Corazones bajo fuego

Capítulo 18: La Llave del Último Secreto

La lluvia comenzó a caer sobre la isla mientras Valeria, Diego, Isabel y Sofía corrían entre los árboles.

Detrás de ellos se escuchaban gritos.

Los hombres armados seguían cada uno de sus movimientos.

—¡Por aquí! —gritó Sofía.

Los cuatro descendieron por un sendero oculto que conducía hacia el extremo norte de la isla.

Finalmente encontraron refugio en una pequeña cueva.

Todos estaban agotados.

Empapados.

Pero vivos.

Valeria seguía sosteniendo la carta de su padre.

No podía dejar de pensar en sus palabras.

"La llave abrirá el último secreto de nuestra familia."

Diego encendió una vieja lámpara que encontraron dentro de la cueva.

—Tenemos que averiguar qué significa.

Isabel observó la llave negra.

—Alejandro jamás dejaba pistas al azar.

Sofía examinó el objeto cuidadosamente.

De repente señaló un detalle.

—Miren esto.

Grabadas sobre el metal había unas letras diminutas.

M.M.

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué significan?

Entonces Isabel abrió mucho los ojos.

—La Mansión Montemayor.

Valeria sintió un escalofrío.

La antigua mansión familiar llevaba años abandonada.

Desde la muerte de Alejandro, nadie había vuelto a vivir allí.

—¿Crees que el secreto está escondido en la mansión?

—Estoy segura.

Mientras tanto...

En el almacén abandonado.

Don Ricardo seguía atado a una silla.

El villano elegante caminaba frente a él.

—Tus hijos son más inteligentes de lo que esperaba.

Ricardo sonrió.

—Eso lo heredaron de sus madres.

El hombre no encontró gracia en el comentario.

—Pronto encontrarán las pruebas.

—Y cuando lo hagan, perderás.

El villano se acercó lentamente.

—No si llego primero.

Entonces sacó un teléfono.

—Preparen todo.

—¿Destino?

Una sonrisa apareció en su rostro.

—La Mansión Montemayor.

Ricardo sintió un escalofrío.

Ahora ambos bandos se dirigían al mismo lugar.

Y eso significaba una sola cosa.

La confrontación final estaba cada vez más cerca.

Al amanecer, Valeria y los demás abandonaron la isla.

Tras varias horas de viaje llegaron finalmente a la vieja mansión.

El enorme edificio permanecía igual que en sus recuerdos.

Ventanas cubiertas de polvo.

Jardines abandonados.

Pasillos silenciosos.

Valeria sintió una mezcla de nostalgia y tristeza.

—Papá...

Entraron.

La casa parecía congelada en el tiempo.

Fotografías familiares seguían colgadas en las paredes.

Y entonces Valeria vio el retrato que había recordado.

El hombre de la cicatriz.

El fundador.

Observándolos desde una pintura centenaria.

—Es él...

Isabel asintió.

—Salvador Montemayor Ortega.

Valeria se acercó lentamente al cuadro.

Entonces notó algo extraño.

La llave negra vibró ligeramente en su mano.

—¿Qué está pasando?

Diego observó el marco.

—Hay una cerradura.

Oculta entre los adornos dorados.

Todos contuvieron la respiración.

Valeria introdujo la llave.

CLIC.

El retrato comenzó a moverse lentamente.

Detrás apareció una cámara secreta.

Y en el centro de la habitación...

Había una caja de acero.

Mucho más grande que la del faro.

Sobre ella estaba escrita una sola frase:

"La verdad tiene un precio."

Valeria dio un paso adelante.

Y cuando abrió la caja...

Su rostro perdió todo color.

Porque en el primer documento aparecía una fotografía reciente.

Tomada apenas una semana antes.

Y en ella aparecía una persona que todos creían muerta.

Gabriel Ferrer.

Continuará...




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