Corazones bajo fuego

Capítulo 20: El Regreso de Gabriel

La lluvia golpeaba las ventanas de la Mansión Montemayor mientras todos observaban al hombre que acababa de bajar del vehículo.

Nadie podía creerlo.

Después de veinte años.

Después de incontables mentiras.

Después de una vida entera de ausencia.

Gabriel Ferrer estaba vivo.

Diego permanecía inmóvil.

Sus ojos no se apartaban de aquel hombre.

El mismo rostro que había visto en fotografías desde niño.

El mismo hermano al que había llorado durante años.

—No puede ser...

Gabriel levantó la vista hacia la ventana.

Por un instante sus ojos se encontraron con los de Diego.

Y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Es él —susurró Sofía entre lágrimas.

Isabel se llevó una mano al pecho.

—Dios mío...

Valeria observó la escena sin saber qué decir.

Aquello parecía imposible.

Abajo, el líder de la organización también observaba a Gabriel.

Su expresión era fría.

Peligrosa.

—Veinte años escondido —dijo con una sonrisa amarga—. Debo admitir que me impresionaste.

Gabriel no respondió.

—Pero todo termina esta noche.

Los guardias levantaron sus armas.

Dentro de la mansión, Diego reaccionó.

—Tenemos que ayudarlo.

—Es demasiado peligroso —dijo Isabel.

—¡Es mi hermano!

Sin esperar respuesta, Diego salió corriendo de la habitación secreta.

—¡Diego! —gritó Valeria.

Ella salió tras él.

Sofía e Isabel también.

Cuando llegaron al gran salón principal, escucharon un estruendo.

¡BOOM!

La puerta principal acababa de ser derribada.

Los hombres armados comenzaron a entrar.

—¡Arriba! ¡Busquen el archivo!

La mansión se convirtió en un caos.

Mientras tanto, afuera...

Gabriel avanzó hacia el líder de la organización.

—Han pasado muchos años, Esteban.

El hombre elegante sonrió.

—Demasiados.

Valeria escuchó el nombre.

Esteban.

Por primera vez conocían la identidad del hombre que había perseguido a sus familias durante décadas.

—Todo este tiempo fuiste tú —dijo Gabriel.

—Y todo este tiempo sobreviviste.

—No por suerte.

Por una promesa.

Esteban soltó una carcajada.

—¿La promesa de destruirme?

—La promesa de protegerlos.

En ese momento Diego salió de la mansión.

—¡Gabriel!

El hombre giró.

Y sus ojos se llenaron de emoción.

Durante varios segundos nadie habló.

Dos hermanos separados por veinte años.

Dos vidas destruidas por el mismo enemigo.

Finalmente Gabriel sonrió.

—Has crecido mucho.

Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Diego.

—Pensé que habías muerto.

—Lo sé.

Antes de que pudieran acercarse, Esteban levantó una mano.

—Qué conmovedor.

Los guardias apuntaron sus armas.

—Pero ya me cansé de las reuniones familiares.

De repente sonó un disparo.

¡BANG!

Todos se sobresaltaron.

Pero la bala no provenía de los guardias.

Venía desde la colina detrás de la mansión.

Uno de los hombres de Esteban cayó al suelo.

Luego otro.

Y otro más.

—¿Qué está pasando? —preguntó Valeria.

Gabriel sonrió.

—Llegó la ayuda.

En la cima de la colina aparecieron varias figuras.

Hombres y mujeres.

Personas que durante años habían trabajado en secreto para destruir la organización.

La resistencia que Gabriel había construido en las sombras.

Y por primera vez...

La organización parecía estar perdiendo el control.

Continuará...




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