El silencio después de las palabras de Adrián fue pesado.
Valeria lo miró fijamente, intentando entender si estaba exagerando o si realmente había algo más oscuro detrás de todo aquello.
—Estás bromeando… ¿verdad? —preguntó Valeria, intentando mantener la calma.
Adrián negó lentamente con la cabeza.
—Ojalá lo estuviera —respondió Adrián con seriedad.
Valeria sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido.
—No entiendo —dijo Valeria—. ¿Quién podría querer hacerme daño?
El padre de Adrián soltó una pequeña risa seca.
—Las personas que quieren controlarlo a él —respondió el padre de Adrián con frialdad.
Valeria frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Adrián dio un paso más cerca de ella.
—Tiene más sentido del que imaginas —dijo Adrián.
Valeria lo miró con incredulidad.
—Adrián, yo solo soy una periodista.
—No para ellos —respondió Adrián.
Valeria abrió la boca para responder, pero se detuvo.
Porque algo en la expresión de Adrián era diferente.
No era arrogancia.
No era provocación.
Era preocupación.
Y eso la inquietó más que cualquier cosa.
El padre de Adrián miró su reloj.
—Esta conversación terminó —dijo el padre de Adrián con tono autoritario—. La gala sigue y tenemos invitados importantes.
Luego miró a Valeria.
—Te aconsejo que termines tu entrevista y te marches temprano —añadió el padre de Adrián.
Valeria levantó el mentón.
—No suelo recibir órdenes de desconocidos —respondió Valeria.
El hombre sonrió ligeramente.
—No es una orden —dijo el padre de Adrián—. Es un consejo.
Después se dio la vuelta y regresó al salón principal.
Cuando desapareció por el pasillo, el silencio volvió.
Valeria cruzó los brazos.
—Tu padre es… encantador —comentó Valeria con sarcasmo.
Adrián suspiró.
—No te tomes lo que dijo como algo personal —dijo Adrián.
Valeria lo miró con incredulidad.
—¿En serio acabamos de tener esta conversación y eso es lo que dices?
Adrián pasó una mano por su cabello con frustración.
—Las cosas son más complicadas de lo que parecen.
Valeria soltó una pequeña risa amarga.
—Siempre dices lo mismo.
Adrián la miró fijamente.
—Porque siempre es verdad.
Valeria dio un paso hacia él.
—Entonces explícame algo —dijo Valeria—. Si realmente me estabas “protegiendo”, ¿por qué nunca volviste?
Adrián guardó silencio.
Valeria esperó.
Pero la respuesta no llegó.
—Eso pensé —murmuró Valeria.
Adrián levantó la mirada rápidamente.
—No volví porque si alguien veía que seguíamos en contacto… —comenzó Adrián.
—¿Qué? —interrumpió Valeria.
Adrián la miró con intensidad.
—Te habrían convertido en un objetivo —terminó Adrián.
Valeria se quedó inmóvil.
Antes de que pudiera responder, el sonido de pasos rápidos resonó en el pasillo.
Ambos se giraron al mismo tiempo.
Un hombre del personal del hotel apareció corriendo ligeramente.
—Señor Velasco —dijo el hombre con nerviosismo.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué sucede? —preguntó Adrián.
—Hay alguien preguntando por la señorita Torres —respondió el empleado.
El corazón de Valeria dio un salto.
—¿Quién? —preguntó Valeria.
El hombre dudó.
—No quiso dar su nombre —respondió el empleado.
Adrián se tensó inmediatamente.
—¿Dónde está? —preguntó Adrián.
—En el vestíbulo principal.
Adrián miró a Valeria.
—¿Esperabas a alguien? —preguntó Adrián.
Valeria negó.
—No.
Adrián respiró hondo.
—Eso no me gusta.
Valeria intentó restarle importancia.
—Quizá es alguien de la revista.
Adrián negó lentamente.
—No creo.
Valeria frunció el ceño.
—¿Por qué?
Adrián no respondió de inmediato.
Pero su mirada se dirigió hacia el final del pasillo… exactamente hacia el lugar donde el desconocido había tomado la fotografía.
—Porque si alguien realmente quiere encontrarte —dijo Adrián en voz baja—, no preguntaría por ti en recepción.
Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Entonces qué haría? —preguntó Valeria.
Adrián la miró con una intensidad que hizo que su corazón se acelerara.
—Te observaría primero.
El silencio se volvió pesado.
Valeria tragó saliva.
—Eso no es gracioso.
Adrián negó con la cabeza.
—No lo dije como una broma.
En ese momento, el teléfono de Adrián vibró.
Lo sacó del bolsillo y miró la pantalla.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Qué pasa? —preguntó Valeria.
Adrián levantó la vista lentamente.
—Acaban de enviarme la foto que tomó ese hombre.
Valeria sintió que el estómago se le apretaba.
—¿Y?
Adrián giró el teléfono hacia ella.
La imagen mostraba claramente a ambos en el pasillo.
Pero había algo más.
Al fondo de la fotografía… casi escondido en la sombra…
había otro hombre observándolos.
Un hombre que ninguno de los dos había visto.
Valeria sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—¿Quién es? —susurró Valeria.
Adrián apretó el teléfono con fuerza.
Sus ojos se oscurecieron.
—Alguien que no debería estar aquí.
Valeria sintió el miedo subir lentamente por su pecho.
—Adrián…
Él levantó la mirada hacia ella.
Y lo que dijo después hizo que todo pareciera aún más peligroso.
—Tenemos que salir de aquí.
—Ahora.
Editado: 24.03.2026