Las gotas golpeaban las ventanas de la hacienda Montemayor mientras Valeria intentaba comprender todo lo ocurrido.
La noche anterior había cambiado su vida.
Alguien había intentado matarla.
Un hombre había afirmado que su padre fue asesinado.
Y Diego le había salvado la vida.
En la hacienda Ferrer, Diego tampoco encontraba respuestas.
Sentado en su despacho, observaba la carpeta que había logrado recuperar de la mina.
Aunque estaba dañada, algunas hojas seguían intactas.
Justo cuando iba a abrirla, alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Era Doña Elena.
Su expresión era seria.
—Necesitamos hablar.
Horas después, Valeria recibió una visita inesperada.
Doña Elena apareció en la hacienda Montemayor.
—Hay algo que debes ver.
—¿Qué sucede?
Sin responder, la mujer le entregó una fotografía antigua.
Valeria la observó confundida.
En ella aparecían dos jóvenes sonriendo frente a una iglesia.
Uno era su padre.
El otro era Don Ricardo Ferrer.
—No lo entiendo.
—Porque toda tu vida te han mentido.
Valeria levantó la mirada.
—¿Qué quiere decir?
—Alejandro Montemayor y Ricardo Ferrer no eran enemigos.
Eran mejores amigos.
La noticia cayó como un rayo.
—Eso es imposible.
—Yo estuve allí.
—Pero las familias llevan décadas enfrentadas.
—Y esa rivalidad comenzó después de una tragedia.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué tragedia?
Doña Elena cerró los ojos.
—La muerte de una mujer.
Mientras tanto, Diego finalmente abrió la carpeta recuperada.
Entre los documentos encontró un sobre viejo.
Dentro había una carta escrita por Alejandro Montemayor.
Sus manos comenzaron a temblar mientras leía.
"Si algo me sucede, quiero que sepan que Ricardo es inocente."
Diego se quedó inmóvil.
Volvió a leer la frase.
Y después una segunda.
"El verdadero responsable sigue libre."
—No puede ser... —susurró.
Durante años había creído que la enemistad entre ambas familias era real.
Pero aquella carta cambiaba todo.
Esa misma tarde, Valeria y Diego se encontraron en la vieja capilla del pueblo.
Ninguno sabía que el otro también había descubierto parte de la verdad.
—Necesito hablar contigo —dijo Valeria.
—Yo también.
Ambos intercambiaron información.
La fotografía.
La carta.
Los secretos.
Y por primera vez comprendieron algo aterrador.
Alguien había manipulado a ambas familias durante años.
—Entonces mi padre no mató al tuyo —dijo Diego.
—Y el mío no culpaba al tuyo.
El silencio se apoderó del lugar.
—¿Quién hizo todo esto? —preguntó Valeria.
—No lo sé.
—Pero vamos a descubrirlo.
Diego la observó fijamente.
—Juntos.
Valeria sonrió.
—Juntos.
Sin embargo, desde una camioneta estacionada cerca de la iglesia, alguien los vigilaba.
Era el hombre encapuchado.
Tomó una fotografía de ambos.
Y envió el mensaje a un número desconocido.
"Están trabajando juntos."
La respuesta llegó segundos después.
"Entonces es hora de revelar la siguiente pieza del juego."
Esa noche, una misteriosa caja apareció frente a la puerta de la hacienda Montemayor.
Cuando Valeria la abrió, encontró algo que la dejó sin aliento.
Un collar antiguo.
Y una nota.
"Pregúntale a Doña Elena quién es realmente tu madre."
Continuará...
Editado: 22.06.2026