Corazones en juego

10. Mirada que desarma el alma

El silencio en el penthouse se volvió insoportable.
Valeria seguía de pie frente a Adrián, con el corazón latiendo con fuerza, como si supiera que lo que estaba a punto de escuchar cambiaría todo.
Y esta vez… no estaba segura de querer saberlo.
—Habla —dijo Valeria, con la voz firme, aunque por dentro temblaba. Adrián la observó durante unos segundos.
Como si estuviera decidiendo cuánto podía romperla con la verdad.
—Mi padre no es quien crees —dijo finalmente Adrián. Valeria frunció el ceño.
—Nunca creí nada de él —respondió Valeria. Adrián negó lentamente.
—Eso es porque no sabes nada —dijo Adrián. Valeria cruzó los brazos.
—Entonces explícame —respondió Valeria.
Adrián caminó hacia la ventana, pasando una mano por su cabello con frustración.
—Mi padre dirige una organización —dijo Adrián. Valeria lo miró, confundida.
—¿Una empresa? —preguntó Valeria. Adrián soltó una risa amarga.
—No —respondió Adrián —Nada legal —El aire pareció enfriarse.
—¿Qué tipo de organización? —preguntó Valeria, más seria. Adrián tardó unos segundos en responder.
—Una que controla personas, información… poder —dijo Adrián. Valeria sintió un nudo en el estómago.
—No entiendo —dijo Valeria. Adrián se giró hacia ella.
—Mi padre destruye a cualquiera que se interponga en su camino —explicó Adrián —Y cuando descubrió lo nuestro…
Valeria dejó de respirar por un segundo.
—¿Qué hizo? —preguntó Valeria. Adrián bajó la mirada.
—Te investigó —dijo Adrián.
Valeria sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
—¿A mí? —preguntó Valeria.
—A tu familia. A tus amigos, a cada persona que te rodeaba —continuó Adrián. Valeria dio un paso atrás.
—Eso es… enfermizo —murmuró Valeria. Adrián asintió levemente.
—Y cuando entendió que no ibas a desaparecer de mi vida… decidió hacerlo a su manera —dijo Adrián.
El corazón de Valeria comenzó a latir con fuerza.
—¿Qué significa eso? —preguntó Valeria.
Adrián levantó la mirada.
Sus ojos estaban cargados de culpa.
—Que si yo no me alejaba… te iba a destruir —respondió Adrián. El mundo de Valeria se detuvo.
—No… —susurró Valeria.
—Sí —dijo Adrián —Tenía pruebas. Información suficiente para arruinarte la vida.
Valeria negó con la cabeza.
—Eso no tiene sentido —respondió Valeria —Yo no tenía nada que perder.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Te tenía a ti —dijo Adrián. El golpe fue directo.
Valeria sintió que algo dentro de ella se quebraba.
—Entonces… —comenzó Valeria, con la voz temblorosa — ¿Todo este tiempo…?
Adrián cerró los ojos un segundo.
—Me fui para protegerte —respondió Adrián.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Valeria.
—¿Y no podías decirme nada? —preguntó Valeria.
—Si lo hacía, te ponía en más peligro —dijo Adrián.
Valeria rió, pero fue una risa rota.
—Así que decidiste romperme el corazón en lugar de confiar en mí —dijo Valeria.
Adrián dio otro paso.
—Prefería que me odiaras a que estuvieras en peligro —respondió Adrián. Valeria negó lentamente.
—No tienes idea de lo que fue eso para mí —dijo Valeria.
Adrián la miró fijamente.
—Créeme… sí lo sé —respondió Adrián. Valeria lo miró, dolida.
—No, no lo sabes —replicó Valeria — Porque tú elegiste irte.
El silencio cayó, pesado. Irreversible.
—¿Y ahora qué? —preguntó Valeria —¿Por qué vuelves?
Adrián respiró hondo.
—Porque ya no puedo mantenerte al margen —dijo Adrián—Ellos saben que estás aquí.
Valeria sintió el miedo instalarse en su pecho.
—¿Ese hombre…? —preguntó Valeria.
—Trabaja para mi padre —respondió Adrián.
Valeria cerró los ojos un segundo.
—Entonces nunca estuve a salvo —murmuró Valeria.
—Lo estabas… mientras yo estuviera lejos —dijo Adrián.
Valeria lo miró con dolor.
—¿Y ahora? —preguntó Valeria. Adrián no dudó.
—Ahora estás en peligro —respondió Adrián.
El silencio se volvió frío... real.
Valeria respiró profundo.
—Entonces dime algo —dijo Valeria —¿Qué se supone que haga?
Adrián se acercó lentamente.
—Quédate conmigo —dijo Adrián. Valeria soltó una risa incrédula.
—¿Quedarme contigo? —repitió Valeria.
—Es la única forma de protegerte —respondió Adrián.
Valeria lo miró fijamente.
—¿O la única forma de mantenerme cerca? —preguntó Valeria.
Adrián sostuvo su mirada.
—Ambas —respondió Adrián.
El corazón de Valeria dio un vuelco.
—No puedes pedirme eso —dijo Valeria.
—No te lo estoy pidiendo —respondió Adrián —Te estoy diciendo la verdad —Valeria bajó la mirada, confundida,
dolida, atrapada.
—Si me quedo… —susurró Valeria — ¿Esto va a terminar bien?
Adrián no respondió de inmediato, y ese silencio fue suficiente, Valeria levantó la mirada.
—Eso pensé —dijo Valeria. Adrián dio un paso más cerca.
—Pero puedo prometerte algo —dijo Adrián. Valeria lo miró.
—¿Qué? —preguntó Valeria.
Adrián la miró con una intensidad que la desarmó.
—Que esta vez no voy a dejarte ir —respondió Adrián.
El aire entre ellos se volvió denso. Valeria sintió su corazón dividirse en dos.
Una parte quería huir... La otra… quedarse.
—No sé si puedo confiar en ti —dijo Valeria. Adrián levantó la mano y rozó su mejilla.
—Entonces quédate… hasta que lo hagas —susurró Adrián. Valeria cerró los ojos por un segundo.
Sintiendo el peso de todo, del pasado, del presente, del peligro. Cuando volvió a abrirlos, lo miró fijamente.
—Esto no es amor… —murmuró Valeria. Adrián no se apartó.
—Entonces dime por qué sigues aquí —respondió Adrián.
Valeria no supo qué decir, y en ese silencio… Tomó una decisión, una que podía salvarla… O destruirla por completo.




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