Corazones en juego

1. El Regreso Del Pasado

El sonido de los tacones de Valeria Torres resonaba suavemente sobre el suelo de mármol del edificio. Afuera, la ciudad seguía su ritmo habitual, autos pasando, gente caminando con prisa y luces que empezaban a encenderse en las ventanas de los edificios vecinos.
Para cualquiera que la viera en ese momento, Valeria parecía una mujer segura de sí misma. Su postura era firme, su mirada tranquila y su expresión transmitía una serenidad que había tardado años en construir.
Pero por dentro… no siempre había sido así.
Cinco años atrás, su mundo había sido completamente diferente.
Cinco años atrás, había creído en el amor.
Valeria entró en la oficina de la editorial donde trabajaba desde hacía dos años. El lugar tenía paredes blancas, estanterías llenas de libros y un ambiente que siempre olía a papel nuevo y café recién hecho.
—Llegas justo a tiempo —dijo una voz desde el fondo.
Valeria levantó la mirada y sonrió levemente al ver a su amiga.
Lucía, con su cabello corto y su eterna expresión curiosa, estaba apoyada contra el escritorio con una taza de café en la mano.
—Dime que ese café es para mí —dijo Valeria dejando su bolso sobre la silla.
—Ni lo sueñes —respondió Lucía con una sonrisa —Este es el tercero que tomo hoy —Valeria suspiró.
—Eso explica por qué hablas tan rápido —respondió.
Lucía se acercó al escritorio de Valeria y dejó caer un montón de papeles frente a ella.
—Nuevo proyecto —dijo Lucía con firmeza. Valeria arqueó una ceja.
—¿Tan temprano en la semana? —protesto Valeria.
—No es cualquier proyecto —respondió Lucía —Es una entrevista exclusiva.
Valeria comenzó a revisar los documentos con curiosidad.
—¿A quién? —preguntó Valeria.
Lucía cruzó los brazos con una sonrisa misteriosa.
—A uno de los empresarios más importantes del país.
Valeria levantó la vista.
—Eso suena como algo que debería hacer el departamento de negocios —bufó, Lucía negó con la cabeza.
—Este hombre no da entrevistas.
—Entonces ¿por qué aceptó ahora?
Lucía se encogió de hombros.
—Eso es lo interesante.
Valeria bajó la mirada hacia la primera hoja del dossier.
El nombre estaba escrito en letras negras, claras, imposibles de ignorar.
Adrián Velasco.
El mundo pareció detenerse por un segundo.
Su respiración se volvió más lenta.
Y algo dentro de ella… algo que creía completamente enterrado… se movió.
Valeria cerró el dossier de golpe.
Lucía frunció el ceño.
—¿Pasa algo?
Valeria tardó un momento en responder.
—No.
Pero su voz no sonó tan firme como esperaba.
Lucía se inclinó un poco hacia ella.
—¿Lo conoces?
Valeria negó con la cabeza demasiado rápido.
—No.
Lucía la observó durante unos segundos.
—Bueno, sea como sea, el jefe quiere que tú hagas la entrevista.
Valeria la miró sorprendida.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Por qué?
Lucía sonrió.
—Porque eres la mejor entrevistadora que tenemos.
Valeria volvió a mirar el dossier.
El nombre seguía allí.
Adrián Velasco.
Cinco años.
Cinco años sin verlo.
Cinco años intentando olvidar.
Cinco años convenciéndose de que ya no importaba.
Lucía tomó una de las hojas y comenzó a leer en voz alta.
—Treinta y tres años, fundador de Velasco Group, una de las empresas tecnológicas más grandes del país…
Valeria apenas escuchaba.
Su mente estaba en otro lugar.
Un lugar lleno de recuerdos que había pasado demasiado tiempo intentando borrar.
La última vez que había visto a Adrián…
