El observatorio quedó en silencio.
Todos miraban a Valeria.
—¿El Faro del Lago? —preguntó Diego.
Valeria asintió.
—La fotografía de la Bóveda 17 tenía las mismas coordenadas.
Estoy segura.
Alejandro observó el mural.
—Entonces no es una coincidencia.
Gabriel tomó una mochila.
—Nos vamos inmediatamente.
Nadie protestó.
Si la segunda llave estaba allí, no podían perder tiempo.
Horas después, el grupo llegó nuevamente al lago.
La niebla cubría el agua.
Tal como la primera vez.
El viejo faro seguía de pie.
Silencioso.
Oscuro.
Pero algo era diferente.
Había luces en el interior.
—No estamos solos —susurró Lucía.
Gabriel observó con atención.
—Llegaron antes que nosotros.
Valeria sintió un escalofrío.
El sucesor ya estaba buscando la llave.
El grupo avanzó cuidadosamente.
Cuando llegaron a la entrada encontraron la puerta abierta.
—Eso no me gusta nada —murmuró Sofía.
Entraron.
Todo parecía revuelto.
Libros tirados.
Muebles movidos.
Paredes dañadas.
Alguien había estado buscando desesperadamente.
Diego encontró una marca reciente en el suelo.
—Pasaron por aquí hace poco.
Subieron las escaleras.
Piso por piso.
Hasta llegar a la cima del faro.
Y allí encontraron algo inesperado.
Una antigua mesa de madera.
Sobre ella había un mapa.
Y una brújula.
La misma brújula que encontraron tiempo atrás.
Valeria la tomó.
La aguja comenzó a girar.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Hasta señalar una pared.
—Otra vez no... —dijo Lucía.
Gabriel golpeó la superficie.
Sonó hueca.
—Hay algo detrás.
Entre todos movieron la pared oculta.
Y descubrieron una pequeña cámara secreta.
En el centro había una caja metálica.
Más pequeña que las anteriores.
Valeria contuvo la respiración.
—La encontramos.
Se acercó lentamente.
Pero justo cuando estaba a punto de abrirla...
Una voz resonó detrás de ellos.
—Yo no lo haría.
Todos se giraron.
Una figura bloqueaba la salida.
Era la mujer que había escapado del hospital.
Y no estaba sola.
Varios hombres armados la acompañaban.
—Llegaron justo donde quería que llegaran —dijo sonriendo.
Gabriel dio un paso adelante.
—¿Quién eres?
La mujer inclinó ligeramente la cabeza.
—Mi nombre es Adriana Vega.
Valeria nunca había escuchado ese nombre.
Pero Alejandro sí.
Su rostro perdió el color.
—No...
Adriana sonrió.
—Veo que todavía me recuerdas.
—Pensé que habías desaparecido.
—Muchas personas pensaron eso.
Valeria observó confundida.
—¿Quién es ella?
Alejandro apretó los puños.
Y respondió con voz grave.
—La primera candidata al Proyecto Heredero.
El silencio fue absoluto.
Adriana soltó una pequeña carcajada.
—Casi.
Entonces miró directamente a Valeria.
Y dijo algo que dejó a todos paralizados.
—En realidad, fui la primera sucesora del Arquitecto.
El corazón de Valeria comenzó a acelerarse.
Si Adriana era la primera sucesora...
Entonces significaba que existía una segunda.
Y quizá...
Esa segunda persona estaba mucho más cerca de ellos de lo que imaginaban.
Continuará...
Editado: 22.06.2026