Corazones bajo fuego

Capítulo 7: La Advertencia

Valeria pasó gran parte de la noche observando la fotografía.

La amenaza era clara.

Alguien vigilaba cada uno de sus movimientos.

Y también los de Diego.

A la mañana siguiente, Diego llegó a la hacienda Montemayor.

Valeria le mostró la fotografía.

—La dejaron anoche.

Diego la examinó cuidadosamente.

—Esto fue tomado ayer.

—Lo sé.

—Eso significa que estuvieron observándonos durante todo el día.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Crees que realmente puedan hacer daño a alguien?

—Después de lo ocurrido en la mina, no tengo dudas.

En ese momento apareció Doña Elena.

Su rostro reflejaba preocupación.

—Hay algo más que necesito contarles.

Valeria y Diego intercambiaron una mirada.

Cada secreto revelado parecía abrir diez más.

—¿Qué ocurre ahora? —preguntó Diego.

Elena respiró profundamente.

—Isabel no desapareció sola.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Valeria.

—La noche que desapareció iba con otra persona.

—¿Quién?

Elena dudó.

—Ricardo Ferrer.

El silencio fue absoluto.

Diego quedó inmóvil.

—Eso es imposible.

—Yo los vi salir juntos.

—¿Mi padre conocía a Isabel?

—Mucho más de lo que imaginas.

Antes de que pudieran seguir hablando, un empleado entró corriendo.

—¡Señora Elena!

—¿Qué sucede?

—Alguien entró en el archivo privado de la hacienda.

Todos corrieron hacia la biblioteca.

Los cajones estaban abiertos.

Los documentos estaban esparcidos por el suelo.

Parecía que alguien había buscado algo desesperadamente.

Entre los papeles tirados, Valeria encontró un sobre roto.

Dentro había una carta parcialmente destruida.

Solo podían leerse algunas frases:

"Si algún día nuestra hija descubre la verdad..."

"Prométeme que la protegerás..."

"Ricardo no debe saberlo..."

Valeria sintió que le faltaba el aire.

—¿Nuestra hija?

Doña Elena palideció.

Diego observó la carta.

—¿Quién escribió esto?

Elena cerró los ojos.

—Isabel.

Valeria comenzó a llorar.

Cada respuesta traía nuevas preguntas.

—¿Qué significa todo esto?

—Significa que alguien tenía miedo de que encontraras esa carta.

Esa misma noche, Don Ricardo recibió una visita inesperada.

El hombre encapuchado apareció en su despacho.

—La situación se está complicando.

—Lo sé.

—Están demasiado cerca de descubrirlo.

Ricardo apretó los puños.

—Nunca debieron encontrar esa carta.

—¿Qué hacemos ahora?

El patriarca permaneció en silencio durante varios segundos.

Finalmente respondió:

—Ha llegado el momento de decirle la verdad a Diego.

Mientras tanto, Diego regresó a la hacienda Ferrer.

Al entrar encontró a su padre esperándolo en el despacho.

La expresión de Don Ricardo era diferente.

Por primera vez parecía cansado.

Derrotado.

—Siéntate, hijo.

—¿Qué ocurre?

Ricardo levantó una vieja fotografía.

Una que Diego jamás había visto.

En ella aparecían Ricardo, Alejandro... e Isabel.

Sonriendo juntos.

Como una familia.

—Hay algo que debí contarte hace muchos años.

Diego observó la fotografía.

Y entonces escuchó las palabras que cambiarían todo.

—Valeria no es la única persona que perdió a su madre.

Continuará...




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