Víctor
Jamás me había sentido tan desconcertado como ahora mientras miro a la pequeña que espera mi respuesta y es claro que no sé que hacer aunque ella parece ya saberlo todo por lo que solo vuelvo a sentarme frente a ella, la cual no deja ni un segundo de mirarme logrando que esté muy nervioso, demasiado porque debo pensar bien lo que diré y estando así como estoy no podré hacerlo.
—¿Te diste cuenta solo porque pedí tu cepillo de dientes? —cuestiono ganándome una sonrisa de su parte porque no he negado nada.
—No —ella niega —además de eso, tienes el cabello rubio, como yo —sonríe —y los ojos azules, como los míos y hay un lunar en tu mano derecha que también está en la mía —miro mi mano, luego la suya y sí —además, eres zurdo y yo también y te gusta la vainilla —sigue sonriendo —como a mí, sin embargo, no la fresa, en los desayunos nunca miras nada que sea de fresa y cuando ríes lo haces como yo y cuando algo no te gusta haces la misma mueca que yo y
—Ya no sigas —pido con un nudo en la garganta, la niña es demasiado inteligente —ya entendí que has estado estudiándome mucho Elizabeth, ¡Dios! —paso las manos por mi rostro.
—Y entendí que mamá no me dice tu nombre porque eres el novio de mi tía, ¿por qué lo eres? —siento las lágrimas en mis ojos
—Pequeña, yo, yo no sabía de ti —no sé ni como explicarme —yo no sabía de tu mamá, no conocía a su familia, no sabía que
—¿me quieres Víctor? —cuestiona rompiéndome el corazón —biológicamente eres mi papá, pero —ella duda —¿quieres serlo? —el miedo está en su voz y mis ojos arden —si dices que no lo entenderé y —sin poder aguantar más la atraigo hacia mí y la abrazo fuerte, ella también me abraza y mis lágrimas salen, la pequeña sabe todo, es mi hija, por Dios, es mi hija y ella lo sabe, como puedo limpio mis lágrimas antes de mirarla dejando mis manos en su rostro.
—Amo —digo intentando que mi voz suene normal —amo ser tu papá —su sonrisa aparece iluminando todo —te quiero mucho pequeña —sigue estudiándome.
—¿Y por qué no me habías dicho nada? —suspiro sin dejar de tocar su hermoso rostro.
—Lo iba a hacer, lo íbamos a hacer —me pongo de pie —pero junto a tu mamá —la miro —si ella supiera que
—Puedo esperar sin decir nada —su idea me gusta y ella sonríe —y hacerme la sorprendida cuando me lo cuenten —debo reír mirando sus ojos —Víctor, ¿vas a casarte con la tía? —niego, niego tan rápido que ella ríe y sigue riendo, entonces solo la abrazo queriendo gritar, pero no puedo porque Aylin no puede saber nada o entonces creerá que le conté todo a la niña sin contar con ella y se enojará demasiado.
Sonriendo llego a la casa de mis padres, ayer no pude dormir nada, Elizabeth sabe todo y estoy que parece que camino en una nube, por lo que sin poder aguantar un segundo más he tenido que venir hasta acá antes de ir hacia la empresa, me da igual que sea bastante temprano, aquí sé que todos madrugan y que todos deben de estar en el comedor por lo que me dirijo hasta ahí.
—¿Vienes a desayunar? —cuestiona papá justo cuando entro, mis hermanos me sonríen pero niego
—En realidad tengo trabajo en la empresa —mi padre ríe
—Debe haber muchas mujeres bonitas ahí —niego cuando mi hermana iba a hablar, lo que menos quiero es que ella me defienda.
—Papá solo vengo a decir algo rápido —él deja de comer y me mira —mañana todos están invitados a cenar en la casa de Aby —las miradas están sobre mí —allí les daré una gran noticia —mis hermanos sonríen mientras mi padre parece pensativo.
—Espero sea la fecha de la boda —comenta y solo sonrío
—Ve y sabrás —sus ojos se entrecierran —no falten
—Ahí estaremos desde bien temprano —afirma Fred con su sonrisa y es que ellos son los únicos que saben por qué es en verdad la cena y hoy debo hablar con Aylin, ella pidió tiempo, pero le diré que hoy hablaremos con Elizabeth y que mañana será con toda la familia y diga lo que diga así pasará porque ya hablé con sus padres y con los míos.
Sigo con mi sonrisa al llegar a la empresa y voy directo hacia la oficina de Aby, solo que a quien veo salir de ahí es a Aylin y la boca se me seca al verla, lleva un hermoso vestido morado que se ajusta a su cuerpo y tiene un bonito escote en frente, mis pies se vuelven pesados y mi cuerpo ignora todo, él solo va hacia ella porque mi mente está en blanco.
—¿Usas esa ropa para ir a trabajar? —pregunto sin poder dejar de mirarla y ella niega.
—Veré a un amigo —mi sonrisa desaparece por completo y miro sus ojos —nos vemos luego Víctor —pasa por mi lado hasta algo nerviosa y solo me quedo quieto como estúpido, ¿un amigo? ¿Vestida así? Siento la rabia correr por mis venas, ¿de qué amigo habla si no conoce a nadie aquí? Me muevo para ir detrás de ella, pero entonces Aby camina hacia mí.
—Hola Víctor —sonríe y es tan raro verla tan normal, solo respiro hondo intentando calmar los celos que tengo.
—Mañana es la cena en donde le diremos a todos que soy el padre de Elizabeth —suelto —ya invité a todos —no le doy vueltas a nada y ella se queda mirando mis ojos, luego suspira y asiente, sigue tranquila, sigue normal y es demasiado raro, hay algo que no cuadra, algo que no me gusta y un mal presentimiento se instala en mi pecho.
—¿Viste a Aylin? —miro sus ojos, olvidé hablar con ella
—Dijo que saldría
—Así es —Aby suspira pasando por mi lado —verá a un amigo, se llama Damiano y tiene una empresa como esta, quiere una sociedad —Aby abre la puerta de su oficina —si me lo preguntas —sonríe —diría que Aylin y ese hombre tuvieron algo —tenso mi mandíbula —y es claro que a ella le gusta —sonríe antes de entrar a su oficina y maldigo por lo bajo.
Los celos me siguen matando y más luego de ver que las horas pasan y Aylin no llega, ni siquiera puedo hacer bien mi trabajo y eso fastidia, miro el reloj una vez más y bufo, ya es tarde y ella aún no está aquí por lo que solo me pongo de pie y salgo de mi oficina sin haber tan siquiera trabajado algo. Llego a la casa y al no encontrarla ahí siento que me volveré loco así que tomo mi teléfono y la llamo, la llamada se cuelga y me quedo mirando la pantalla, ya es de noche y no sé nada sobre ella.