Las palabras de Alejandro parecían imposibles.
—Existe alguien por encima de Salvador.
Valeria sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Quién?
Alejandro negó lentamente.
—Durante años intenté descubrir su identidad.
Gabriel cruzó los brazos.
—¿Y nunca lo lograste?
—Solo encontré un nombre.
La tensión aumentó.
—¿Cuál?
Alejandro observó los documentos guardados en una de las estanterías.
—Lo llaman "El Arquitecto".
Sofía frunció el ceño.
—¿Ese es su nombre?
—No.
Es un título.
Lucía tomó una carpeta.
—¿Y qué hace?
Alejandro respiró profundamente.
—Construyó toda la organización moderna.
Controló gobiernos.
Empresas.
Bancos.
Y personas.
Valeria sintió un escalofrío.
—Entonces Salvador trabaja para él.
—Sí.
En ese instante, una alarma comenzó a sonar en la bóveda.
PIIIIIIIIII PIIIIIIIIII.
Todos se sobresaltaron.
Gabriel sacó un dispositivo de comunicación.
—¿Qué ocurre?
Una voz respondió entre interferencias.
—¡Nos encontraron!
—¿Quiénes?
—¡Los hombres de Salvador!
El mensaje se cortó.
La expresión de Alejandro cambió inmediatamente.
—Ya están aquí.
Diego observó la enorme puerta de la bóveda.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—Muy poco.
De repente, una fuerte explosión sacudió el lugar.
¡BOOM!
Polvo cayó del techo.
—Eso respondió mi pregunta —murmuró Lucía.
Alejandro caminó rápidamente hacia una estantería.
Retiró varios libros antiguos.
Y reveló una caja de metal.
—Valeria.
Ella se acercó.
—¿Qué es?
—Lo más importante que he protegido durante veinte años.
Abrió la caja.
Dentro había un pequeño cuaderno negro.
Nada más.
—¿Un diario?
—No.
Alejandro la miró fijamente.
—Aquí está el verdadero nombre del Arquitecto.
Todos quedaron paralizados.
—¿Lo descubriste?
—Sí.
Valeria tomó el cuaderno.
Las manos le temblaban.
Después de tantos años.
Después de tantas pérdidas.
La respuesta estaba finalmente frente a ellos.
Pero antes de que pudiera abrirlo...
¡BOOM!
La enorme puerta de la bóveda comenzó a deformarse.
Los atacantes estaban entrando.
—¡Tenemos que movernos! —gritó Gabriel.
Los miembros de la resistencia comenzaron a preparar la evacuación.
Sin embargo, Alejandro permaneció inmóvil.
Mirando la puerta.
Como si esperara algo.
Y entonces ocurrió.
Una voz resonó desde el otro lado del metal.
Una voz tranquila.
Elegante.
Peligrosamente serena.
—Alejandro...
Todos se congelaron.
—Tanto tiempo escondido.
Alejandro cerró los ojos.
—Sabía que vendrías.
Valeria sintió que un escalofrío recorría todo su cuerpo.
Porque aquella voz no pertenecía a Salvador.
Era otra persona.
Alguien desconocido.
Alguien mucho más importante.
La voz volvió a hablar.
—Entrégame el cuaderno.
Alejandro sonrió por primera vez.
—No.
Del otro lado se escuchó una suave risa.
—Entonces finalmente nos conoceremos en persona.
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Y todos comprendieron una aterradora realidad.
Por primera vez en toda la historia...
El Arquitecto había llegado.
Continuará...
Editado: 22.06.2026