Corazones en juego

11. La mujer en las sombras

El salón VIP del hotel estaba casi vacío a esa hora.
Las luces tenues dibujaban reflejos suaves sobre el mármol, y la ciudad brillaba a lo lejos detrás de los ventanales. Sobre la mesa, una copa de vino permanecía intacta. Clara observaba su reflejo en el cristal, perfecta, intocable.
—Así que volviste, Valeria… —murmuró Clara, pasando el dedo por el borde de la copa —Justo cuando todo estaba bajo control —Sus ojos se endurecieron.
Unos pasos suaves rompieron el silencio. Un hombre se detuvo a su lado, sin atreverse a sentarse.
—Ya confirmé lo que pediste —dijo el hombre con cautela.
Clara no lo miró.
—Habla —ordenó Clara, con voz tranquila.
—Adrián la llevó a su penthouse —informó el hombre. Clara apretó ligeramente la copa.
—Claro que lo hizo —respondió Clara con una sonrisa fría—Siempre fue débil cuando se trata de ella —El hombre dudó un instante.
—¿Quiere que intervengamos? —preguntó el hombre.
Clara negó lentamente.
—No… aún no —dijo Clara. Finalmente giró el rostro hacia él. Sus ojos brillaban con algo peligroso.
—Primero vamos a romperla —añadió Clara.
El hombre frunció el ceño.
—¿Cómo? —preguntó el hombre.
Clara dejó la copa sobre la mesa con elegancia.
—Valeria no es el problema —dijo Clara —El problema es lo que siente.
Se puso de pie con calma, alisando su vestido.
—Y eso… es lo más fácil de destruir —continuó Clara. El hombre la observó, atento.
—Prepara un encuentro —ordenó Clara.
—¿Entre ellos? —preguntó el hombre.
Clara sonrió con sutileza.
—No —respondió Clara —Entre ella… y la verdad —El hombre frunció el ceño, confundido.
—Quiero que Valeria vea lo que yo quiera que vea —explicó Clara —Que escuche lo que la haga dudar —Se detuvo frente a él.
—Que crea que Adrián nunca dejó de ser mío —añadió Clara. El hombre asintió lentamente.
—Entiendo —dijo el hombre. Clara lo miró fijamente.
—No quiero que se aleje por miedo —continuó Clara — Quiero que se aleje por decisión propia.
—Eso será más difícil —advirtió el hombre. Clara dejó escapar una risa baja.
—No —respondió Clara —Porque las mujeres como ella… —Tomó su abrigo con elegancia —Siempre eligen irse cuando creen que no son suficientes —finalizó Clara.
El silencio se instaló un segundo.
—¿Y Adrián? —preguntó el hombre. Clara se detuvo en seco. Su expresión cambió apenas.
—Adrián… —repitió Clara en voz baja. Luego sonrió con seguridad.
—Él volverá —dijo Clara —Siempre lo hace —El hombre no respondió.
Clara caminó hacia la salida, pero antes de irse, añadió:
—Y cuando lo haga… —dijo Clara —Valeria ya no estará en el camino —Se colocó las gafas con elegancia.
—Porque yo misma me encargaré de borrarla de su historia —concluyó Clara. Y sin mirar atrás… Desapareció en la noche.




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