Corazones bajo fuego

Capítulo 30: El Arquitecto

La puerta de la Bóveda 17 comenzó a abrirse lentamente.

El sonido del metal resonó por toda la cámara subterránea.

Nadie se movió.

Nadie respiró.

Valeria sostenía el cuaderno negro contra su pecho.

Aquello era lo único que podía revelar la identidad del verdadero enemigo.

La abertura se hizo cada vez más grande.

Y finalmente una figura apareció entre las sombras.

Vestía un elegante traje oscuro.

Cabello gris.

Postura impecable.

No parecía un criminal.

No parecía un asesino.

Parecía alguien acostumbrado a dar órdenes.

Alguien acostumbrado a que todo el mundo obedeciera.

El hombre observó la bóveda.

Luego a Gabriel.

A Isabel.

A Lucía.

A Diego.

Y finalmente a Valeria.

—Así que tú eres Valeria Montemayor.

Ella apretó el cuaderno.

—¿Quién eres?

El hombre sonrió.

—Eso depende.

—¿De qué?

—De cuánto estés dispuesta a descubrir.

Alejandro avanzó inmediatamente.

—No le hables.

El hombre lo observó.

—Sigues siendo igual de terco.

—Y tú sigues destruyendo vidas.

Una sonrisa apareció en el rostro del desconocido.

—Los cambios siempre tienen un precio.

Gabriel dio un paso al frente.

—Se acabó.

—¿De verdad?

El Arquitecto señaló la bóveda.

—Mírenlos.

Todos guardaron silencio.

—Tres generaciones luchando.

Mintiendo.

Escondiéndose.

Su mirada se volvió fría.

—Todo por secretos que ustedes mismos crearon.

Valeria sintió rabia.

—¡Tú creaste esto!

—No.

El hombre negó lentamente.

—Solo perfeccioné algo que ya existía.

Lucía apretó los puños.

—Miles de personas sufrieron por tu culpa.

—Y millones se beneficiaron.

Aquellas palabras hicieron que incluso Salvador, que acababa de entrar detrás de él, bajara la mirada.

Valeria lo notó.

Por primera vez Salvador parecía incómodo.

Como si incluso él temiera al Arquitecto.

Entonces Alejandro habló.

—Valeria.

Ella lo miró.

—Abre el cuaderno.

Todos quedaron inmóviles.

El Arquitecto dejó de sonreír.

—No hagas eso.

Valeria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

Después de veinte años.

Después de todas las mentiras.

Después de todo el dolor.

La respuesta estaba allí.

Abrió lentamente la primera página.

Encontró fechas.

Nombres.

Documentos.

Pasó otra página.

Y otra.

Hasta llegar a la última.

Entonces leyó el nombre escrito con tinta negra.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—No...

Diego se acercó.

—¿Qué ocurre?

Valeria levantó lentamente la vista.

Lágrimas aparecieron en sus ojos.

Porque conocía ese nombre.

Todos lo conocían.

Era alguien que había estado presente desde el principio.

Alguien que siempre pareció ayudar.

Alguien en quien todos confiaban.

El Arquitecto dejó escapar un suspiro.

—Supongo que ya lo sabes.

Gabriel observó a Valeria.

—¿Quién es?

Valeria apenas pudo hablar.

—El Arquitecto es...

En ese instante, todas las luces de la bóveda se apagaron.

La oscuridad los envolvió por completo.

Y un disparo resonó entre las sombras.

¡BANG!

Continuará...




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