Corazones bajo fuego

Capítulo 27: La Bóveda 17

El reloj permanecía abierto sobre la mesa.

La pequeña llave brillaba bajo la luz de la sala.

Nadie hablaba.

Todos observaban aquel objeto que Alejandro Montemayor había escondido durante años.

—¿Dónde está la Bóveda 17? —preguntó Valeria.

Gabriel permaneció en silencio unos segundos.

—Debajo de San Gabriel.

—¿Debajo del pueblo? —preguntó Sofía sorprendida.

—Sí.

Lucía frunció el ceño.

—Pensé que era una leyenda.

—Yo también.

Gabriel tomó la llave.

—Hasta ahora.

Valeria observó la inscripción grabada en el metal.

Sentía que estaba cada vez más cerca de descubrir toda la verdad.

Pero también sabía que Salvador iba un paso adelante.

Siempre.

Horas después, Ricardo despertó en el hospital.

Diego estaba a su lado.

—Papá.

Ricardo sonrió débilmente.

—Parece que sigo aquí.

Por primera vez en mucho tiempo ambos rieron.

Pero la sonrisa desapareció cuando Diego le habló de la llave.

Ricardo abrió los ojos.

—¿La encontraron?

—Sí.

—Entonces debemos movernos rápido.

—¿Por qué?

Ricardo intentó incorporarse.

—Porque Salvador conoce la Bóveda 17.

El silencio fue inmediato.

—¿Cómo lo sabes?

Ricardo cerró los ojos.

—Porque él ayudó a construirla.

Aquella respuesta dejó a Diego sin palabras.

Mientras tanto...

En las montañas.

Salvador observaba un viejo cuaderno.

Las páginas estaban desgastadas por el tiempo.

Era un diario.

Y pertenecía a Alejandro Montemayor.

—Siempre fuiste brillante, viejo amigo.

Pasó una página.

Y sonrió.

—Pero esta vez llegaré primero.

A la mañana siguiente, Gabriel reunió al grupo.

Valeria.

Diego.

Isabel.

Sofía.

Lucía.

Y varios miembros de la resistencia.

—La entrada está oculta en las catacumbas antiguas del pueblo.

—¿Catacumbas? —preguntó Valeria.

—Fueron construidas hace más de cien años.

—Perfecto para esconder secretos —murmuró Lucía.

Gabriel asintió.

—Y también para esconder peligros.

Al caer la noche descendieron por una escalera de piedra oculta bajo una vieja capilla abandonada.

El aire era frío.

Las paredes estaban cubiertas de humedad.

Y el eco de sus pasos resonaba en la oscuridad.

Después de varios minutos llegaron a una enorme puerta metálica.

Sobre ella había un número grabado.

17

Valeria sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.

Habían llegado.

Introdujo la llave.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Y entonces...

CLANK.

Los mecanismos comenzaron a moverse.

La puerta se abrió lentamente.

Detrás apareció una inmensa cámara subterránea.

Llena de estanterías.

Documentos.

Fotografías.

Cajas fuertes.

Décadas de secretos.

Pero algo llamó inmediatamente la atención de todos.

En el centro de la bóveda había una silla.

Y alguien estaba sentado en ella.

Una figura inmóvil.

Esperándolos.

Valeria sintió que un escalofrío recorría todo su cuerpo.

La persona levantó lentamente la cabeza.

Y sonrió.

—Llegaron más tarde de lo que esperaba.

Gabriel palideció.

Porque conocía perfectamente aquella voz.

Una voz que no había escuchado en veinte años.

—No...

La figura se puso de pie.

Y pronunció una sola frase.

—Hola, Gabriel.

Continuará...




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