Corazones bajo fuego

Capítulo 26: Sombras en la Colina

La lluvia había disminuido cuando las ambulancias abandonaron los restos de la Mansión Montemayor.

Don Ricardo fue trasladado al hospital bajo estricta vigilancia.

La bala no había alcanzado órganos vitales.

Pero su estado seguía siendo delicado.

Diego permaneció junto a él durante horas.

Sentado en silencio.

Observando los monitores.

Por primera vez comprendió cuánto significaba su padre para él.

Mientras tanto, Valeria observaba el amanecer desde la ventana del hospital.

Todo había cambiado.

Había encontrado a su madre.

Descubierto una hermana.

Conocido la verdad sobre su padre.

Y aun así sentía que las respuestas importantes seguían lejos.

Porque Salvador continuaba libre.

Esa misma mañana, Gabriel reunió a todos en una sala privada.

—Necesitamos hablar.

Lucía cruzó los brazos.

—Salvador escapó.

—Sí.

—Y conoce nuestros movimientos.

Gabriel asintió.

—Más que eso.

Creo que sabía exactamente lo que iba a ocurrir.

Sofía frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Gabriel colocó varios documentos sobre la mesa.

—Alguien le está informando.

El silencio llenó la habitación.

—¿Un infiltrado? —preguntó Valeria.

—Exactamente.

Todos intercambiaron miradas.

La idea era aterradora.

Después de todo lo ocurrido...

Podía haber un traidor entre ellos.

Horas más tarde, un agente entregó a Valeria una pequeña caja encontrada entre los restos de la mansión.

—Estaba escondida bajo una pared derrumbada.

Valeria la abrió cuidadosamente.

Dentro encontró un reloj antiguo.

Y una nota.

Reconoció inmediatamente la letra.

Era de Alejandro.

Su padre.

Con lágrimas en los ojos comenzó a leer.

"Si encontraste esto, significa que el peligro aún no ha terminado."

"Hay una última verdad que nunca pude revelar."

Valeria sintió que el corazón se aceleraba.

"No confíes completamente en nadie."

"Ni siquiera en quienes estuvieron a mi lado."

Sus manos comenzaron a temblar.

"El enemigo no está afuera."

"Está mucho más cerca de lo que imaginas."

Valeria levantó lentamente la mirada.

Todos estaban reunidos en aquella sala.

Gabriel.

Isabel.

Diego.

Sofía.

Lucía.

Ricardo, aún hospitalizado.

¿A quién se refería Alejandro?

Antes de que pudiera pensar más, el reloj emitió un sonido.

TIC.

TIC.

TIC.

—¿Escucharon eso? —preguntó Sofía.

El reloj comenzó a abrirse lentamente.

En su interior apareció una diminuta llave.

Y una inscripción grabada en metal.

"Bóveda 17."

Gabriel abrió los ojos.

—No puede ser...

—¿Qué ocurre? —preguntó Valeria.

Gabriel palideció.

—La Bóveda 17 no debería existir.

—¿Qué es?

Gabriel observó la llave.

Y respondió con voz grave.

—El lugar donde Alejandro escondió su último secreto.

A cientos de kilómetros de allí, en una cabaña aislada en las montañas...

Salvador observaba una fotografía reciente de Valeria.

Sonrió lentamente.

—Así que encontraste la llave.

Luego tomó un mapa viejo.

Y señaló un lugar marcado con tinta roja.

Exactamente el mismo lugar al que conducía la Bóveda 17.

Porque él también sabía dónde estaba.

Y estaba dispuesto a llegar primero.

Continuará...




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