Corazones en juego

2. Después de cinco años

Adrián volvió a girarse hacia la ventana. Las luces de la ciudad se reflejaban en el vidrio como un mar de estrellas lejanas, pero él no las veía realmente. Sus ojos estaban ahí… pero su mente no.
Por un momento, el presente desapareció, y el pasado regresó con una claridad dolorosa.

Cinco años atrás...
La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales del pequeño departamento de Valeria. El cielo estaba oscuro, cargado de tormenta, como si presintiera que algo estaba a punto de romperse.
Adrián estaba de pie en medio de la sala, con el teléfono aún en la mano.
Valeria lo observaba desde el otro lado de la habitación.
Sus ojos estaban rojos, no por la lluvia. Por las lágrimas.
—Dime que no es verdad —dijo ella con la voz temblorosa.
Adrián apretó la mandíbula.
Había imaginado muchas veces ese momento, pero ninguna de esas versiones era tan dolorosa como la realidad.

—Valeria…
—¡Respóndeme! —exigió ella, levantando la voz por primera vez.
El teléfono cayó sobre la mesa.
La pantalla aún mostraba la fotografía que lo había empezado todo.
Adrián abrazando a otra mujer.
Una mujer rubia, elegante, perteneciente a una de las familias empresariales más poderosas del país.
La noticia estaba en todos los portales.
Adrián Velasco y Clara Montiel, la pareja que unirá dos imperios.”
Valeria había visto la foto, había leído el artículo.
Y cada palabra había sido como una cuchilla.
—No es lo que parece —dijo Adrián finalmente.
Valeria soltó una risa amarga.
—Esa frase siempre significa exactamente lo contrario —dijo ella sintiendo un nudo en la garganta.
—Escúchame… —Adrián dio un paso hacia ella.
Pero Valeria retrocedió.
Ese pequeño gesto fue como un golpe directo en el pecho.
—No te acerques —dijo ella levantando su mano.

El silencio llenó la habitación, solo se escuchaba la lluvia.
—Valeria… todo es más complicado de lo que crees.
—¿Complicado? —repitió ella —¿Complicado como salir abrazando a otra mujer mientras yo estaba esperando que llegaras?
Adrián cerró los ojos por un segundo.
Si pudiera decir la verdad… Si pudiera explicarlo todo... Pero no podía.
Porque hacerlo significaría arrastrarla a un mundo que él mismo estaba intentando controlar. Un mundo peligroso.
Un mundo donde las decisiones no siempre eran libres.
—Solo confía en mí —dijo él en voz baja.
Valeria lo miró como si esas palabras fueran una traición más.
—¿Confiar en ti? —Sus ojos brillaban con lágrimas —Adrián… yo ya confiaba en ti.
Esas palabras fueron más duras que cualquier acusación.
Porque eran verdad. Valeria siempre había confiado en él.
Siempre, y él lo sabía.
Pero aun así… no podía decir nada.
No podía contarle que ese supuesto romance era parte de un acuerdo familiar.
No podía explicarle que su padre había dejado claro que si no aceptaba esa alianza… destruirían todo lo que él había construido.
No podía decirle que la única razón por la que aceptó esa mentira era para protegerla.
Porque si las familias empresariales descubrían que tenía un punto débil… Valeria se convertiría en un objetivo.
—Dime la verdad —susurró ella.
Adrián levantó la mirada.
Por un segundo… estuvo a punto de hacerlo.
Estuvo a punto de contarle todo.
Pero entonces recordó las palabras de su padre.
"Si esa chica sigue en tu vida, no solo perderás la empresa… también podrías perderla a ella."
Y el miedo ganó. El silencio también.
Valeria lo entendió de la peor manera posible.
Su expresión cambió.
La tristeza se transformó en algo más frío, más distante.
—Lo sabía —murmuró.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué? —preguntó con extrañez.
—Sabía que esto iba a pasar —dijo finalmente Valeria se secó una lágrima con rapidez.
—Los hombres como tú siempre terminan eligiendo lo mismo —Adrián dio otro paso hacia ella.
—No sabes de lo que hablas —alegó Adrián.
—¿Entonces explícamelo! —La voz de Valeria se quebró.
—¡Explícame por qué la mujer con la que sales en todos los periódicos no soy yo! —El silencio volvió a caer.
Pesado... Doloroso.
Adrián no respondió.
No podía.
Y ese silencio… fue su peor error.
Porque en ese momento, algo se rompió definitivamente dentro de Valeria.
Ella respiró hondo.
Luego caminó hacia la puerta.
Adrián sintió un mal presentimiento inmediato.
—Valeria…
Ella tomó su bolso.
—Creo que ya escuché todo lo que necesitaba.
—No te vayas.
Valeria abrió la puerta.
La lluvia y el viento entraron en el departamento.
—No tengo nada más que hablar contigo.
Adrián caminó rápido hacia ella.
—Valeria, espera.
Ella se giró.
Sus ojos estaban llenos de dolor… pero también de una determinación que él nunca había visto antes.
—Te amé —dijo en voz baja.
Las palabras golpearon a Adrián con fuerza.
—Y eso fue mi error.
Adrián sintió cómo el pecho se le tensaba.
—No digas eso.
Valeria negó lentamente.
—Adiós, Adrián.
Y salió.
La puerta se cerró.
El sonido resonó en toda la habitación.
Adrián permaneció inmóvil durante varios segundos.
Luego caminó hacia la ventana.
La lluvia seguía cayendo.
Igual que ahora.

En el presente, Adrián abrió los ojos, la ciudad seguía brillando frente a él. Pero su mirada era más oscura, más profunda, cinco años.
Cinco años desde la última vez que la vio.
Cinco años preguntándose si había tomado la decisión correcta.
Detrás de él, su asistente seguía revisando la agenda.
—¿Desea cancelar la entrevista? —preguntó su asistente.
Adrián negó lentamente.
—No —Su voz fue firme. Decidida.
—Déjala —El asistente asintió.
—Como prefiera —Cuando el hombre salió de la habitación, Adrián volvió a mirar la ciudad.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
No era una sonrisa feliz.
Era la sonrisa de alguien que sabe que el destino acaba de mover una pieza importante en el tablero.
—Valeria Torres… —murmuró.
Su voz era casi un susurro.
Pero sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa.
Porque después de cinco años…
el juego entre sus corazones estaba a punto de comenzar otra vez... Y esta vez… Adrián Velasco no pensaba perder.




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