Aylin
Ya no sé cuantas pastillas tomar para el dolor de cabeza, la noche ya ha caído, pero mi mente no deja de recrear todo lo que ha pasado este día, aun las lágrimas se juntan en mis ojos recordando cada cosa, cada palabra, cada gesto suyo. Paso furiosa las manos por mi rostro y miro mi cama, aunque estoy cansada, no sé si pueda dormir, al menos no he tenido que salir de aquí, le he dicho a papá que no me sentía bien así que no tuve que cenar con ella, no quiero verla, tampoco a papá ni a mamá o siento que hablaré y mucho menos a Víctor, Víctor, suspiro al recordar las palabras de este, palabras que solo me confundieron más, ¿él dice estar confundido? ¿Es en serio? Es el hombre que me dijo que no quería ser padre y mucho menos conmigo, bufo y miro hacia la puerta cuando esta se abre.
—Puedes salir ya mismo —digo al ver a Aby —no voy a hablar contigo —sus ojos están rojos y se acerca un poco.
—Aylin perdóname —dice y su voz se corta, solo me quedo mirándola —lamento todo, lo del pasado, lo de ahora —las lágrimas salen de sus ojos y se sienta en mi cama —Aylin.
—¿Por qué lo hiciste? —ella me mira a los ojos
—Celos —admite llorando —sentía celos de ti, de lo enamorada que estabas —llevo una mano a mi boca y aunque no quiero llorar más mis ojos se inundan —Aylin
—¿Celos? —bufo —Aby no sé si pensar que eres ridícula o una mala persona, sal de mi habitación —señalo la puerta —vete ahora o soy capaz de sacarte de aquí y la única razón por la que no dije nada es papá —baja la mirada —él no merece saber la clase de hija que eres.
—Te amo hermana —respiro hondo con sus palabras —pero eres mejor que yo en todo y —Aby se pone de pie —¿qué debo hacer para que volvamos a ser las de antes? ¿Me arrodillo? Te doy mi oficina —sus manos van a mi rostro y parece desesperada —hermana puedes quedarte en esa oficina, es más, tomar el mando de la empresa —sigue llorando y siento ahora lástima —pero no me odies —Aby me abraza —por favor no me odies —pide entre sollozos y solo me quedo quieta mientras ella llora, aunque no quería mis lágrimas también salen. —por favor —rueda sin alejarse —solo perdóname —añade y sin poder aguantar más también la abrazo.
—Aby tranquila
—Fallé sí, puedes pegarme de nuevo, hice mal y me arrepentí luego Aylin, pero —ella se separa de mí —pero tenía miedo de decirte porque no puedo vivir si me odias —me pierdo mirando sus ojos, intentando encontrar la verdad en ellos —Dame otra oportunidad hermana —acaricia mi cabello —por favor —solo asiento con lentitud, ella sonríe y vuelve a abrazarme. —te amo hermana —mis ojos arden y sonrío un poco cuando me mira.
—También te amo Aby —ella sonríe.
—Te juro que no te vas a arrepentir de perdonarme Aylin —comenta mirando mis ojos —seré la mejor hermana y la mejor tía que exista —ella ríe feliz —Aylin —la miro —si papá supiera algo de esto
—Papá no va a saber nada —dejo claro y ella asiente, luego va hacia la puerta, antes de salir me sonríe y solo me quedo mirando la puerta, ha llorado, ha pedido perdón, parece arrepentida y no puedo negar que sentí lástima, pero mi corazón no está tranquilo aún. Tomo asiento en la cama dando un suspiro, a punto de volverme loca, le he dicho que sí, que todo estaba bien, pero ya nada puede volver a ser como antes, ella me traicionó de una forma que jamás imaginé, ya no confío en mi hermana y quizás Víctor tiene razón, el amor a veces ciega, pero la venda de mis ojos ya se ha caído al parecer y mi mente solo me obliga a recordar momentos malos, momentos en los que conocí a una Aby que no sabía que existía, cosas que ha dicho, que ha hecho, cosas que antes pasaba por alto, pero ahora, ahora las recuerdo y aunque quisiera olvidarlas, hay cosas que cuando se rompen, ya no vuelven a ser como antes.
Nuevamente vuelvo a despertarme tarde, pero esta vez, solo me quedaré en la cama, no quiero salir, no quiero ver a nadie y sé que no puedo estar así por demasiado tiempo. Cuando mi pequeña entra a la habitación, sonrío, ella trae una bandeja en sus manos.
—¿Y esto? —la deja sobre la cama y luego viene a mí.
—El abuelo manda, como te sientes mal, ayer no cenaste y hoy no bajaste a desayunar —suspira —dice que debes comer algo y que pasará más tarde a verte —sonrío
—Gracias mi cielo —beso su frente.
—Víctor también preguntó por ti —me tenso por completo —y ayer también lo hizo, pero ya dormías —asiento con lentitud —¿cómo te sientes mami?
—Mejor mi amor —ella sonríe.
—¿Mami puedo preguntarte algo? —sus ojos llenos de curiosidad me miran
—Lo que quieras mi cielo —la pequeña se sienta a mi lado en la cama
—Si encontrara a papá —ruedo los ojos
—Elizabeth
—Solo escucha —ruega mirándome y asiento —si le encontrara —sigo mirándola —¿cómo puedo saber que es mi papá? —respiro hondo.
—Bueno, yo
—¿Es con una prueba de ADN? —cuestiona de pronto sorprendiéndome —vi algo de eso en una novela.
—Así es —hablo un poco confundida
—¿Y cómo se hace una prueba de ADN mamá? —suspiro con sus preguntas.
—Bueno —miro hacia la pared —hay muchas formas, con sangre, un cabello, saliva...
—¿Un cepillo de dientes sirve para eso? —la miro cuando habla y asiento, aunque no sé mucho sobre el tema.
—Si Elizabeth pero
—Descuida —ella se pone de pie —no voy a preguntarte por mi papá, ya no me interesa —alzo una ceja cuando la escucho
—¿ah no? —mi niña mira mis ojos
—Entiendo que todos pueden tener secretos, mami, ese es tu secreto, yo también tengo uno —sonrío
—Elizabeth
—Te quiero mucho mamá —ella me abraza
—Yo también mi amor —cuando iba a decir algo más, simplemente sale corriendo por la puerta y sonrío mientras niego, niños y sus preguntas, que se puede esperar de ellos. Mi sonrisa se borra cuando veo a Víctor deteniéndose en la puerta, nuestra conversación de ayer llega a mi mente, su manera extraña y confusa de decir que estaba confundido con sus sentimientos hacia mí, él entra por completo a la habitación y cierra la puerta, suspiro.