Corazones Estrellados

Prólogo

Cuando mi familia, amigos y profesores me convencieron de ir a la Universidad de Oxford, jamás me imaginé la de cosas que viviría allí. Mucho menos lo distinto que sería vivir fuera de casa, sin mi familia...

Siempre fui independiente en la escuela, pero vivir en otro país a tantos kilómetros, quizás era demasiado, pero, siendo sincera, lo había soñado desde que tengo uso de razón.

Además, mi primo Samuel me había hablado muy bien sobre ese sitio, y era mi oportunidad de encontrarme a mí misma. Había cumplido los dieciocho justo dos días antes de irme, así que mis padres insistieron en organizarme una puesta de largo, pero yo quise que fuera algo más pequeño.

Era raro ver a tanta gente desconocida con la que no me relacionaba a penas, solo por cumplir dieciocho y me alegra saber que es así. Mis padres siempre han respetado cada decisión que he tomado.

Si supieran las atrocidades que cometería en un futuro no muy lejano, ni siquiera me reconocerían.

Pero en ese momento, era bastante inocente y era capaz de cualquier cosa con tal de obtener los resultados que quería en mi vida. Quería experimentar, y quería saber que se sentía al vivir sola. Al tener un novio en la universidad...

Dicen que la experiencia es bastante confusa, estable, y agradable al mismo tiempo que alocada.

Ojalá que tan sólo llegue a encontrarme a mí misma, antes de encontrar a la persona con la que compartir el resto de mi vida.

-¿Preparada, cariño? -me preguntó mama desde el asiento que lleva el volante. Asentí y la miré con admiración cada diminuto detalle su rostro, quedaría grabado en mi memoria hasta que la volviera a ver.

-Mamá, ¿seguro que a Samuel no le importa que me quede en su casa? -pregunté por duodécima vez en lo que llevamos de trayecto.

-Abby, no me hagas repetir las cosas tantas veces. Tu primo estaba encantado cuando se lo comenté, de lo contrario no estarías a punto de coger un vuelo hacia la otra punta del mundo.

-Ya. Igualmente estas exagerando, Inglaterra sigue siendo parte de Europa. No voy a Estados Unidos.

-Estaremos en contacto, no olvides llamarme, escribirme y ponerme al día en cuanto llegues y todos los días, ¿vale? -asiento y observo como se desprenden lágrimas por su mejilla. Se las limpia con destreza. Y me abraza
- Cuídate, ¿sí?

-Por supuesto, mamá, cuando vuelva te voy a traer la ropa de marca tan chula que hay en Inglaterra -me despedido de ella con la mano y camino hacia el aeropuerto.

Me doy la vuelta una vez más y veo que me dedica una sonrisa alentadora mientras lentamente disminuye sus pasos y yo avanzo mis pasos hasta llegar al aeropuerto.

Me siento a esperar en un banco y dejo mi maleta a un lado, mientras observo a las demás personas de pie, en concreto, hay un hombre haciendo malabares con tres naranjas. Suelto una pequeña risita disimulada. ¿Quién rayos en su sano juicio se pone a hacer malabares en medio de un aeropuerto?

Yo desde luego no, pero, admiro a la gente que hace esas cosas sin pudor alguno a hacer el ridículo o a que se te queden mirando y te den limosna por pena o a vete tu a saber...

Escucho a través del megáfono a una mujer anunciando que el avión directo a Londres está a punto de despegar. Acelero mis pasos y una vez que llego allí se abren las puertas y entro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.