La oscuridad cubrió toda la Bóveda 17.
Un segundo antes todos estaban mirando a Valeria.
Al siguiente...
Solo existía el silencio.
Y el eco del disparo.
¡BANG!
—¡Valeria! —gritó Diego.
—¡Enciendan las luces! —ordenó Gabriel.
Se escucharon pasos.
Gritos.
Objetos cayendo al suelo.
Durante unos segundos nadie sabía qué estaba ocurriendo.
Entonces una luz de emergencia comenzó a parpadear.
Rojo.
Rojo.
Rojo.
La escena que apareció frente a ellos los dejó paralizados.
Alguien estaba en el suelo.
Valeria sintió que el corazón se detenía.
—No...
Corrió inmediatamente.
Y cayó de rodillas.
La persona herida era Alejandro.
—¡Papá!
La sangre manchaba su camisa.
Gabriel llegó junto a ellos.
—¡Alejandro!
Alejandro respiraba con dificultad.
—Estoy bien...
—No lo estás —dijo Isabel entre lágrimas.
Mientras tanto, Diego observó alrededor.
El Arquitecto había desaparecido.
Salvador también.
—Se fueron.
Lucía apretó los puños.
—Aprovecharon la oscuridad.
Valeria apenas escuchaba.
Toda su atención estaba en su padre.
Habían pasado veinte años separados.
Y ahora temía perderlo de nuevo.
Alejandro tomó suavemente la mano de su hija.
—Escúchame.
—No.
No hables.
—Valeria.
Ella comenzó a llorar.
—Por favor...
Alejandro sonrió débilmente.
—Eres más fuerte de lo que imaginas.
Gabriel observó la herida.
—Necesitamos ayuda médica.
Ahora.
Pero Alejandro negó lentamente.
—No hay tiempo.
Todos guardaron silencio.
—El Arquitecto escapará.
Valeria apretó su mano.
—Lo encontraremos.
—Lo sé.
Alejandro respiró profundamente.
Y señaló el cuaderno negro.
—La última página.
Valeria recordó que nunca terminó de leerla.
Tomó el cuaderno.
Sus manos temblaban.
Y finalmente leyó el nombre completo.
Su rostro cambió inmediatamente.
—¿Qué pasa? —preguntó Diego.
Valeria levantó lentamente la vista.
Incapaz de creer lo que estaba leyendo.
—Es imposible...
Gabriel tomó el cuaderno.
Y cuando vio el nombre...
También quedó inmóvil.
—No...
Isabel abrió los ojos.
—¿Quién es?
Gabriel apenas pudo responder.
—El alcalde.
El silencio fue absoluto.
Valeria recordó todas las veces que aquel hombre los había ayudado.
Las veces que fingió protegerlos.
Las veces que estuvo cerca.
Todo encajaba.
El alcalde de San Gabriel.
El hombre querido por todos.
El hombre en quien todos confiaban.
Era el Arquitecto.
Pero entonces Lucía señaló algo más en la página.
—Esperen.
Hay otra línea.
Todos observaron.
Debajo del nombre aparecía una frase escrita por Alejandro.
"Si estás leyendo esto, significa que el Arquitecto ya eligió a su sucesor."
Un escalofrío recorrió la bóveda.
—¿Sucesor? —preguntó Sofía.
Y entonces comprendieron algo aterrador.
Aunque capturaran al Arquitecto...
La organización todavía podría sobrevivir.
Porque alguien estaba destinado a ocupar su lugar.
Y nadie sabía quién era.
Continuará...
Editado: 22.06.2026