses de desayunos juntos, de mensajes durante el día, de noches en las que él llegaba tarde por trabajo y yo fingía no importarme. Cinco meses de sonreír cuando alguien preguntaba cómo iba el matrimonio.

Y sin embargo, esa mañana, con el vestido puesto y el corazón demasiado quieto, no podía dejar de pensar en lo fácil que se me había vuelto aparentar.

—¿Y él? —Preguntó Vanessa—. ¿Está listo?

—Debería estarlo. Lleva año diciendo que está fiesta es para mí.

Vanessa rio bajito.

—Entonces disfrútala. Te la mereces.

Asentí. Me miré otra vez en el espejo. La esposa perfecta. La mujer que había conseguido al detective antimafia más respetado, al hombre bueno, al que todos admiraban. La que tenía el anillo, el apellido y la vida que muchas envidiaban.

Solo que a veces, en los silencios más largos, me preguntaba cuánto de todo eso era realmente mío... y cuánto era simplemente una versión muy bien construida.

La puerta se abrió. Una de las organizadoras asomó la cabeza.

—Rachel faltan quince minutos. Tyler ya está abajo.

Inspiré hondo.

Quince minutos.

Después caminaría hacia él con una sonrisa perfecta, le diría que sí delante de todos y bailaríamos como si el mundo fuera exactamente como debía ser.

Cinco meses después de firmado el papel... por fin tendríamos la fiesta.

Y yo seguiría siendo, al menos por hoy, la esposa perfecta.

La ceremonia fue exactamente como la había imaginado.

Música suave. Luces cálidas. Tyler esperándome al final del pasillo con esa sonrisa que siempre me había parecido segura. Los votos, el beso, los aplausos, las copas levantadas. Bailamos la primera canción mientras todo el mundo nos miraba. Sonreí hasta que me dolieron las mejillas. Fui la esposa perfecta durante toda la noche.

༻❁༺

Tres días después. Amanecí abrazada a él.

La luz de la mañana se filtraba por las cortinas del hotel. Tyler dormía todavía, con un brazo rodeándome la cintura y la respiración caliente contra mi nuca. Me quedé quieta un momento, escuchándolo. Los últimos tres días habían sido una mezcla extraña de felicidad ensayada y cansancio real: desayunos largos, mensajes de felicitación, una cena con sus compañeros de trabajo, otra con mis amigas, y muchas horas en las que yo sonreía porque tocaba sonreír.

Me giré un poco entre sus brazos. Tyler abrió los ojos despacio y me miró con esa expresión suave que ponía a veces por las mañanas.

—Buenos días, señora Scoot — murmuró.

—Buenos días.

Me besó en la frente y después en la boca, lento, todavía medio dormido. Cuando se separó, se quedó mirándome un segundo de más. Había algo distinto en su cara. No exactamente distancia... pero sí una inquietud pequeña, como si estuviera pensando en otra cosa.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Si. Solo...el trabajo no se detiene ni siquiera en la luna de miel. Tengo que revisar un par de cosas antes de que salgamos.

Asentí. No era la primera vez que el trabajo se metía entre nosotros. Tyler era detective antimafia. El estrés venía incluido en el paquete. Aun así, una pequeña sospecha se me instaló en el pecho. La ignore. Preferí pensar que era solo eso: cansancio, responsabilidad, la costumbre de no desconectar del todo.

—¿A dónde vamos finalmente? —pregunté, cambiando de tema.

Él sonrió un poco y se incorporó sobre un codo.

—Maldivas. Villa sobre el agua. Playa privada. Sin teléfonos... o al menos eso intentaremos.

—Suena perfecto.

—Lo será —dijo. Me acarició la mejilla con el dorso de los dedos-. Te lo prometo.

Me acerqué y lo besé otra vez. Quise creerle. Quise creer que esos tres días después de la fiesta y estos próximos días solo para nosotros iban a ser exactamente lo que ambos merecíamos.

Tyler se levantó de la cama, se estiró y fue hacia el baño. Desde la puerta se giró un momento.

—En un par de horas salimos hacia el aeropuerto. ¿Empacas lo último?

—Sí.

Cuando se cerró la puerta del baño, me quedé mirando el techo.

Cinco meses casados por lo civil. Una fiesta perfecta. Una luna de miel en Maldivas.

Y una pequeña voz en la cabeza que me decía que algo en la forma en que me había mirado esa mañana no terminaba de cuadrar.

La ignoré.

Porque todavía era la esposa perfecta.

Y las esposas perfecta no empiezan a sospechar sin pruebas.

Estábamos terminando de cerrar las maletas cuando Tyler recibió la llamada.



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En el texto hay: mafia, romance, venganza

Editado: 02.10.2026

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