Había sido una noche de lluvia.
Una discusión.
Palabras que dolieron más de lo que deberían.
Y después…
Nada.
Silencio.
Desaparición.
Adrián se había ido sin dar explicaciones.
Sin despedirse.
Sin mirar atrás.
Valeria apretó los dedos alrededor del borde del escritorio.
Lucía seguía hablando.
—Dicen que es extremadamente reservado. Nadie sabe mucho sobre su vida personal.
Valeria soltó una pequeña risa sin humor.
—Eso no me sorprende.
Lucía levantó la mirada.
—¿Qué dijiste?
Valeria sacudió la cabeza.
—Nada.
Lucía volvió a dejar el dossier frente a ella.
—La entrevista es mañana por la noche.
Valeria sintió que algo se tensaba dentro de su pecho.
—¿Mañana?
—Sí.
—Eso es muy pronto.
Lucía se encogió de hombros.
—Él solo estará en la ciudad unos días.
Valeria respiró lentamente.
Podía negarse.
Podía decir que no.
Podía pedir que alguien más hiciera la entrevista.
Sería lo más lógico.
Lo más sensato.
Pero algo dentro de ella… algo que no lograba explicar… no quería huir.
Después de cinco años…
Quizá era hora de enfrentar el pasado.
Valeria abrió nuevamente el dossier.
Observó la fotografía que aparecía en la primera página.
Adrián estaba de pie frente a una ventana enorme, con la ciudad iluminada detrás de él.
Su expresión era seria.
Sus ojos oscuros.
Exactamente como los recordaba.
Pero también había algo diferente.
Algo más frío.
Más distante.
Valeria cerró el dossier con suavidad.
—Está bien —dijo finalmente.
Lucía sonrió.
—Sabía que aceptarías.
—¿Dónde será la entrevista?
Lucía tomó su teléfono y revisó el correo.
—En un evento privado mañana por la noche.
Valeria frunció el ceño.
—¿Evento?
—Sí. Una gala empresarial.
Valeria suspiró.
—Perfecto. Multitudes y cámaras.
—Eso es lo divertido.
Valeria se levantó de su silla.
—No estoy segura de que “divertido” sea la palabra correcta.
Lucía la observó con curiosidad.
—Oye…
Valeria la miró.
—¿Sí?
Lucía inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Estás segura de que nunca lo conociste?
Valeria mantuvo la mirada tranquila.
—Sí.
Lucía sonrió.
—Entonces no tienes nada de qué preocuparte.
Valeria tomó su bolso.
—Exacto.
Pero mientras salía de la oficina, una sensación extraña comenzó a crecer en su pecho.
Porque la verdad era otra.
La verdad era que sí tenía algo de qué preocuparse.
Mañana por la noche…
Después de cinco años…
Volvería a ver al hombre que había roto su corazón.
Y algo le decía que ese encuentro…
iba a cambiarlo todo.
Muy lejos de allí, en el último piso de un hotel de lujo, Adrián Velasco observaba la ciudad desde la ventana de su suite.
Las luces brillaban como estrellas en la oscuridad.
El asistente que estaba detrás de él revisaba su agenda.
—La gala comienza a las ocho —dijo el hombre.
Adrián no respondió.
—También confirmaron la entrevista con la revista.
Silencio.
El asistente continuó hablando.
—La periodista se llama Valeria Torres.
Por primera vez en varios minutos…
Adrián se movió.
Muy lentamente.
Se giró.
—¿Cómo dijiste que se llama?
El asistente revisó el documento.
—Valeria Torres.
Durante un segundo…
el tiempo pareció detenerse.
Los ojos de Adrián se oscurecieron ligeramente.
Después volvió a mirar hacia la ciudad.
—Interesante —murmuró.
El asistente no entendió el tono de su voz.
Pero Adrián sí.
Porque después de cinco años…
el pasado acababa de encontrar la forma perfecta de regresar.
Y esta vez… no pensaba dejarlo escapar.




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