No había salida.
No había ayuda cerca.
Y no había tiempo.
Diego observó por la ventana.
Al menos veinte hombres armados descendían de los vehículos.
—Nos tienen rodeados.
Valeria apretó con fuerza la libreta roja.
—No podemos dejar que se lleven el archivo.
Isabel asintió.
—Si destruyen estas pruebas, todo habrá sido en vano.
De repente, uno de los documentos cayó al suelo.
Valeria se agachó para recogerlo.
Pero algo llamó su atención.
Era una lista de nombres.
Y junto a cada nombre aparecía una fecha.
Algunos estaban marcados con una cruz roja.
—¿Qué significa esto?
Isabel tomó la hoja.
Su rostro perdió el color.
—Son personas que intentaron exponer a la organización.
Valeria recorrió la lista con la mirada.
Entonces encontró un nombre familiar.
Alejandro Montemayor.
Y debajo...
Otro nombre.
Gabriel Ferrer.
Ambos tenían una cruz roja.
Valeria sintió lágrimas en los ojos.
Aquello confirmaba lo que temían.
Sus muertes estaban relacionadas.
Mientras tanto, abajo...
Los atacantes comenzaban a entrar.
La vieja puerta principal recibió el primer golpe.
¡BANG!
Luego otro.
¡BANG!
La madera comenzó a agrietarse.
—Van a entrar —dijo Diego.
Entonces Isabel recordó algo.
—Gabriel construyó rutas de emergencia.
—¿Qué?
—Debe haber otra salida.
Los tres comenzaron a buscar desesperadamente.
Mientras tanto, en el almacén donde mantenían cautivo a Don Ricardo...
El villano elegante recibió una llamada.
—Señor.
—¿Qué ocurre?
—Ya entramos al faro.
El hombre sonrió.
—Perfecto.
—Pero hay algo más.
—Habla.
—Encontraron el archivo negro.
La sonrisa desapareció.
—Entonces tráiganmelo.
Ahora.
En el faro...
Valeria movió accidentalmente una lámpara antigua.
Y escuchó un clic.
Toda una sección de la pared comenzó a moverse.
—¡Aquí!
Detrás apareció una escalera oculta.
—Gabriel era un genio —murmuró Diego.
Los tres comenzaron a descender.
Pero antes de irse, Valeria miró por última vez la habitación secreta.
Y vio algo inesperado.
Una fotografía.
Era reciente.
Muy reciente.
Aparecía Isabel.
Tomada apenas unos meses atrás.
—¿Cómo es posible?
Isabel la observó.
Y quedó paralizada.
Porque alguien la había estado vigilando.
Durante todos esos años.
Antes de que pudiera decir algo, los atacantes rompieron la puerta principal.
—¡Están arriba!
—¡Atrápenlos!
Los tres descendieron rápidamente.
La escalera los condujo hasta un túnel que salía cerca del lago.
Finalmente emergieron al aire libre.
Pero al llegar a la orilla encontraron algo inesperado.
Una lancha los esperaba.
Y dentro había una persona.
Una mujer joven.
—Llegan tarde —dijo.
Diego frunció el ceño.
—¿Quién eres?
La desconocida sonrió.
—Mi nombre es Sofía Ferrer.
Isabel abrió los ojos de par en par.
—No...
Valeria observó confundida.
—¿La conoces?
Isabel apenas pudo responder.
—Es imposible...
Porque Sofía Ferrer había desaparecido quince años atrás.
Y todos creían que estaba muerta.
Continuará...
Editado: 22.06.2026