Corazones bajo fuego

Capítulo 23: La Hermana Oculta

El ruido de las llamas y las explosiones parecía desaparecer.

Valeria solo podía mirar a la mujer que acababa de llegar en helicóptero.

—Eso es imposible...

Lucía la observó con una mezcla de tristeza y cariño.

—Sé que es difícil de creer.

—Mi madre nunca me habló de ti.

Isabel bajó la mirada.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—Porque pensé que habías muerto.

Lucía sonrió con amargura.

—Eso era exactamente lo que querían que creyeras.

Valeria sintió que todo daba vueltas.

—¿Entonces eres mi hermana?

—Sí.

Tu hermana mayor.

Durante unos segundos nadie dijo una palabra.

Finalmente Isabel corrió hacia Lucía.

Y la abrazó con todas sus fuerzas.

—Perdóname...

Lucía cerró los ojos.

—No fue tu culpa.

Incluso Gabriel parecía emocionado.

—Pensé que jamás volvería a verte.

—Yo también.

Pero el reencuentro fue interrumpido por Esteban.

—Qué conmovedor.

Todos volvieron la vista hacia él.

Seguía allí.

Observándolos.

—Otra reunión familiar.

Gabriel avanzó un paso.

—Se acabó, Esteban.

—¿De verdad crees eso?

La sonrisa del villano regresó.

—Aún tengo el control.

Lucía negó lentamente.

—No.

Ya no.

Sacó una memoria USB de su bolsillo.

—Porque yo tengo una copia completa del archivo negro.

El rostro de Esteban perdió el color.

Por primera vez.

—¿Qué?

—Toda la información.

Todos los nombres.

Todas las pruebas.

Valeria abrió los ojos sorprendida.

—¿La tenías tú?

Lucía asintió.

—Durante años.

Gabriel sonrió.

—Por eso desapareciste.

—Exactamente.

Esteban comenzó a retroceder.

Ya no parecía tan seguro.

—Entréguenmela.

Lucía soltó una pequeña risa.

—No.

En ese instante sonaron sirenas en la distancia.

Muchas sirenas.

Cada vez más cerca.

Diego observó el camino principal.

—¿Qué está pasando?

Lucía levantó un teléfono móvil.

—Hace una hora envié las pruebas a las autoridades.

El silencio fue absoluto.

—¿Qué hiciste? —preguntó Sofía.

—Lo que Gabriel y Alejandro intentaron hacer hace veinte años.

Las luces azules y rojas comenzaron a iluminar la noche.

Esteban comprendió inmediatamente lo que significaba.

Y por primera vez sintió miedo.

Pero antes de que pudiera escapar...

Un disparo resonó en la oscuridad.

¡BANG!

Todos se sobresaltaron.

Lucía cayó de rodillas.

—¡LUCÍA! —gritó Isabel.

La memoria USB escapó de sus manos y cayó al suelo.

Valeria corrió hacia ella.

—¡No!

Entre la confusión nadie había visto quién disparó.

Hasta que una figura apareció detrás de Esteban.

Un hombre vestido de negro.

Con una cicatriz en el rostro.

Exactamente igual al hombre de las fotografías antiguas.

Valeria sintió que el corazón se detenía.

—No puede ser...

Esteban parecía tan sorprendido como los demás.

—Tú...

El desconocido sonrió.

Una sonrisa fría.

Peligrosa.

—Creyeron que yo era una leyenda.

Gabriel palideció.

Lucía intentó incorporarse pese a la herida.

Y pronunció un nombre que nadie esperaba escuchar.

—Salvador...

El verdadero fundador acababa de aparecer.

Y la guerra estaba lejos de terminar.

Continuará...




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