Corazones bajo fuego

Capitulo 40: El rostro del sucesor

El faro temblaba.

La niebla cubría el lago.

Y afuera, decenas de vehículos rodeaban completamente la zona.

Salvador permanecía de pie frente a todos.

Inmóvil.

Seguro.

Pero la atención de Valeria estaba en otra persona.

La figura encapuchada.

La persona que estaba a su lado.

El posible sucesor.

—No puede ser... —susurró Adriana.

Valeria la miró.

—¿Lo conoces?

Adriana tragó saliva.

—Espero estar equivocada.

Mientras tanto, abajo, Salvador levantó la vista hacia el faro.

Y sonrió.

—Se acabó el escondite.

La figura encapuchada permaneció en silencio.

Gabriel observó la situación desde la ventana.

—Estamos rodeados.

—¿Cuántos son? —preguntó Diego.

—Demasiados.

Lucía apretó los puños.

—Entonces lucharemos.

Pero Adriana negó inmediatamente.

—No.

Todos la miraron.

—Eso es exactamente lo que quieren.

—¿Y qué propones?

Adriana señaló una vieja escalera oculta detrás de una pared.

—Hay una salida subterránea.

Alejandro abrió los ojos.

—Pensé que estaba bloqueada.

—La desbloqueé hace años.

Valeria observó nuevamente la carta de su abuelo.

Proyecto Génesis.

Aquel nombre seguía rondando su cabeza.

—¿Qué es Génesis?

Gabriel respiró profundamente.

—El peor secreto de la organización.

—¿Peor que la Cámara Omega?

—Mucho peor.

Antes de que pudiera explicar más...

¡BOOM!

La puerta principal del faro explotó.

Los enemigos habían entrado.

—¡Muévanse! —gritó Gabriel.

Todos comenzaron a correr hacia la salida secreta.

Pero Valeria se detuvo.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Observó nuevamente la carta.

Y entonces vio algo que había pasado por alto.

Una frase escrita al final.

Tan pequeña que casi era invisible.

"No temas al sucesor."

Valeria sintió un escalofrío.

Continuó leyendo.

"Teme a quien lo protege."

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

—No...

Diego se acercó.

—¿Qué ocurre?

Valeria le mostró la carta.

Su expresión cambió.

—Entonces el sucesor...

—Quizás no es nuestro enemigo.

El estruendo de disparos interrumpió la conversación.

Los hombres de Salvador estaban cada vez más cerca.

El grupo descendió por el túnel secreto.

Oscuro.

Húmedo.

Antiguo.

Mientras corrían, nadie notó que una sombra se había separado silenciosamente del grupo.

Una sola persona.

Una persona que observó cómo todos se alejaban.

Y luego sonrió.

Afuera, Salvador finalmente entró al faro.

Encontró la habitación vacía.

La caja abierta.

La carta desaparecida.

Y la segunda llave había sido tomada.

Su rostro se endureció.

—Llegamos tarde.

La figura encapuchada avanzó lentamente.

Por primera vez habló.

Su voz hizo que incluso Salvador guardara silencio.

—No.

La figura observó una fotografía caída en el suelo.

Una fotografía de Valeria.

Y sonrió.

—Todo está ocurriendo exactamente como debía ocurrir.

Lentamente levantó una mano.

Y retiró parte de la capucha.

Lo suficiente para mostrar un detalle que dejó a Salvador sorprendido.

Un antiguo medallón.

El mismo símbolo de la esmeralda con alas.

El símbolo que pertenecía a la familia Montemayor.

Y en ese instante Salvador comprendió algo aterrador.

El sucesor había estado conectado a Valeria desde mucho antes de que ella naciera.

Continuará...




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