Las luces atravesaban la oscuridad.
No había escapatoria.
—¡Agáchense! —gritó Sofía.
Otro disparo impactó contra la lancha.
¡BANG!
Valeria se sujetó al borde mientras Diego intentaba protegerla.
Isabel observaba el agua buscando una salida.
—Nos alcanzarán.
Sofía negó con la cabeza.
—No si llegamos primero.
Aceleró al máximo.
La lancha se dirigió hacia una pequeña isla en medio del lago.
—¿A dónde vamos? —preguntó Diego.
—Al único lugar donde todavía podemos estar seguros.
Minutos después llegaron a la isla.
Entre los árboles apareció una vieja casa de piedra.
Pequeña.
Oculta.
Casi invisible.
—¿Qué es este lugar?
Isabel abrió mucho los ojos.
—No puede ser...
Sofía asintió.
—Aquí me escondieron.
Durante quince años.
Valeria sintió tristeza al escuchar aquello.
Quince años viviendo lejos de todos.
Lejos de su familia.
Lejos de su vida.
Entraron rápidamente mientras las embarcaciones seguían acercándose.
Dentro de la casa había fotografías.
Libros.
Muebles antiguos.
Y algo más.
En una pared colgaba un enorme mapa.
Sofía se acercó.
—Todo está aquí.
Diego observó las marcas.
Había nombres.
Fechas.
Lugares.
Y en el centro aparecía un símbolo que ya habían visto antes.
La esmeralda con alas.
—La organización.
—Sí.
Valeria observó una línea roja que conectaba varios nombres.
Entonces encontró uno que la dejó sin aliento.
Alejandro Montemayor.
Más abajo estaba:
Gabriel Ferrer.
Y junto a ellos...
Otro nombre.
Isabel Salazar.
Los tres aparecían marcados como objetivos.
—Ellos querían eliminarlos a todos —susurró Valeria.
Sofía asintió.
—Porque descubrieron quién era el fundador.
Diego tomó la fotografía del hombre de la cicatriz.
—¿Quién es?
Sofía respiró profundamente.
—Hace años era conocido como Salvador Ortega.
—Nunca escuché ese nombre.
—Porque desapareció.
Valeria observó la fotografía.
Algo le parecía extrañamente familiar.
Muy familiar.
Entonces ocurrió.
Un recuerdo.
Una imagen.
Un retrato que había visto en la mansión Montemayor cuando era niña.
Su rostro perdió el color.
—No...
Diego la miró preocupado.
—¿Qué pasa?
Valeria señaló la fotografía.
—He visto a este hombre antes.
—¿Dónde?
—En casa de mi familia.
El silencio fue absoluto.
—Eso es imposible —dijo Isabel.
—No lo es.
Había una pintura antigua.
Y este hombre aparecía en ella.
Sofía abrió los ojos.
—¿Una pintura?
—Sí.
—Entonces ya lo entendí.
—¿Qué entendiste? —preguntó Diego.
Sofía comenzó a temblar.
—Salvador Ortega no era un extraño.
—¿Qué quieres decir?
La joven observó a Valeria.
Y pronunció las palabras que cambiaron todo.
—Era parte de tu familia.
Valeria sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies.
—No...
—Sí.
Isabel comenzó a llorar.
Porque finalmente comprendía la verdad.
La verdad que había permanecido oculta durante décadas.
La organización no había nacido fuera de los Montemayor.
Había nacido dentro de ellos.
Y si eso era cierto...
Entonces el enemigo no estaba solamente persiguiéndolos.
También formaba parte de su historia.
Afuera, las embarcaciones llegaron a la isla.
Las luces comenzaron a recorrer los árboles.
Los hombres armados estaban desembarcando.
Y por primera vez, Valeria comprendió algo aterrador.
El pasado no estaba regresando.
Nunca se había ido.
Continuará...
Editado: 22.06.2026