
Cuando salí del ala de enfermería, envié el informe de mi lesión a Ashley, la secretaria de mi tío Marck. Necesitaba que tramitara el justificante para ausentarme de las clases y los entrenamientos durante los próximos cinco días. Ella me aseguró que se lo entregaría en cuanto regresara de la reunión que tenía con el sindicato del personal docente y administrativo.
Después avancé como pude hasta la zona ajardinada de la facultad de Cinematografía y acabé sentada en una de las mesas exteriores del comedor, con el pie inmovilizado y el móvil vibrando sin parar entre mis manos.
Había pasado poco más de una hora desde el accidente y ya circulaban varios vídeos de Ithiel y de mí. En unos intentaba llevarme a enfermería mientras yo evitaba que me tocara; en otros habían recortado la grabación para que él pareciera un novio ejemplar y yo una cría montando un numerito.
Abrí los comentarios, aun sabiendo que no debía. Me llamaban desagradecida, dramática e infantil. Incluso alguno aseguraba que necesitaba que un hombre me «pusiera en mi sitio». Los seguidores más fanáticos de Ithiel podían ser bastante gilipollas: él nunca se equivocaba y, si discutíamos, la culpable siempre era yo.
Puse los ojos en blanco y cerré las redes antes de acabar mandando a alguien a la mierda y darle más trabajo a Faby.
Después busqué el contacto de mi nana Paty y la llamé.
—¿Cory? ¿No se supone que deberías estar en clase?
Apreté los labios, aunque ella no pudiera verme.
—Buenos días a ti también, nani.
—No me vengas con esas. ¿Ha pasado algo? Y ni se te ocurra decirme que no, porque ya he visto los vídeos que circulan de ti y de ese chico Hale.
Se me escapó una sonrisa. Paty no se perdía un solo cotilleo relacionado conmigo. Según ella, era su forma de estar pendiente; según mis hermanas, era una maruja con acceso a internet.
—No te preocupes. Solo he tenido un pequeño accidente durante el entrenamiento.
—¿Cómo que un accidente, criatura?
La preocupación endureció su voz.
—Nada grave.
—Cory.
—De verdad.
—¿Me estás mintiendo? Porque como me estés mintiendo, llamo ahora mismo a tu madre y le digo que te castigue por embustera, aunque ya tengas edad para hacer todas las tonterías que te dé la gana.
Solté una risa.
—Sabes que a ti no te mentiría jamás. Estaba un poco ida, hice mal un salto mortal y caí como el culo.
—Pues por algo lo llaman mortal —sentenció.
—Gracias por tu sensibilidad.
—Ay, mi niña, no te hagas la graciosa. ¿Qué te han dicho?
Me acomodé con cuidado para no apoyar el pie.
—Que guarde reposo y no entrene durante unos días. Me han inmovilizado el tobillo, pero no está roto.
Paty soltó el aire con fuerza.
—Menudo susto. ¿Y qué necesitas que haga, cielo?
—¿Puedes decirle a Bradley que venga a por mí? Estoy en el comedor exterior de la zona ajardinada de Cinematografía.
Me pidió que esperara en línea y enseguida la oí llamar a Bradley desde algún punto de la casa. También escuché cómo le decía que dejara el desayuno y saliera cuanto antes.
La culpa me pellizcó el estómago. Bradley se pasaba la vida pendiente de mí: me llevaba, me recogía, esperaba fuera de los entrenamientos y aparecía en cuanto tenía un problema. Rara vez se tomaba un descanso, y saber que estaba dejando la comida a medias por mi culpa me hizo sentir como una imbécil.
—Nani, dile que termine de desayunar. Puedo pedir un Uber.
—¿Pero tú te estás oyendo? ¿Cómo voy a dejar que te metas en un coche con un desconocido estando lesionada?
—Miles de personas lo hacen todos los días.
—Pues tú no. Bradley ya ha salido. Te quedas ahí sentadita, no te mueves ni para ir al baño y en veinte minutos estás en casa.
—Paty...
—Ni Paty ni leches, Kassie. Hazme caso por una vez.
No discutí. Cuando se ponía en modo nana estricta y protectora, no había ser humano capaz de hacerla entrar en razón.
Patricia Monreau llevaba en mi vida desde que tenía uso de razón. Era la mejor amiga de mi madre y una de las mujeres más nobles que conocía. Perdió a su marido dos años después de haberse casado, debido a un altercado del que ella nunca hablaba mucho; eso sí, a pesar de los años y lo joven que era, nunca volvió a casarse.
Patty decía que, cuando dos personas se aman de verdad, ni siquiera la muerte misma es capaz de romper un vínculo tan fuerte como aquel. Y quizás su historia era trágica, pero dentro de sus matices tristes también había belleza; porque, a pesar de todo, Patty sobrevivió a una pérdida tan devastadora y, aun así, sabía cómo iluminar a las personas a su alrededor con una sonrisa o un abrazo.
El rugido de un motor me devolvió a la realidad.
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Editado: 26.09.2026