El sonido de los motores rompía el silencio de la noche.
Don Ricardo mantenía abierta la puerta del automóvil.
—¡Suban ahora!
Diego miró a Valeria.
—No tenemos tiempo.
Isabel también asintió.
—Por favor, confía en mí.
Finalmente, Valeria tomó una decisión.
Subió al automóvil.
Ricardo arrancó a toda velocidad.
Los perseguidores intentaron seguirlos.
Durante varios minutos, los vehículos recorrieron caminos secundarios y carreteras abandonadas hasta que finalmente lograron despistarlos.
Cuando estuvieron seguros, Ricardo se detuvo frente a una vieja cabaña oculta entre los árboles.
—Aquí estaremos seguros por unas horas —dijo.
Valeria bajó del vehículo.
—Ahora vas a explicarnos todo.
Ricardo asintió.
Por primera vez parecía dispuesto a hablar sin esconder nada.
Dentro de la cabaña, todos se reunieron alrededor de una mesa.
El ambiente era tenso.
Isabel y Ricardo se observaron durante varios segundos.
Hacía veinte años que no se veían.
—Pensé que habías muerto —dijo Ricardo.
—Y yo pensé que tú me habías traicionado.
El hombre bajó la mirada.
—Jamás te habría hecho daño.
Valeria observaba en silencio.
Cada vez era más evidente que la historia que le habían contado toda su vida estaba llena de mentiras.
Ricardo abrió un viejo maletín que había llevado consigo.
Sacó varios documentos.
Fotografías.
Recortes de periódicos.
Y una carpeta marcada con una fecha de hacía veinte años.
—Todo comenzó con Gabriel Ferrer.
Diego se tensó inmediatamente.
—Mi hermano.
Ricardo asintió.
—Gabriel descubrió una organización que operaba en San Gabriel del Valle.
—¿Una organización?
—Sí.
Personas poderosas.
Empresarios.
Políticos.
Gente con mucho dinero.
Isabel continuó.
—Gabriel reunió pruebas contra ellos.
—Y cuando estuvieron a punto de ser descubiertos... lo silenciaron.
Diego sintió rabia.
—¿Por eso murió?
—Sí.
Valeria observó una fotografía que sobresalía entre los documentos.
Había varias personas reunidas en una fiesta elegante.
Una de ellas tenía el rostro marcado con un círculo rojo.
—¿Quién es él?
Ricardo se puso serio.
—El hombre que creemos que dirigía todo.
Valeria tomó la fotografía.
Entonces sintió un escalofrío.
Porque conocía perfectamente aquel rostro.
Lo había visto cientos de veces.
—No...
—¿Lo reconoces? —preguntó Isabel.
Valeria apenas podía hablar.
—Sí.
Diego se acercó.
Y cuando vio la imagen también palideció.
El hombre señalado era alguien querido por todo el pueblo.
Alguien respetado.
Alguien que siempre había parecido amable.
Y lo más aterrador...
Era alguien que seguía viviendo en San Gabriel.
Antes de que pudieran reaccionar, un disparo atravesó una de las ventanas.
¡CRASH!
El cristal explotó.
Todos se lanzaron al suelo.
—¡Nos encontraron! —gritó Diego.
Varios vehículos rodearon la cabaña.
Hombres armados descendieron rápidamente.
Ricardo tomó una vieja escopeta que guardaba en la pared.
—Escuchen con atención.
—¿Qué hacemos? —preguntó Valeria.
—Hay un túnel debajo de esta casa.
—¿Un túnel?
—Fue construido hace décadas.
Los llevará hasta el bosque.
Otro disparo impactó contra la puerta.
La madera comenzó a romperse.
Ricardo miró a Diego.
Luego a Valeria.
Y finalmente a Isabel.
—Si quieren descubrir toda la verdad...
—¿Qué pasa? —preguntó Valeria.
—Deben encontrar el archivo negro.
La puerta comenzó a ceder.
Los atacantes estaban entrando.
Ricardo abrió una trampilla oculta bajo una alfombra.
—¡Vayan!
—¿Y tú? —preguntó Diego.
Ricardo sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Alguien tiene que darles tiempo.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
Por primera vez no veía a Ricardo como un enemigo.
Los tres descendieron por el túnel mientras los disparos resonaban sobre sus cabezas.
Y cuando la trampilla se cerró detrás de ellos...
Escucharon el comienzo del enfrentamiento.
La batalla por la verdad acababa de empezar.
Continuará...
Editado: 22.06.2026