Corazones Bajo Custodia

Capítulo 37: La superficie

Gabriel permaneció despierto más tiempo esa mañana. No del todo lúcido, no completamente orientado, pero sí presente. Los médicos lo revisaron temprano, hablaron de avances favorables, de respuestas más consistentes y de un pronóstico que por fin dejaba de sonar a promesa frágil. Aun así, nadie hablaba de milagros. El cuerpo de Gabriel había sobrevivido a un disparo, a una cirugía y a semanas de silencio. Ahora empezaba la parte lenta: sostenerse en la vigilia, recuperar fuerza, aceptar límites.

Luciana llegó antes de las ocho. Traía el cabello recogido de cualquier modo y una taza de café que apenas había tocado. Cuando entró a la habitación y lo vio con los ojos abiertos, el alivio se le notó entero en la cara.

—Buenos días —dijo suavemente, acercándose a la cama—. ¿Cómo te sientes?

Gabriel tardó un segundo en responder. Hablar todavía le costaba, como si cada palabra tuviera que atravesar una distancia larga.

—Cansado —logró decir—. Pero… aquí.

Ella sonrió y le tomó la mano. Él devolvió la presión con más firmeza que días atrás.

—Emilia entró hoy a clases. Tu mamá la lleva y la recoge. Quiso venir primero, pero le dije que después del colegio. Necesita un poco de rutina.

Gabriel asintió muy despacio.

—Tú… también.

—Yo estoy bien si tú estás mejorando.

Él la miró como si esa respuesta no le bastara, pero no insistió. Aún no tenía energía para discutir.

Poco después entró el médico de cabecera. Revisó monitores, pupilas, reflejos y le pidió a Gabriel que moviera los dedos, que apretara su mano, que intentara levantar un poco el brazo. Algunos gestos salieron mejor que otros. Levantar el brazo le arrancó una mueca de dolor.

—Es esperable —dijo el médico—. Hay daño, debilidad y un cuerpo que estuvo inmóvil demasiado tiempo. Lo importante es que la parte neurológica responde. Hoy vamos a iniciar movilización pasiva más constante. Mañana, si sigue así, evaluamos fisioterapia un poco más activa.

Cuando el médico salió, Gabriel cerró los ojos durante un momento. No dormía. Solo soportaba el peso de estar despierto.

—Laura —dijo de pronto, sin mirar a Luciana—. ¿Qué más saben?

Luciana se sentó a su lado.

—Ruiz cree que puede seguir viva. Hay movimientos raros alrededor del hospital, de la escuela y de la pastelería. Un vehículo oscuro. Preguntas. Mensajes. Nada que cierre el caso del todo. Tampoco nada que nos permita bajar la guardia.

La mandíbula de Gabriel se tensó.

—No quiero… a Emilia expuesta.

—No lo está —respondió ella con firmeza—. No la dejamos sola ni un minuto. Ruiz reforzó vigilancia. Y yo tampoco pienso apartarme.

Gabriel la observó en silencio. En su mirada había gratitud, miedo y una rabia impotente por estar atrapado en una cama mientras el peligro seguía afuera.

—Perdón —murmuró.

—No empieces —dijo Luciana—. No vas a cargar con todo otra vez apenas abras los ojos. Estuviste muerto casi de verdad, Gabriel. Ahora te toca recuperar. El resto lo sostenemos entre todos.

Él no respondió, pero apretó su mano como aceptación a regañadientes.

~~~

Elena llegó cerca del mediodía con un bolso pequeño y el rostro más descansado que en semanas. Al ver a su hijo despierto, se le quebró la compostura solo un instante. Luego se recompuso, le peinó el cabello con los dedos y le habló con firmeza materna.

—Ya despertaste. Ahora vas a comer lo que te digan, vas a hacer la terapia y no me vas a discutir.

Gabriel soltó un sonido que pudo haber sido una risa breve.

—Sí, mamá.

Luciana aprovechó esa pausa para salir un momento al pasillo y llamar a Rosa. La pastelería seguía avanzando: la instalación eléctrica estaba casi lista, habían llegado nuevos utensilios y varios vecinos preguntaban cuándo reabrirían. Luciana dio instrucciones cortas, prometió pasar más tarde y volvió a la habitación. No quería alejarse demasiado.

A media tarde trajo a Emilia.

La niña entró con una energía contenida, como si hubiera ensayado todo el camino para no abalanzarse sobre su padre. Se detuvo junto a la cama, lo miró con atención y sonrió.

—Tienes los ojos más abiertos hoy.

—Sí —dijo Gabriel, con voz baja—. Para… verte mejor.

Emilia le mostró una estampa que le habían regalado en el colegio y le contó, con detalle minucioso, que había sacado bien una evaluación de lectura. Gabriel la escuchaba como si cada palabra fuera un ancla. De vez en cuando respondía con frases cortas. Cada una parecía costarle, pero también sostenerlo.

En un momento, Emilia se puso seria.

—¿Todavía te duele?

—Un poco.

—Entonces no te rías de mis chistes todavía —dijo ella—. Esperamos a que te duela menos.

Luciana soltó una risa suave. Gabriel también, apenas.

Por un rato, la habitación pareció un lugar menos hostil.

~~~

La realidad externa volvió con Ruiz al final de la tarde. El sargento pidió unos minutos y habló sin rodeos.

—Encontramos registros de una señal intermitente cerca de la zona del puerto y otra más cerca del barrio de la pastelería. No es suficiente para una redada, pero sí para confirmar que alguien sigue activo. También revisamos de nuevo el tema del cuerpo recuperado en el mar. Sigue sin haber cierre forense definitivo.

Gabriel miró al techo, frustrado.

—Está viva.

—Puede estarlo —concedió Ruiz—. O puede ser alguien del círculo Mendoza moviéndose en su nombre. En cualquier caso, el riesgo es real. Cuando puedas declarar con más claridad, necesito toda la secuencia del almacén. Mientras tanto, mantenemos protección.

Después de que Ruiz se fuera, el silencio se volvió más denso.

Luciana notó el cambio en Gabriel: esa forma de quedarse demasiado quieto, pensando demasiado lejos.

—No puedes resolverlo desde aquí —le dijo—. No todavía.

—Si algo les pasa…

—Nos va a pasar menos si tú te recuperas —cortó ella—. Escúchame bien, Gabriel. Emilia necesita un padre vivo, no un héroe roto que se arrastra fuera de la cama antes de tiempo. Y yo también te necesito entero. O lo más entero que se pueda.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.