Mientras Clara tejía su plan con precisión casi quirúrgica, convencida de que podía borrar a Valeria de la vida de Adrián como si nunca hubiera existido…
En otro extremo de la ciudad, todo parecía peligrosamente tranquilo.
La residencia de la familia Velasco se alzaba imponente, envuelta en un silencio elegante que ocultaba más de lo que mostraba. Cada rincón estaba perfectamente ordenado, cada detalle cuidado… como si el caos no tuviera permitido entrar allí.
En el salón principal, una mujer servía té con movimientos delicados, la madre de Adrián.
Su porte era impecable. Su expresión, serena. Pero sus ojos… esos ojos revelaban a alguien que había aprendido a observar en silencio.
—¿Adrián llegó tarde otra vez? —preguntó la madre de Adrián, sin levantar la mirada de la taza.
La empleada asintió suavemente.
—Sí, señora —respondió la empleada —No avisó si regresará esta noche —La mujer dejó la tetera con cuidado.
—Últimamente está… distante —murmuró la madre de Adrián. La empleada dudó un segundo antes de hablar.
—El señor ha estado… más inquieto de lo normal —añadió la empleada. La madre de Adrián elevó la mirada.
—¿Inquieto? —repitió la madre de Adrián.
—Sí —respondió la empleada —Como si algo lo preocupara —La mujer guardó silencio, pensativa.
—Adrián no se inquieta por cosas pequeñas —dijo finalmente la madre de Adrián —Si algo lo alteró… es importante —La empleada bajó la mirada.
—¿Desea que investigue algo, señora? —preguntó la empleada. La madre de Adrián negó lentamente.
—No… —respondió la madre de Adrián —Aún no.
Tomó la taza de té con elegancia.
—Mi hijo siempre ha sido reservado —continuó la madre de Adrián —Pero cuando algo logra romper su control…
Se detuvo. Sus dedos se tensaron apenas alrededor de la taza.
—Suele ser peligroso —enfatizó la mujer. El silencio volvió a llenar la habitación. Pero no duró mucho.
Un hombre apareció en la entrada del salón.
Su presencia cambió el ambiente de inmediato, frío, imponente, autoritario. El padre de Adrián.
—Sigues analizando a nuestro hijo como si fuera un extraño —dijo el padre de Adrián, con voz grave. La mujer no se sobresaltó. Ni siquiera se giró de inmediato.
—A veces lo es —respondió la madre de Adrián, con calma.
El hombre avanzó unos pasos.
—Adrián está cometiendo errores —dijo el padre de Adrián. La madre alzó la mirada.
—¿Errores… o decisiones? —preguntó la madre de Adrián.
El hombre la observó fijamente.
—Lo mismo, en su caso —respondió el padre de Adrián.
La tensión entre ambos era palpable.
—¿Qué hizo ahora? —preguntó la madre de Adrián.
El padre de Adrián no dudó.
—Volvió a verla —dijo el padre de Adrián.
El silencio se rompió en mil pedazos.
La taza en la mano de la mujer tembló apenas.
—¿A quién? —preguntó la madre de Adrián, aunque en el fondo ya sabía la respuesta.
El hombre la miró con frialdad.
—A la chica —respondió el padre de Adrián —Valeria —El nombre cayó como una bomba.
La madre de Adrián dejó la taza lentamente sobre la mesa.
—Pensé que ese capítulo estaba cerrado —dijo la madre de Adrián.
—También yo —respondió el padre. La mujer lo observó con atención.
—Pero no lo está —murmuró la madre de Adrián. El hombre negó con dureza.
—Y no voy a permitir que vuelva a ser un problema —dijo el padre de Adrián. La madre entrecerró los ojos.
—¿Qué hiciste? —preguntó la madre de Adrián.
El hombre sonrió levemente. Una sonrisa sin emoción.
—Lo necesario —respondió el padre de Adrián.
El aire se volvió más frío.
—Esa chica no es una amenaza —dijo la madre de Adrián.
El hombre la miró fijamente.
—Lo es para él —respondió el padre de Adrián —Y eso es suficiente.
La mujer guardó silencio unos segundos.
—Adrián no te lo va a perdonar —advirtió la madre de Adrián.
El hombre se acercó un poco más.
—No necesito su perdón —dijo el padre de Adrián — Necesito su control —El silencio volvió pesado, oscuro.
—¿Y si esta vez no puedes controlarlo? —preguntó la madre de Adrián. El hombre no respondió de inmediato.
Pero su mirada lo dijo todo.
—Entonces… —dijo finalmente el padre de Adrián — Tendré que eliminar el problema desde la raíz.
La madre de Adrián sintió un escalofrío.
—No te atreverías —dijo la madre de Adrián. El hombre sostuvo su mirada.
—Ya lo hice una vez —respondió el padre de Adrián.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Como una amenaza, como una verdad que nunca fue dicha en voz alta.
Y en ese instante… Todo encajó, la separación, el silencio, el dolor.
Pero también algo más. Algo que aún no había terminado.
Porque esta vez… Valeria no estaba sola.
Y Adrián tampoco estaba dispuesto a perderla otra vez.
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¿Crees que Adrián hizo lo correcto al alejar a Valeria para protegerla… o nunca tuvo derecho a decidir por ella?
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Editado: 28.04.2026