Corazones bajo fuego

Capítulo 3: Cenizas del Pasado

Las llamas consumían los documentos en silencio.

La figura encapuchada observó hasta asegurarse de que no quedara ni una sola prueba.

Luego desapareció entre la oscuridad.

Sin embargo, no sabía que una persona había presenciado todo.

Desde una ventana cercana, Doña Elena vio cómo el fuego iluminaba la noche.

—Llegué demasiado tarde... —susurró.

A la mañana siguiente, el pueblo entero despertó con una noticia alarmante.

Los archivos municipales habían sufrido un incendio.

Valeria llegó rápidamente al lugar.

—¿Qué pasó?

El secretario del ayuntamiento negó con la cabeza.

—Se perdieron décadas de documentos.

Valeria sintió un mal presentimiento.

Cuando entró al edificio, encontró a Diego observando los daños.

—¿Tú también viniste?

—Necesitaba verificar algo.

—¿Y lo encontraste?

—No. Lo que buscaba desapareció.

Ambos intercambiaron una mirada.

Cada vez era más evidente que alguien estaba ocultando algo.

Mientras tanto, Don Ricardo recibió una llamada.

—Los documentos fueron destruidos.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Perfecto.

—Pero hay un problema.

—¿Cuál?

—Valeria y Diego siguen investigando juntos.

La expresión del patriarca se endureció.

—Entonces habrá que separarlos.

Esa tarde se celebró la feria anual del pueblo.

Las calles se llenaron de música, comida y visitantes.

Valeria decidió asistir para despejar la mente.

Lo último que esperaba era encontrarse nuevamente con Diego.

—¿Me estás siguiendo? —preguntó ella.

—Podría preguntarte lo mismo.

—Yo llegué primero.

—Eso no cuenta.

Por primera vez, ambos sonrieron sin discutir.

Durante varias horas recorrieron los puestos de la feria.

Hablaron de sus sueños.

De sus miedos.

De todo aquello que nunca le contarían a nadie más.

Y poco a poco las barreras comenzaron a caer.

Al anochecer, los fuegos artificiales iluminaron el cielo.

Valeria levantó la vista maravillada.

—Son hermosos.

—Sí —respondió Diego.

Pero él no estaba mirando los fuegos artificiales.

La estaba mirando a ella.

Por un instante, sus rostros quedaron muy cerca.

Tan cerca que ambos dejaron de respirar.

Parecía que iban a besarse.

Sin embargo, una voz interrumpió el momento.

—¡Diego!

Era Don Ricardo.

Su mirada estaba llena de furia.

—Ven conmigo ahora mismo.

Diego se apartó inmediatamente.

—Tengo que irme.

Valeria intentó ocultar su decepción.

—Claro.

Más tarde, en la hacienda Ferrer, Don Ricardo golpeó el escritorio.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—Nada.

—Te vi con ella.

—Solo estábamos hablando.

—¡Es una Montemayor!

—No es responsable de lo que ocurrió hace años.

—No sabes de lo que hablas.

Diego observó a su padre.

—Entonces explícamelo.

Por primera vez, Don Ricardo pareció perder la compostura.

—Hay verdades que jamás deben conocerse.

Esa misma noche, Valeria recibió una carta anónima.

No tenía remitente.

Solo una dirección escrita a mano.

Y una frase inquietante:

"Si quieres saber quién mató realmente a tu padre, ve sola."

Valeria sintió que el corazón se detenía.

Porque aquella era la respuesta que llevaba años buscando.

Y sin saberlo, acababa de entrar en una trampa.

Continuará...




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