Corazones bajo fuego

Capítulo 43: El Heredero Perdido

La biblioteca quedó en silencio.

Todos observaban la fotografía.

Daniel Montemayor.

El nombre parecía pesar toneladas.

Valeria no podía apartar la mirada de la imagen.

El joven sonreía junto a la familia.

Como si hubiera pertenecido a ella.

Como si jamás hubiera desaparecido.

—¿Por qué nunca escuché hablar de él? —preguntó.

Alejandro bajó la mirada.

—Porque desapareció cuando tenía doce años.

—¿Desapareció?

—Una noche simplemente se fue.

Gabriel frunció el ceño.

—No se fue.

Lo tomaron.

Alejandro asintió lentamente.

—Eso fue lo que siempre sospeché.

Valeria comenzó a unir las piezas.

Tomás desapareció.

Daniel desapareció.

El medallón apareció décadas después.

Todo estaba conectado.

De repente, Lucía encontró algo detrás de una estantería.

—¡Vengan!

Todos corrieron hacia ella.

Había una pequeña caja empotrada en la pared.

Sobre la tapa estaba grabada la esmeralda con alas.

Y debajo una frase.

"Solo la sangre abrirá el camino."

Valeria sintió un escalofrío.

—Eso no me gusta.

Alejandro observó la cerradura.

—No usa llave.

—Entonces, ¿cómo se abre?

Gabriel leyó una pequeña inscripción.

—Reconocimiento genético.

El silencio fue absoluto.

—¿Qué significa eso? —preguntó Diego.

—Significa que fue diseñada para un Montemayor.

Todas las miradas se dirigieron a Valeria.

—¿Yo?

Alejandro asintió.

—Inténtalo.

Valeria respiró profundamente.

Acercó su mano al panel oculto.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Y entonces...

CLIC

La caja se abrió.

Dentro encontraron un viejo cuaderno.

Y una grabadora.

Cubiertos de polvo.

Alejandro tomó la grabadora.

—No puede ser...

—¿Qué ocurre?

—Es de mi abuelo.

Presionó el botón de reproducción.

Un ruido estático llenó la habitación.

Y luego apareció una voz.

Una voz anciana.

—Si escuchan esto... Significa que Génesis ha despertado.

Todos guardaron silencio.

—Mi nombre es Eduardo Montemayor. Y fui uno de sus fundadores.

Valeria sintió que el corazón se detenía.

—¿Fundador?

La grabación continuó.

—Lo que construimos comenzó como un sueño.

—¿Un sueño? —susurró Sofía.

—Queríamos proteger a nuestras familias.

La voz sonaba llena de arrepentimiento.

—Pero cometimos un error.

El grupo escuchaba atentamente.

—Permitimos que el poder creciera demasiado.

Gabriel cerró los ojos.

Como si confirmara algo que siempre había sospechado.

—Y entonces apareció un hombre.

La grabación se interrumpió unos segundos.

—El primer Arquitecto.

Todos quedaron paralizados.

—¿Primer Arquitecto? —preguntó Diego.

La voz continuó.

—Hubo otros antes del alcalde.

Muchos otros.

El silencio se volvió aún más pesado.

—La organización sobrevivió cambiando de rostro.

De nombre.

De líder.

—Pero Génesis permaneció.

La grabación comenzó a llenarse de interferencias.

Y antes de terminar, Eduardo pronunció una última frase.

Una frase que hizo palidecer a Alejandro.

—Si Daniel sigue vivo...

Entonces él es la llave final.

La grabación terminó.

Nadie habló.

Porque acababan de descubrir algo aterrador.

Las dos llaves que habían encontrado no eran suficientes.

Existía una tercera.

Y esa llave...

No era un objeto.

Era una persona.

Daniel Montemayor.

En ese mismo instante, un ruido se escuchó desde el piso superior de la hacienda.

Toc... Toc... Toc...

Pasos.

Lentos.

Deliberados.

Como si alguien hubiera estado escuchando toda la conversación.

Y ahora estuviera descendiendo las escaleras.

Continuará...




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