Valeria caminaba junto a Diego e Isabel mientras el eco de los disparos resonaba detrás de ellos.
Cada explosión les recordaba que Don Ricardo se había quedado solo.
—Tenemos que regresar por él —dijo Diego.
—No —respondió Isabel.
—¡Es mi padre!
—Y precisamente por eso debes seguir adelante.
Diego apretó los puños.
Pero en el fondo sabía que Isabel tenía razón.
Si regresaban, todos serían capturados.
Después de varios minutos, el túnel terminó en medio del bosque.
La luna iluminaba los árboles.
Por primera vez pudieron respirar con tranquilidad.
Aunque solo por un momento.
—¿Qué es el archivo negro? —preguntó Valeria.
Isabel intercambió una mirada con Diego.
—Es una colección de pruebas.
—¿Pruebas de qué?
—De todos los crímenes cometidos por la organización.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Y dónde está?
—Eso es lo complicado.
Isabel sacó una pequeña llave que llevaba colgada al cuello.
—Gabriel me la dio antes de morir.
—¿Para qué sirve?
—Para abrir el lugar donde escondió el archivo.
Diego observó la llave.
—¿Y nunca intentaste buscarlo?
—Lo hice.
Pero siempre me estaban vigilando.
De repente, el sonido de un teléfono interrumpió la conversación.
Todos se sobresaltaron.
Era el celular de Diego.
En la pantalla apareció un número desconocido.
Diego respondió.
—¿Hola?
Una voz distorsionada habló desde el otro lado.
—Si quieren volver a ver con vida a Don Ricardo...
Traigan el archivo negro.
La llamada se cortó.
Valeria sintió que el corazón se detenía.
—Lo capturaron.
Diego bajó la mirada.
Por primera vez desde que era niño, tenía miedo de perder a su padre.
Mientras tanto...
En un almacén abandonado a las afueras del pueblo.
Don Ricardo estaba atado a una silla.
Tenía heridas en el rostro.
Pero seguía desafiante.
Frente a él apareció un hombre elegante vestido de negro.
Aplaudió lentamente.
—Siempre fuiste difícil de eliminar, Ricardo.
Ricardo levantó la vista.
Y sonrió con amargura.
—Sabía que eras tú.
El desconocido se acercó.
—¿Después de tantos años aún guardas secretos?
—Más de los que imaginas.
El hombre tomó una fotografía antigua.
La misma fotografía que Valeria y Diego habían visto en la cabaña.
—Tus hijos están cerca del archivo.
—Jamás lo encontrarán.
—Claro que sí.
Y cuando lo hagan...
Nos llevarán directamente hasta él.
Mientras tanto, en el bosque...
Isabel observaba detenidamente la llave.
De repente recordó algo.
Un lugar.
Una frase.
Un recuerdo enterrado durante años.
—Ya sé dónde está.
—¿Dónde? —preguntó Valeria.
Isabel levantó la mirada.
—En el antiguo faro del lago.
Diego frunció el ceño.
—Pero ese lugar está abandonado.
—Precisamente por eso Gabriel lo eligió.
Valeria observó la llave.
Luego el mapa viejo que Isabel llevaba consigo.
Y finalmente el camino que se extendía frente a ellos.
No sabían qué encontrarían en el faro.
Pero sí sabían una cosa.
Las respuestas que habían buscado durante veinte años los estaban esperando allí.
Y también su enemigo.
Continuará...
Editado: 22.06.2026